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domingo, octubre 31, 2010

Discreción

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A menudo les he contado aquí anécdotas tan extravagantes que pareciera ser que me las invento. No es así; con la mano en el corazón les aseguro que todo lo que les he platicado sucedió en realidad; si acaso pudiéramos contar como excepción única el sueño aquel que se me ocurrió transcribirles por ocasión especial.

Pero lo que tengo que platicarles hoy, con todo lo realista que pueda sonar, es otro sueño, como lo pondrá rápidamente en evidencia cierto amiguito imaginario que aparece por ahí. Me impresionó lo suficiente como para querer compartirlo con ustedes.

No sé por qué me vendrían a la cabeza las ideas que pudieran componer un sueño como éste. Será que los eventos que organiza mi nueva universidad (y de los que forma parte una servidora en plan multiusos) me tienen un poco nerviosa. Hasta ahora, nada ha salido mal, pero la mera posibilidad de que un detalle, el más mínimo, quedara menos que satisfactorio, me inquieta, y me ha revivido un viejo dolor de cabeza que en el pasado era costumbre y emisario de algo peor por venir, y que me acompaña hasta cuando duermo.

Total, que soñé que me encontraba en uno de esos eventos, pero mucho más grande que todo lo que hemos armado hasta ahora. No estábamos en la universidad, sino en una estructura vieja que me recordaba, por alguna razón, la casa de mi abuelita. Había por todas partes exhibiciones de arte; y un taller de marionetas, y numerosas pantallas donde se proyectaban cortos y películas; también había salones con conferencias (no reconocí a ninguno de los ponentes, tampoco) y lo primero que me llamó la atención fue que la mayoría estaban en inglés y no contaban con intérpretes.

“Esto va a ser un problema”, me acuerdo que pensé. “No todos los estudiantes entienden bien el inglés”. Entonces miré a mi alrededor. Entre los jóvenes que iban y venían no había ninguno de mis alumnos, ni de otros que he comenzado a tratar y a saludar. No sé por qué estaba tan segura de que aquello era mi escuela.

Yo misma estaba, como dijo Macbeth, mingling with society (confundiéndome con la multitud): llevaba mis pantalones de mezclilla rotos y mi playera viejita de Final Fantasy VII que hace como veinte mil años que no me pongo. Me encontraba contemplando el taller de marionetas (hermosísimas y muy coloridas, por cierto) cuando me dio la impresión de que una de ellas bajaba del escenario y se me acercaba. No se trataba de un títere, pero por lo relativamente bajito (apenas me sacaba una palma), delgado, y las facciones tan finas daba la impresión de serlo. Lo reconocí de inmediato:

- Uhhh... ¿Cloud? ¿Cloud Strife?

Él frunció el ceño, y con extrañeza señaló una imagen de sí mismo, más joven y estilizado, que decoraba mi playera.

- Sí, sí eres tú. Te conozco desde el 97, cariño -. Lo de “cariño” se lo aplico a cualquier persona más joven que yo por quien siento alguna clase de afecto paternal (conste que dije “paternal”, no “maternal”). Pero explíquenselo ustedes a los aludidos. A él la palabrita pareció confundirlo más todavía.

- Ayúdame a esconderme, por favor - me dijo. No me preguntó quién era, ni dio señales de reconocerme, como a veces sucede cuando sueño con personajes de videojuegos o libros con quienes he soñado anteriormente.

En una esquina abandonada del edificio había dos enormes tinajas de barro. Le pedí a señas que me siguiera y le indiqué que se metiera en una.

- ¿De quién te escondes? - le pregunté. Él sacudió la cabeza y desapareció en la vasija.

Cuando me di la vuelta, alguien se tropezó conmigo. Era una chica que intentaba mover un exhibidor de mercancía.

- ¿Me ayudas? - dijo. Sí, me estaba tuteando. Puedo pasar por estudiante cuando me disfrazo de tal. Tomé el mueble del extremo contrario y lo desplazamos entre las dos. Hicimos lo mismo con otro. Y otro más. Después, la muchachita se detuvo, frunció la nariz y, así de sopetón, me soltó:

- Hueles mal.

- ¿Uhhhhh? - tanto me sacó de onda el comentario que no supe qué más decir.

- Que hueles mal - repitió ella. Instintivamente me llevé a la nariz mi playera; en efecto, olía un poco a humedad.

- Es que esta playera le he tenido guardada mucho tiempo -quise excusarme -. Pero es pura humedad.

- Igual, hueles muy mal - insistió la chica, y de pronto me puse a pensar en mi casa llena de gatos, e impregnada, me dicen, de un olor que ya no alcanzo a percibir.

No sé si en la vida real hubiera actuado como lo hice aquí. De pronto me puse a examinar a la niña, y como por primera vez me di cuenta de que tenía ojillos de rata, pequeños y hundidos bajo cejas muy pobladas; bajo la boca, fruncida como herida mal cicatrizada, asomaban dientes chuecos y por arriba se percibía un bigotillo incipiente; la barbilla, arrogante y todo, no dejaba de estar casi cubierta por unos mofletes gordos, caídos y picados de acné. Por encima de mi dolor de cabeza me acordé de una frase que hiciera famosa Winston Churchill.

- Bueno - comencé a parafrasear -, pues tú estás muy fea. A mí el mal olor se me quita con un baño.

La niña abrió la boca; dos segundos después la cerró con fuerza. Los ojillos de rata se le humedecieron. Dejó caer el extremo del mueble que sostenía y se alejó a la carrera.

Qué remedio, suspiré. Decidí dejar el mueble donde estaba y me acerqué de nuevo a las tinajas. Di un par de golpecitos con los nudillos, y el joven que ahí se escondía asomó su erizada cabecita rubia.

- ¿Ya se fue? - me preguntó.

- ¿Quién? -. Él sacudió de nuevo la cabeza, esta vez con dirección al taller de marionetas, puso cara de exasperación, y de un salto se mudó a la segunda tinaja.

Cuando intentaba localizar a quién fuera que se estuviera refiriendo, sentí que me ponían un dedo en el hombro. Di la vuelta. Me encaraba otra chica, alta y algo fornida, de pelo rojizo y corto, que llevaba una boina militar y en las manos un papel enrollado. Como a la otra, tampoco la había visto en mi vida.

-¿Tú estás con el grupo A? - me espetó.

- Sí, y también con el B - le respondí, esperando darme a conocer, ahora sí, como maestra. Ella no pareció captar el mensaje.

- Pero no eres representante de grupo.

- No, de hecho.

- Yo sí soy representante - medio bufó la chica -. Y tú insultaste a una de mis compañeras.

Mi dolor de cabeza se intensificaba por momentos.

- Porque fue muy grosera - expliqué -. ¿Qué más podía hacer?

La chica entrecerró los ojos. Cuando volvió a hablar, su voz sonó mucho más grave.

- Pudiste haberte quedado callada - dijo, despacio -. Mira, tú eres mayor que ella. Se nota que sabes más. La puedes aplastar con una palabra.

Como una moneda pequeña pero arrojada de una gran altura me cayó en la mente un viejo dicho inglés: “Una cucharada de discreción vale lo que una tonelada de agudeza mental”. Cuando tenía entre doce y veinte años me sentía hasta orgullosa de mi agudeza, y la empleaba indiscriminadamente. Después, no he dejado de lamentar las veces que meto la pata con ella. La que aquí había utilizado no era mía sino de Churchill, pero, ¿no daba igual?

La actitud sabia y antigua (como proverbio inglés) de la muchacha no duró más que el tiempo en el que me dijo lo anterior. Después, volvió a su agresivo tono anterior. - Te aprovechaste de mi compañera.

Entonces desenrolló su papel. En él había, aunque garabateada y coloreada a la prisa, una muy buena caricatura mía estilo anime; se me podía reconocer, a pesar de que tenía la boca abierta y vomitaba sapos, culebras, signos raros y quién sabe qué tanta más basura. El dibujo tenía además un globo de diálogo que no leí por andarme fijando en los detalles del vómito.

- ¿Cómo te llamas? - me chilló la chica.

Le dije mi nombre, y antes de que le pudiera aclarar que era maestra de la Universidad, ella sacó un lápiz y, apoyada en una mano, lo escribió en el globo. Luego me entregó el dibujo con aire de triunfo.

- Ahí tienes.

En el globo se leía: “Me llamo (aquí mi nombre en mayúsculas mal hechas) y soy incapaz de quedarme callada”.

- Está muy bonito - dije, sin mentir -. Lo voy a colgar en mi cuarto.

Eso es lo que te mereces - replicó la chica; me dio la espalda y se marchó sin prisas. ¿De pura casualidad había escuchado algo, cualquier cosa, de lo que le había dicho?

Entonces pensé: Jamás le dije que soy maestra. Si alguna vez me toca clase con cualquiera de estas dos muchachitas, vamos a estar en dificultades.

Alguien me tocó la mano que había puesto, al descuido, en una de las tinajas de barro. Un toquecito muy corto; amistoso, incluso, como lo percibí. Cloud me estaba viendo a los ojos ahora, con una chispa de reconocimiento en la mirada y una media sonrisa que es lo más que puede llegar a producir.

- Hey - le dije.

- Hey - me respondió -. Ya me acordé de ti.

Claro, pensé; si debemos de habernos visto en sueños por allá en el 97, o en el 98, cuando repetí el juego. El juego... en sueños... Y hasta entonces caí en la cuenta de que eso debía ser un sueño también. Si no, ¿qué estaba haciendo yo ahí, hablando con Cloud Strife, un personaje de videojuegos?

Si esto es un sueño, magnífico; recuerdo que seguí meditando. Significa que puedo ir ahora mismo a ahorcar a esas dos señoritas y que no pasará nada. Otro toquecito en la mano me sacó de los pensamientos malignos.

- Cloud - pregunté - ¿Te parece que mi playera huele mal?

Él se encogió de hombros.

- Es que estoy resfriado - contestó.

- ¿Y ya me puedes decir de quién estás huyendo?

Para mi enorme frustración, fue en ese preciso momento cuando sonó el despertador.

jueves, agosto 19, 2010

Reseña de libro: Krabat y el molino del diablo

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Krabat y el molino del diablo
Ottfried Preussler
Editorial Noguer (por lo pronto, PDF)


Lo bueno: Aunque está cortito y se supone que es fantasía juvenil, es un libro sorprendentemente maduro y profundo.

Lo malo: El final demasiado abrupto.

Lo interesante: La adaptación a película que le hicieron en 2008 está por estrenarse, si es que no lo hizo ya (no la he visto en los cines de Guadalajara) en México.


Calificación: * * * * *

Antes de la reseña en sí, empecemos con un tema incómodo: el de la piratería. Sí, es un mal detestable, que afecta a los creadores intelectuales (y un poquito más a los distribuidores). Un pecado del que, con toda la vergüenza del mundo, me reconozco más que culpable. En mi defensa, sin embargo, quisiera decir que a veces es un mal necesario.

Decidí volverme pirata a los doce años, cuando presencié, en un noticiero de televisión, lo que los videoclubes mexicanos le hacían a sus películas que “no se rentaban con suficiente frecuencia” o que “no cumplían ya con los estándares de calidad establecidos”. Centenares de videos vhs y beta se alineaban en una calle, y después una aplanadora les pasaba por encima. Esa imagen me dejó tan traumatizada (sobre todo después de pensar en películas que me gustaba rentar una y otra vez que de repente ya no estaban disponibles en mi videoclub más cercano) que decidí que no me tocaría la conciencia para copiar y preservar verdaderas joyas o curiosidades que tarde o temprano correrían ese triste destino.

(Años después, los videoclubes mexicanos tomaron la decisión, muchísimo más sensata, de vender a precios bajos esas películas de desecho. La mayor parte de nuestra amplia videoteca se consiguió de esa forma).

La piratería no se volvió mi estilo de vida, pero sí la de conseguir material que, de otra forma, sería inaccesible, ya sea por precio o por distancia. No la tengo por costumbre , pero no dudo en echar mano de ella si es la ÚNICA manera de ver, escuchar o leer algo (en cuanto a videojuegos, sí llegamos a comprar varios que hemos ido reemplazando poco a poco por sus originales; lo único pirata que conservamos es el título basado en el estupendo musical setentero The War of the Worlds, de Jeff Wayne, sobre la obra de H.G. Wells; prefiero comprar todo de saldos o de usados).

La proliferación de material descargable por internet ha empeorado (o mejorado las cosas). No de otra forma conseguí ver The Secret of Kells, una película animada irlandesa que es una maravilla que no sé por qué carambas no se ha pasado en México, y de la que les hablé hace un tiempo. También así vi Krabat, película alemana de fantasía que en un principio me pareció muy extraña y oscura. Pero apenas la terminé, supe que tenía que leer el libro en el que estaba basada. Como fuera.

Me lancé a buscar la novelita en mis sitios hablituales de libros, primero traducida al inglés (me enteré que le habían puesto The Satanic Mill y que la había publicado Macmillan). Vean nada más el precio en Amazon. Luego supe que la habían publicado en español por allá en 1991. Nada. Nada de nada. Pero buscando, buscando y buscando, di finalmente con ella. Sólo que en un medio que no era legal, ni mucho menos.

Bueno, la leí. Y que me lapiden por ello. Poco después de terminarla, supe que se reeditó en 2009, supongo que por la novedad de la película. Así que en cuanto se presente la menor oportunidad, voy a comprar esa novela.

(Mi trauma particular con los libros es un poco diferente al de las películas; viene de una Feria del Libro de Guadalajara en la que un editor catalán, cuando le pregunté sobre la falta de novedades de editoriales españolas en México, me confesó “es que nosotros editamos más de lo que leemos, y lo que mandamos a Latinoamérica es todo lo que no se vende”. Sin comentarios).

Así pues, si al final de este texto se quedan con ganas, hagan click en el link de abajo. Les aseguro que no los incitaría al pecado de no estar segura de que éste vale la pena. Pero si el libro les gusta y tienen alguna oportunidad, les pido que también se animen a comprarlo.

Ahora sí, la reseña:

Krabat es un chico mendigo que, por varias noches, escucha en sueños una voz que lo llama por su nombre y le ordena presentarse en un molino cerca de la aldea de Schwarzkolm. Krabat obedece, y en el molino (un sitio siniestro, alimentado por un lago negro donde flota una perpetua neblina) lo recibe un individuo que se hace llamar “el maestro”. El maestro le pregunta a Krabat que si quiere ser su aprendiz, y cuando éste responde que sí, le indica: “¿Quieres ser molinero, o también lo demás?” Es el primero de varios misterios que el chico tendrá que ir descubriendo.

En el molino ya hay otros once aprendices; por alguna razón se necesita que sean doce para que las ruedas y los engranes funcionen. Todos los días, Krabat y sus compañeros muelen grandes cantidades de trigo, y cebada. Pero no hay nadie que se lleve la harina, nadie que les lleve qué moler. Parecería que la harina que se ha conseguido durante el día volviera a transformarse en grano durante la noche. Hay un juego de ruedas que no se utiliza más que en las noches de luna nueva, cuando el único cliente del molino (“el compadre”, un individuo encapuchado al pescante de un carruaje de caballos negros que se mueve sin hacer ruido ni dejar huellas) les lleva su carga; al día siguiente, Krabat descubre entre los restos de estas ruedas dientes y huesos humanos.

Se trabaja todos los días, menos los viernes. Es en ese día de la semana cuando el maestro reúne a todos sus discípulos en torno a un enorme libro, los convierte en cuervos y les pide que memoricen pasajes de lo que les va leyendo ahí.

El molino no es sino una cubierta para el verdadero propósito del lugar: una escuela de magia negra, arte en el que el talentoso Krabat alcanza, muy pronto, a sus compañeros más experimentados. Los jóvenes del molino le han jurado lealtad al maestro porque quieren aprender; se transforman en animales, hacen truquillos de ilusionista; cuando el maestro está ausente, hacen vagancia y media. Pero su vida aparentemente divertida tiene un lado muy oscuro: la magia le da a uno poder sobre las personas, y el poder puede ser muy adictivo. Y lo más horrible de todo, como muy pronto descubrirá Krabat, no es que el poder tiene un precio, sino que hay quien está dispuesto a pagarlo.

Esta novelita, de 1971, podría verse como otro antecesor (sí, OTRO más) de Harry Potter, si no fuera porque sus raíces son más antiguas, y se nota. Su autor, Ottfried Preussler, la basó en una serie de historias tradicionales de Lusacia (una región alemana que colinda con Polonia y la República Checa). Sin embargo, con todo y su saborcito legendario, conserva el estilo de la fantasía contemporánea, y maneja temas peligrosos (la pubertad, la muerte, la lealtad a los amigos y hasta la atracción por el mal) con una dureza que espantaría a una mamá fan de Rowling.

Los escritores alemanes (me vienen a la memoria, por el momento, los nombres de Michael Ende y Christine Nöstlinger; ya platicaremos después de una notabilísima excepción llamada Cornelia Funke) son campeones en cuanto a escribir libros para niños que los adultos pueden disfrutar perfectamente. Me gustaría leer más de Ottfried Preussler; por lo pronto, sólo puedo concluír que muy pocas veces encuentra uno, en un libro tan cortito y sencillo, tanta riqueza de pensamiento.

De Krabat se han hecho, que yo sepa, dos adaptaciones al cine: La primera es El aprendiz del hechicero, del extraordinario animador checo Karel Zeman; se puede encontrar en su totalidad (subtitulada en inglés) en youtube. La segunda, de Marco Kreuzpaintner, se estrenó en Europa entre el año antepasado y el pasado, y con un poco de suerte la podremos pescar en algún cine mexicano (brrrrr... espero no habérmela perdido ya). Para ver el avance con subtítulos en español, hagan click aquí.

Y ahora sí... el que esté libre de pecado, que visite el siguiente link y se una al club (visiten la dirección recomendada por la usuaria Úrsula).

Recomendaciones: Para chicos, como una opción saludable a Harry Potter; para lectores de fantasía de todas las edades; para amantes de la literatura europea menos pomposa.

Abstenerse: Si su etapa lectora no ha superado a Stephenie Meyer.

viernes, mayo 21, 2010

Tweet, tweet...

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Como ya les platicaba, hace un tiempo me fui detrás de mi Capitán a una red social, Facebook para ser exactos; comencé mal, continué bien, y ahorita tengo ese espacio muy abandonado (más que esta casa de ustedes, y eso es decir bastante). Más tarde, seguí a mi amigo P.S. a otra de esas redes, formspring.me. Con ésta me sentí mucho mejor; la parte mía que es maestra disfruta responder preguntas, incluso las más extravagantes. Finalmente, hace algunas semanas, cuando me encontraba sola, convaleciente de una infección intestinal inconvenientísima y alejada por varios cientos de kilómetros de mi Capitán (ajap, a veces pasamos separados las vacaciones y eso sirve para darnos cuenta de que, incluso después de casi veinte años, nos seguimos extrañando), decidí activar una cuenta en Twitter, donde él, ya sé, se la pasa cuando no tiene nada que hacer, o cuando ha hecho algo interesante; ambas situaciones le ocurren con más frecuencia que a mí.

No, no me lo encontré ahí esa misma noche. ¿Y después? Ay, Dios. Y yo que creía que Facebook era una una pesadilla.

Con todo y los nervios infundados que me sigue causando, en Facebook he podido encontrar a mucha gente querida a la que por angas o mangas le había perdido el contacto; me ha servido también para comunicaciones rápidas y recados. He dejado de frecuentarlo porque me ponía nerviosa ver la cantidad de mensajes que podían generarse en veinticuatro horas o menos y no poder responder a todos; decirle a mis amigos que comparto sus felicidades y tristezas, que quiero ayudar cuando se pueda, pero que ni de loca me atrevería a pedir ayuda por el medio... y que detesto leer conversaciones ajenas. Mi formspring.me no se satura tanto, hasta eso; se va relativamente tranquilo, y los asuntos personales permanecen fuera.

Pero ni bien lancé mi primer twitteo (preguntándome qué rayos estaba haciendo ahí), me di cuenta de algo espantoso: las manos se me congelaban en el teclado. Con frecuencia durante el día se me venían a la cabeza ocurrencias ingeniosas o interesantes; el sólo hecho de poderlas compartir me bloqueaba, y de una manera tan fría y poderosa que jamás experimenté en los tiempos antes de que se inventara el internet. ¿Pero qué voy a poner en tres líneas?, me dije. ¿Eso de qué le sirve o le interesa a los demás? Podría funcionar como desahogo, para variar, pensé. Y después: no; la regla de oro es que jamás hay que poner en Twitter algo de lo que no quiera uno que se entere su jefe, su familia o sus amigos. Bueno, entonces, ¿de qué carambas voy a twittear? No soy periodista, no tengo una vida interesante. ¿Me conformaré con comentar a los demás? ¿Con espiar al capitán, porque de eso se trataba, y ver sus desquiciados pero chistosísimos fotomontajes? Nada. Nada.

El Facebook me superó; el Twitter me hace sentir idiota porque me quedo callada cuando todo el mundo alrededor dice cosas inteligentes. Unas noches atrás le comenté al Capitán:

- ¿Qué hace uno si descubre que las redes sociales lo hacen infeliz?

El Capitán, que es muy dado a las soluciones rápidas y radicales, inmediatamente me sugirió que clausurara mi Facebook, que le diera cortón al Twitter y hasta que me deshiciera del formspring.me; todo esa misma noche. Yo esperaba que discutiéramos un poco el asunto o algo así (¿cerrar el Facebook? ¿Y perderle la pista a todas las personas que me ha dado gusto reencontrar?); en vano. Así que por lo pronto seguimos igual; un espacio en Facebook que no utilizo sino para urgencias, y uno en Twitter en el que las más de las veces permanezco callada; a lo mucho, transmito sentimientos y noticias en forma de clave con letras de canciones o algo así. Ya tendré un empleo y una vida más interesante que haga que los mensajes breves y momentáneos valgan la pena. Por ahora, sigo prefiriendo el blogger.

martes, febrero 02, 2010

Oscar



Me dio mucho gusto, cuando se dieron los nombres de las películas nominadas al Oscar este año, encontrarme con que en la categoría de “mejor película” se encuentran dos de ciencia ficción, Distrito 9 y Avatar. Hasta hace unos pocos años, bastaba con que una película fuera de corte fantástico para que de inmediato se le considerara un asunto poco serio y que se la relegara, si había calidad, a las ternas de efectos especiales y por el estilo.

Recuerdo que en su tiempo La Guerra de las Galaxias también compitió para mejor película; la diferencia es que esta vez sí creo que Avatar, con todo y que no es la gran maravilla, podría llegar a llevárselo. No tengo a los Oscar en tan alta estima (vamos, si fueron premios que le dieron a Titanic, y a El silencio de los inocentes), pero los tomo como termómetro de popularidad; es buena señal que la gente comience a poner las películas de mis géneros preferidos a la misma altura que los otros; los años ochenta, que todavía tienen los mejores filmes de esta clase, nunca vieron algo así.

Pero otra cosa que me encanta de los Oscar es que de algún modo garantizan que una película se pueda estrenar en México, y lo que más feliz me ha hecho es que está nominada como mejor animación una película irlandesa bellísima, The Secret of Kells, que ya lleva un tiempo en Europa y que Amiba me hizo el favor de conseguirme. Aquí está un link al corto promocional en youtube. Aunque como se ven las cosas, lo más probable es que pierda contra Up.

¡Me muero por verla en pantalla grande! Aunque ya me imagino... cuando la traigan por acá de seguro le pondrán doblaje de estrellitas de la TV, como han hecho últimamente... imagínense, el único personaje femenino (que por cierto, tiene un nombre precioso, ¿no creen?) con la voz de Danna Paola o alguna aberración semejante. Sigh.

lunes, septiembre 28, 2009

Tu cambio

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Hará ya unos tres meses, varias editoriales y librerías de México lanzaron una campaña que llamaron Ten tu cambio, en apoyo a la Fundación Mexicana de Fomento a la Lectura.

Los mexicanos tenemos mala fama como lectores; en las listas de la UNESCO aparece que leemos 1.2 libros al año por cabeza (una cifra engañosa, como señalara el escritor Juan Domingo Argüelles, pues lo que refleja es que hay muchas personas que no leen en absoluto y el promedio se obtuvo por unas cuantas que se desayunan el resto de la estadística), pero se han hecho varios esfuerzos por cambiar la situación. ¿La verdad? La mayoría son patadas de ahogado.

Ya en la pasada Feria Internacional del Libro en Guadalajara, se estuvieron repartiendo folletitos con la Ley de Fomento para el Libro y la Lectura, una sarta de estupideces que sólo nuestros diputados (que, a juzgar por su amplio vocabulario y educación, se acercan tanto a los libros como a una serpiente de cascabel furiosa) pudieron haberse inventado, y que entre otros asuntos, establece que los libros en este país deberán tener un precio único; es decir, que se acabaron los descuentos de novedades en nuestra tiendita barata de costumbre. Aquí está por si gustan enterarse.

Pero de vuelta a la campaña Ten tu cambio, en lo que consiste, tengo entendido, es lo siguiente: si uno compra un producto de las editoriales participantes en las librerías también participantes, por diez pesos más le dan a elegir entre un librito de cuentos y otro de ensayos por diferentes escritores. Además, se reparten notitas adhesivas para que los lectores escriban sus recomendaciones de libros y las peguen en grandes displays de cartón en las mismas librerías. Una servidora no se enteró de la campaña sino hasta casi darse de narices con uno de estos armatostes (que hasta eso huelen bien, a cartón reciclado, y tienen un bonito color verde. Como dólares, gulp).

Con todo y las buenas intenciones (y el dinero que debieron haberse gastado), no estoy muy segura de que esta campaña vaya apuntando hacia el lugar correcto. De nuevo citando a Argüelles, la lectura se transmite por contagio, y en cuanto a tomar medidas extremas, yo aceptaría las propuestas por el caricaturista Paco Calderón (Nota: en la viñeta número 6 faltaron algunas palabras... debe leerse al final Porque no leen por gusto, tal y como salió en la versión impresa). En Ten tu cambio arrancamos bien: se supone que de lo que trata es de que los mismos lectores hagan que a los no lectores se les antoje leer. Lo malo es que un vistazo a las notitas de los displays basta para darse cuenta de lo patético de nuestra situación. Los despistados clientes de la cadena Sanborns piensan que los papelitos sirven para felicitar a los empleados que los atendieron; los displays de las librerías Gonvill de Guadalajara están repletos de títulos de superación personal.

Sin embargo, en la única librería Gandhi de la ciudad me he ido encontrando algunas notas que me han llegado al corazón. Por diferentes razones. Permítanme compartirles algunas poquitas aquí (algunas son respuestas a la pregunta ¿Qué libro cambió tu vida?, que viene impresa en los papelitos):

“El Psicoanalista, ya que ahora tengo tendencia a hacer juegos psicóticos”.

“Si leer es soñar, entonces despierta”.

“Crepúsculo, de Stephenie Meyer, cambió mi gusto por la lectura. Ahora ya no leo”.

Juventud en éxtasis. No lo vuelvo a hacer... ¡lo juro!”

“Tengo 77 años. Casi sola, excepto por mis libros”.


Para saber más de la campaña, visiten el sitio oficial.

viernes, septiembre 25, 2009

Amigos (por internet)

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Imagen de Dissidia capturada por darkwolfzero, de youtube.


Una de dos; o vuelvo a mi más relajado horario de trabajo anterior (lo que implicaría, por supuesto, menos dinero) o procuro hacer tiempo y corazón de tripas para que no se retrasen tanto las nuevas entradas del blog. Tengo tanto por escribir y he andado tan corta de inspiración que hasta comenzar una línea me cuesta. Pero en fin, un propósito más de constancia y disciplina no hace daño. Tal vez éste sí se cumpla.

Pero veamos... He estado jugando el Dissidia: Final Fantasy para PSP desde hace algunos días, y tengo que confesar que, después de leer montones de reseñas disparejas y escuchar opiniones encontradas, ya me estaba arrepintiendo de haber encargado el juego de antemano (no en una tienda mexicana, por supuesto) a precio de lanzamiento más un descuentillo de nada; nunca adquiero un juego a precio completo a menos que en la portada diga “Suikoden”.

La impresión desapareció en menos de un día; Dissidia resultó una gratísima, gratísima sorpresa; espero hacer una reseña y contarles más cuando lo termine. Por lo pronto, les adelanto lo que le comenté a mi amigo Sora; que el juego me hace pensar en una reunión donde conviven muchos de mis viejos amigos que no se conocían entre sí. Y esto, días después de haberle comentado al Capitán lo curioso que se sentía soñar con personajes de libros, películas y videojuegos y en el sueño tratarlos como si nos conociéramos de toda la vida. Y semanas luego de que cierta persona a la que aprecio muchísimo me incluyera en la especie de meme que viene a continuación.

Si han estado leyéndome desde hace tiempo, se acordarán que, de los cuatro amores de C.S. Lewis, la amistad es mi favorito, y que no dejo de conmemorar cada catorce de febrero. “Conmemorar”, porque, como también se habrán dado cuenta, he sido terriblemente mala para escribir al respecto, y mis dos entradas (este año y el pasado) son palabras de alguien más.

Como sea, estábamos que si los amigos imaginarios y los amigos. Para mucha gente con la que convivo día a día, los amigos cibernéticos (los que se hacen por internet) no se diferencian la gran cosa de los amigos imaginarios que uno tenía antes de cumplir los cinco años. Pero, lejanos como parezcan, los amigos cibernéticos son personas reales, estupendamente reales, y no me hubiera imaginado cuando tenía cinco años que alguna vez se hubiera hecho posible una clase de relación basada en letras. Pero es que (y eso es algo en lo que siempre confié) las letras marcan el camino más seguro al corazón.

Pues bueno, todo este rollo que ahora siento excesivo, para concluír que me sentí mucho, mucho muy honrada, porque Farándula, de Verso Blanco, me llamara amiga, y me concediera un premio blogueril titulado “Amigos de internet”, que es al mismo tiempo un meme que para variar me tardé en responder.

Aquí están las reglas:

1- Enlazar al blog que te lo entregó.
2- Poner en tu blog las reglas.
3- Entregarlo a 6 amigos
4- Avisarle en su blog que tiene un premio.
5- Contestar las preguntas siguientes.

¿Por qué te decidiste a tener un blog?

Bueno, realmente fue por celos... El Capitán Quasar, mi esposo, abrió uno el suyo y se la pasaba horas y horas escribiendo en él. Yo sentía que era una pérdida de tiempo, y él, por el contrario, me decía que debería aprovechar el recurso para conseguir que alguien me leyera. Me encanta escribir, pero por alguna extraña razón siempre 1) fui muy tímida para mostrar mi material a otras personas, y 2) buscaba la aprobación de los lectores. El blog es, como quien dice, mi medicina y terapia para deshacerme de ambas cosas.

¿Cuánto hace que lo tienes?

Pronto cumpliré dos años. Pero el registro en blogger lo tengo desde 2005. Tardé mucho en decidirme a comenzar, más en descubrir como funcionaba blogger, y no fue sino hasta hace muy poco que comencé a editar mis propias imágenes.


¿Qué sentimientos tuviste a través del mismo?

De haber sabido lo contenta que iba a estar, sin duda hubiera abierto mi blog desde mucho antes. Ha sido una experiencia muy agradable, sobre todo perderle el miedo a escribir (y tal vez a publicar) y darme cuenta de que mi material sí puede gustar. Todavía no me deshago de todas mis inseguridades.

¿Cosechaste muchos amigos?

Creo que sí. Entre la gente que me lee y la gente que leo. Es que es tan fácil abrir el corazón cuando uno escribe... podríamos decir que cuando a uno no le están viendo la cara. La maldad y la bondad se filtran por igual. La hipocresía se nos nota (si nuestros lectores saben leer entre líneas) y también la tristeza, el cariño, todo eso. A los amigos que me han leído les he mostrado mi verdadero rostro, ése que muchos amigos “del diario” me decían que era falso, y no sólo me han creído, sino que hasta me han aceptado con todos mis defectos. No espero sino corresponder.


¿Qué es la amistad para ti?

Mi favorito de Los Cuatro Amores, el que siempre estuve persiguiendo y en el que siempre creí, pese a que en general sigue siendo un sentimiento menospreciado. Pero como ya les dije, me cuesta hablar del asunto.

¿Qué te gustaría decirle a una amiga hoy?

Que es importante para mí, que me alegra que esté ahí... pero lo más probable es que me gane la timidez y salga con alguna tontería. Ciertas cojeras nunca terminan.


¿Qué esperas de una amistad?

Que se lo tome tan en serio como yo.


Se supone que tengo que pasarle esto a seis amigos... pero no pude hacer la lista más pequeña... y aquí está que lo voy a mandar a nueve; todos ellos son personas que he tratado únicamente por internet y leído sus respectivos blogs, y que he llegado a conocer muy bien... en efecto, por medio de las letras. Va el paquete con todo mi aprecio para...

Arc
Chendo
Dark
Fëaluin
Nona
Odanguito
Suldyn
Thor
Yipie

viernes, julio 03, 2009

Nevermore

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Olviden ustedes a Farrah Fawcett, Michael Jackson o Manuel Saval. Creo que la pérdida de la semana ha ocurrido por otro lado, y me temo que ha sido los suficientemente dolorosa y repentina como para que una servidora no sepa ni siquiera cómo empezar a hablar de ello.

Un colega blogger, el Cuervo López, de Argentina, falleció el fin de semana pasado. Era uno de los mejores amigos del Capitán Quasar; aunque nunca llegaron a verse en la vida real, conversaban casi todas las noches (y si una persona ajena a su relación los hubiera escuchado, lo más probable es que pensara que ambos se odiaban mortalmente por tanta lindura que se ponían a intercambiar... insultos mutuos a sus nacionalidades y cuestionamientos a su respectiva sexualidad, entre otros. Pero es que así es el Capitán Quasar... se mete a messenger a decirle cosas horribles a personas que realmente le importan). Y cuando la cosa estaba en serio, se ponían serios. Así nada más.

El blog del Cuervo (pueden ustedes hallar el link en mi lista, aquí a la derecha) era básicamente de música clásica; él tenía una colección impresionante que sin ningún empacho compartía en la red. Su autor favorito era Mahler, al que una servidora conoció por la recomendación de un amigo, Mordeus, que me dijo que “hacía música como de ciencia ficción”. Los discos de Mahler son carísimos, al menos en México, así que le agradecí infinitamente al Cuervo que los pusiera en su sitio. Sobre todo las varias versiones de la sinfonía número 8.

Pero igual publicaba textos de todas clases, suyos o de sus amigos; cuando supo que era lingüista y que me interesaba Tolkien, me invitó a colaborar con un par de escritillos. Y así de amable era que me consiguió dos libros sobre Tolkien, uno de ellos recomendado por el autor Joseph Pearce, que en México eran imposibles de hallar. Si hay algo que siento más en este preciso momento es que nunca le devolví el favor. Jamás le he echado tantas maldiciones a mi estúpida manía de dejar las cosas para después.

El Capitán y el Cuervo compartían el mismo nombre, la misma incurable mamitis y el gusto por el cine. Casi parecía que los hubieran cortado con la misma tijera, salvo por las diametralmente distintas preferencias musicales (el Capitán y su espantoso pop ochentero). Pasadas las diez de este hemisferio los oía conversar, o más bien, oía los teclazos del Capitán, y una risita peculiar que soltaba siempre que platicaba con el Cuervo.

Un día, el Cuervo desapareció. Pensamos que, como sucede a veces, algún amigo se harta de la red y se toma unos meses de aislamiento para aspirar un poco de aire libre de tecnología; ahora veo bien lo importante que pueden llegar a ser esas ausencias, y que con la época en la que vivimos hay que tomarse la libertad de cuestionarlas, porque más vale invadir la privacidad de un amigo que enterarnos después de que tuvo problemas. Como ahora. Jamás nos imaginamos que el Cuervo estaba enfermo de gravedad.

Va a ser muy difícil acostumbrarse a la idea de que ya no está aquí. Curioso que sea de esta manera, que uno haya tenido la impresión de escuchar a alguien sin haberlo escuchado en la vida real, que no haya tocado más de esa persona que una tarjetita manuscrita, y el vacío se sienta de todas formas. Después de que el Cuervo dejara de entrar a messenger, ya no volví a oír aquella risita del Capitán. Y ahora sólo puedo pensar que no volveré a oírla nunca más.

viernes, junio 12, 2009

Birthday girl

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Bienvenidos a lo que probablemente sea la entrada más egocéntrica que una servidora haya puesto y pondrá aquí. Espero que por esta ocasión me lo pasen por alto; hoy es mi cumpleaños, y como he pasado una semana de verdaderos perros y el día, que no se pinta mucho mejor, amaneció lluvioso, he decidido autofestejarme un poco.

Hasta algún tiempo, me daba por coleccionar frases y cosas lindas (y a veces no tan lindas, pero que de algún modo me hacían sentir bien, o mejor, o que andaba en el camino correcto) que me decían, o que alguien decía con respecto a mí. Para mi autorregalo, he armado un conjunto de ellas. Me faltan muchas, una buena parte de mis lectores, así que de antemano pido disculpas por las miles, miles de omisiones que debe haber aquí; desde hace más de siete años que dejé de compilar las frases. Aquí les comparto las que pude recuperar o recordar, por orden alfabético del nombre de la persona citada; los que prefiero que permanezcan anónimos (es decir, sin siquiera una sigla) o que no recuerdo o no sé cómo se llaman los dejo para el final.

  • “Porque es la mejor. En todo lo que haga, en todo lo que se proponga, es la mejor”.
Y entonces no sabía el paquetote que me estaba echando encima el Capitán, cuando respondió así a la pregunta de que por qué te quieres casar con tu pareja en nuestras pláticas prematrimoniales.

  • “Nunca he visto personas más diferentes”.
Un amigo queridísimo, G. Fue hermoso oír esto después de una vida en la que se la pasan comparándolo a uno con otra persona.

  • “No es que lleves máscara. Es que la gente no se acaba de creer cómo eres”.
Un viejo colega, apodado G., me dio este alivio para el espíritu cuando mis “amigos” de entonces decían que mi personalidad era puro fingimiento.

  • “Y eres tú, eres tú, quien escribe esas líneas, desde la entraña, el corazón, el cerebro. Ese cuento me llegó al hipotálamo, de veras. Cómo me gustó.”
Entre tantas críticas positivas que he recibido por mis escritos, ésta alcanzó a sacudirme el tapete, como decimos en México. Gracias a I.

  • “Eres una mujer admirable”.
Me gané esta joya de un amigo, N., por rescatar una gatita de un abusador.

  • “¡Y ella lo ha hecho 253 veces!”
Blogger P., en su comentario sobre mi traducción de la novela homónima de Geoff Ryman y la dificultad constante que se tuvo que resolver en el trabajo.

  • “Tú eres Gandalf. Ya vi tus poderes”.
Un viejo amigo, P. Yo tampoco entiendo a qué se refería. Pero me fascina Gandalf así que debe ser algo bueno.

  • “Después de conocerte, hasta dan ganas de hacerse católico”.
Es la cosa más bonita que me han dicho sobre mi religión; no creo, sin embargo, que Pei se acuerde de cuando me la escribió... ; >

  • “Sólo de pensar que entre nuestros lectores hay personas tan buenas...”
Q., de TheOneRing.net

  • “No importa tu talla, eres una Diosa. Para mí lo eres”.
Las mujeres deberían escuchar esto más seguido, con tanto bombardeo negativo de los medios de comunicación y ataques a la autoestima. Yo tuve la fortuna de recibirlo de Raven. :>

  • “L, L, te acabas de superar”.
Mi maestro R.F. después de leer un trabajo final escolar que hice sobre Edith Sitwell.

  • “I love her.” (No lo quise traducir; creo que suena hermoso en el original.)
Lo que opinó Ursula LeGuin de mi reseña en plan cómico sobre la espantérrima adaptación de la serie de Terramar que hicieron el SciFi y el Hallmark Channel.

  • “¡Pero qué niña tan bonita! ¡Qué niña tan bonita! Si no estuviera yo casado, ¡no te dejaría ir!”
Uno se puede mudar a las nubes y quedarse ahí tras oír palabras tan amables y bonitas del maestro Will Eisner...



Donde faltaron los nombres:

  • “¡Para que vuelvas a contratar modelos!”.
Camarógrafo al director de un segmento de video de un programita en el que estuve trabajando, cuando me llamaron para rehacer una escena difícil (había que romper en llanto). Al cliente no le había gustado el producto original, aunque la chica en escena tenía buenas piernas y era alta y guapa.

  • “Por otro lado, L., si encontraste tu cruzada en la vida ¡felicidades! Pero recuerda que todo fanatismo es malo”.
La persona que dijo esto (cuando una servidora tenía ya VARIAS cruzadas en la vida) no lo hizo con las mejores intenciones. Pero aprecio mucho el mensaje (me hace pensar en el valor de la pasión, y también en su precio).

  • “L., estoy de acuerdo contigo en algo: pensamos muy diferente”.
Si conocieran a la persona que dijo esto, comprenderían que esto es de verdad un halago, una auténtica flor.

  • “¡Pero cómo le brilla el pelo a esta criatura!”.
Clienta de una estética donde voy a cortarme el pelo; esto hace apenas unos meses. Una servidora no tiene feo pelo, y siempre me mencionan alguna cosita linda al respecto en el salón de belleza; pero que le digan a uno “criatura” cuando ya anda rondando los cuarenta basta, creo, para alegrarle el día.

AÑADIDO EN EDICIÓN: Antes de que me vuelque en agradecimientos para todos ustedes, porque finalmente el día fue muy bueno, vi que entre mi colección de frases lindas hice una terrible omisión. Les presento, aunque un poco tarde, la colección especial de Irlanda:

Colección especial de Irlanda:

  • "¡Pensé que eras irlandesa!"
Señor ancianito que me sacó conversación en un pub de Galway.

  • "¡Estupenda, estupenda bailarina!"
Señora en otro pub de Galway donde me animé a mover los pies.

  • "Very good English" (esta tampoco se me antojó traducirla, je, je, je)
Cajero en un restaurantito de Galway donde pedí mi primera taza de chocolate caliente en la isla.

Y, ahora sí, es todo.

domingo, mayo 24, 2009

Receta: gel antibacterial

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La contingencia sanitaria por inluenza se ha relajado un poco, pero la enfermedad sigue apareciéndose por el mundo. Por consiguiente, no hay que aflojar la guardia. La mejor medida de protección que podemos adoptar es la higiene: lavarnos las manos con frecuencia, no llevárnoslas a la boca o la nariz, principalmente después de haber tocado posibles focos de infección (pasamanos, teclados de compus públicas, asientos). Si tomamos en cuenta todo eso, tal vez no sólo consigamos deshacernos del virus A1H1, sino, imaginémonos, de todas las clases de gripe, y las enfermedades gastrointestinales. ¡El paraíso! Para cuando no tengamos agua y jabón a la mano, todavía podemos usar gel antibacterial (que no es otra cosa sino alcohol en gel).

Hace algunas semanas, cuando tratábamos el tema aquí mismo, Lonjho mencionó la escacez del producto (me gusta tanto el de Natural Scents, una compañía jaliciense que suele producirlos en todos los aromas imaginables) nos hizo el favor de compartirnos una receta del sitio web de la Procuraduría Federal del Consumidor en México. ¡Gracias! :>

A continuación, les paso la versión para perezosos de esa misma receta (con algunas modificaciones, también para perezosos). Mi hermana y el grupo de difusión científica
Quark lo produjeron en masa para la Universidad Autónoma de Zacatecas, y según ella, cada quien puede modificar la receta a su gusto, siempre y cuando se sigan ciertos lineamientos. Por accidente, mi hermana vertió su gel en un frasco vacío de aromatizante oleico de ambiente, y mi mamá quedó fascinada con el resultado.


Ingredientes

  • 2 cucharaditas de carbopol en polvo (del carbopol depende qué tan espeso quede nuestro gel; el de esta receta es muy ligero. Si lo prefieren más espeso, agreguen media cucharadita más).
  • 7.5 ml. de trietanolamina (un líquido aceitoso que reaccionará con el carbopol. Uno y otro se consiguen en boticas o droguerías, y probablemente tendrán que comprar una cantidad fija, mayor que ésta. No importa, la usaremos después).
  • Un frasco de alcohol de 500 ml.
  • 1 cucharada y media de glicerina pura (que ayuda a fijar el alcohol, y sirve también para la piel. Esta cantidad dejará el gel un poco pringoso, pero suavizará las manos por horas. Si lo prefieren, déjenlo en una cucharada).
  • Más alcohol si es necesario.

Herramientas

  • Licuadora
  • Cucharita cafetera
  • Cucharitas y taza de medir
  • Recipiente pequeño
  • Frasco vacío transparente, con capacidad de mínimo 300 ml.
  • Jeringa desechable para medir
  • Coladera de malla
  • Embudo

Procedimiento

1. Cernir (es decir, pasar el polvo por la coladera de malla) al menos dos veces el carbopol sobre el recipiente pequeño, de manera que quede muy, muy fino. Si fuera necesario, utilizar la cucharita cafetera para deshacer los grumos.

2. Poner el alcohol en la licuadora, y agitar en la velocidad más baja. Echar muy poco a poco el carbopol, y seguir agitando. El alcohol comenzará a enturbiarse. Cuando todo el carbopol esté adentro, agitar medio minuto más, o hasta que la sustancia esté bien disuelta. Hay que tener cuidado de no quede ningún grumo.

3. Agregar la glicerina, y agitar un poco más. El líquido ahora se verá lechoso.

4. Con la ayuda del embudo, verter la mitad de la mezcla en el recipiente donde originalmente estaba el alcohol, y la otra mitad en el frasco vacío.

5. Medir con la jeringa 3.5 mililitros de trietanolamina. Agregar a uno de los dos frascos algunas gotitas, cerrarlo muy bien y sacudirlo de arriba hacia abajo, como si se tratara de una maraca. El gel comenzará a formarse justo ante nuestros ojos. Continuar añadiendo la trietanolamina, muy poco a poco. Si en algún momento el gel alcanza la consistencia adecuada, dejar de ponerla (el alcohol se va evaporando según trabajamos con él, y el esceso de trietanolamina echa a perder el resultado). Repetir el procedimiento con el otro frasco.

6. Si el gel queda demasiado espeso, agregar un poco más de alcohol.

Listo, con esto tenemos aproximadamente medio litro de alcohol en gel. Conviene almacenarlo bien tapado y en la oscuridad, y llenar con él algún frasquito pequeño que podamos llevar a todas partes. Lo más importante es no dejar de usarlo.

jueves, mayo 14, 2009

English follow-up (otro Otto)

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Como haciendo homenaje a la película Señales, de Shyamalan, quisiera presentarles a mi gatito emo, medroso y paranoico, R. Lo rescatamos, muy pequeñito, de un edificio donde lo estaban corriendo a escobazos. Ya tiene cuatro años con nosotros, pero hace apenas dos que descubrió las ventajas de ser mascota mimada. Y hace cinco o seis meses aprendió a jugar. Todavía tiene problemas nocturnos (cada vez menos) para usar la cajita de arena y le tiene miedo a las visitas. Pero siempre desea estar junto a nosotros. Nunca ha intentado escapar. Ésta es su casa. Lo queremos y nos quiere.


Me quedé lo suficientemente preocupada (y algo molesta) por las posibles interpretaciones múltiples (léase ambigüedad) de mi entrada anterior, Caso perdido/ganado, como para apresurarme a poner una especie de continuación. Será algo fuera de programa y voy a realizar algunas acciones que no acostumbro. Por ejemplo, va a parecer que esta entrada en particular estará dirigida sólo a quienes hablan inglés; no me gusta nada, nada, poner textos en otra lengua ya que me había propuesto traducir todo lo necesario al español. De antemano les pido disculpas porque esta vez estoy cansada, bastante harta y con trabajo pendiente. Y porque uno de los textos es mío. Y algo que detesto con ganas es traducirme a mí misma.

Bueno, si han llegado por esta página, para leer en español la entrada donde expuse mis puntos de vista sobre un caso de un artículo en la revista Ladies' Home Journal, hagan click aquí.

A continuación, presentemos los documentos en inglés.

Tuve que imitar el procedimiento de Thor (Suena la palabra) y escanear las páginas de la revista que contienen el artículo. No lo hice tan cuidadosamente como le queda a él, y los archivos están muy grandes porque quise asegurarme de que fueran cómodos de leer. Están almacenados en imageshack, y no es necesario descargarlos, y pueden aumentar su tamaño. Perdón por lo mal hecho y las prisas.

Ligas para leer en línea el artículo "Otto, the Wonder Dog":


A continuación, la carta que una servidora le envió a Sally Lee, la editora en jefe de Ladies' Home Journal:

Dear Sally,

You’ve probably have already received a lot of mail of this sort, but well, I wanted to add another opinion from a reader outside the U.S.

I bought what seemed to be the second issue of Ladies’ Home Journal (the first one probably did not come to Mexico) and I liked it very much... I thought it was a nice magazine, both interesting and useful, not the frivolous kind ladies’ magazines usually are, and good for helping me practice my English; and low priced besides.

Well, I have decided now not to buy your magazine anymore, and I would like to let you know why.

In the May issue (the last one that has come to Mexico) you published this article called “Otto the Wonder Dog” by Michelle Slatalla. A lover of animals as I am, and expecting something of the same sort of the pet stories published in LHJ website, I started reading... and went from plain disappointed to truly horrified. Mrs. Slatalla obviously has no idea on how to deal with an animal problem, other than just walk away or let someone else take care of it. Her poor cat’s peeing problem could have been easily solved by using a product with pheromones or catnip or something like that (I keep cats, usually strays that I help to find new homes, and I know that works). Now, you can’t blame people (not too much, at least) for being ignorant. But Mrs. Slatalla’s delight when her naughty dog ACCIDENTALLY chased her cat off is just unforgivable. I feel sorry for the cat, and, to be honest, also for the daughters of this lady. Hope none of them messes with mommy’s shoes, or she’d probably end up in the streets.

What I fail to understand is, why did you decide to publish this? What point were you trying to make? There are enough people in this world that do this kind of things, abandon animals in the streets, neglecting pets... not that I’m trying to forget about it, but your magazine seemed to condone this by publishing this article. And it was supposed to be fun! Seriously, I don’t know what were you thinking.

My English is too poor to express all of my indignation and I’ve tried not to be impolite; I’ve hope I’ve succeeded; I apologize if I have not.

Please excuse any English mistakes.

Yours,

MI NOMBRE

Mexico


La respuesta en mi buzón de entrada. Nada mal:

Dear Laura,

Thank you for your letter about our May Animal Affairs story, “Otto The Wonder Dog.” This story was a first-person account from a freelance writer about her family and their personal experiences with their pets. Ladies’ Home Journal has long championed the work of animal welfare advocates and we in no way condone pet abandonment. We sincerely apologize if this story offended you, and promise to be more thoughtful in the future.

Thank you for taking the time to write to us to share your feelings about this piece. We greatly value the feedback we get from our readers, and we’re confident you’ll be pleased with our next installment of the Animal Affairs column.

Sincerely,

Sally Lee


Y la que una moderadora de los foros puso en línea. Comparen.


Thanks for your concern. This story was a first-person account from a freelance writer about her family and their personal experiences with their pets. Ladies' Home Journal has long championed the work of animal welfare advocates and we in no way condone pet abandonment. We sincerely apologize if this story offended you, and promise to be more thoughtful in the future.

Posiblemente este mismo párrafo apareció en los correos de todas las lectoras que mandaron comentarios. No que ello me desanime; significa que hubo suficientes respuestas como para que se ameritara elaborar un "machote" de carta.

Esto es lo que una de las lectoras sugirió que debieron haber escrito:

We here at LHJ sincerely would like to apologize for the article that caused such concern, we understand now that it was in poor taste and wasn't well thought out. We are sorry that we offended so many of our readers, and promise to do better in the future. Furthermore, we will pass on your concerns to the author.

Probablemente sí se nos cumpla la solicitud de una disculpa impresa. Y un artículo sobre el cuidado de los animales problemáticos, otra petición reciente. Y todo estará bien. No sé todavía si la Ladies' Home Journal me recupere como lectora. Pero si hacen algo realmente bueno en su columna de Animal Affairs, tal vez me la piense y todos felices.

Espero que los documentos que puse aquí hayan sido de su interés; me siento mucho mejor poniéndolos en sus manos. Juzguen... ups, es decir.. considérenlos objetivamente por ustedes mismos. Más adelante tal vez hasta me anime a compartir algo sobre mis nada políticamente correctas ideas sobre sexo, matrimonio y mortaja. ¡Y a ver qué sale!

miércoles, mayo 06, 2009

Sobre Rigo Mora

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Rigo Mora, trabajando en su corto Devorador Onírico. De fondo, un dibujito de su animación Sombras, basada en El Cuervo de Edgar Alan Poe.

Lo siento; me conecto por lo pronto sólo para dar una muy mala noticia: la madrugada de hoy falleció Rigo Mora, un estupendo animador de Guadalajara, defensor y practicante del stop motion y el 2D, y colaborador de Gullermo del Toro en la película Cronos y la serie de televisión La Hora Marcada (que tal vez recuerden si son mexicanos y no demasiado jóvenes), entre otros proyectos.

A todos sus familiares y amigos quisiera darles mis más profundas condolencias.

Y a ustedes, que han estado leyéndome por algún tiempo, lo que me queda es externarles mi total, absoluto desconcierto.

Lo que menos podría pensar uno si veía a Rigo (me encontré con él la última vez en marzo) es que se fuera a morir. Era una persona con muchas ideas y mucho, mucho que hacer; el tiempo mismo se le hubiera quedado corto. Lo lamento, de veras lamento no poderles hablar de él tanto como quisiera, pero en perspectiva siento que lo conocí muy superficialmente, y el tiempo en el que lo traté, como no fuera como espectadora de sus cortos, estuve metida en el papel que más detesto: el de innocent bystander, el de callada, discreta, tímida compañera; el de persona que escucha porque no está segura de qué decir. Ojalá pudiera compartirles anécdotas divertidas, momentos maravillosos, risas y encuentros; por desgracia, todo ello le ocurrió a alguien más porque una servidora estaba con los ojos puestos en asuntos más mundanos, dándole vuelta a las pequeñas ruedas del mundo, que tan propensas son a quebrarse y que tras un mes se olvidan. Total, siempre creí que el resto podría esperar.

(Esta semana, por cierto, descubrí que se me están empezando a olvidar cosas de súbito, como el nombre de mi gatito desaparecido en el 2006, la fecha exacta de pago de una de mis tarjetas de crédito y el nombre del director de Perfect Blue... sí, ahora ya sé, no hace falta que me lo digan. Intento disimularlo, pero estoy espantadísima).

Mientras tanto, Rigo andaba metido en un montón de ruedas grandes: como uno de los directores en el nuevo estudio de animación Batallón 52 en Jalisco, con planes para el 2010, y como comentarista, junto con el Capitán Quasar, del videopodcast Bajo Presupuesto, del que apenas habían filmado el piloto. ¿Qué irán a hacer todos ahora?

Esto, como les digo, me desconcierta, me desconcierta hasta el punto de que el molestillo dolor de garganta que traigo desde el mediodía amenaza ahora con estrangularme. Rigo había cumplido apenas 44. No cabe duda que utilizó con sabiduría el tiempo sobre el que, dijera Gandalf, sólo nos queda decidir como aprovechar y nada más, pero, ¿no fue demasiado poco? Más aún, Rigo tenía una niña pequeña, y con ello, mi abierto desinterés en la multiplicación humana y el tiempo que he dejado deslizar entre los dedos me llena de una, espero, comprensible frustración. Si una persona así se va antes que uno, no queda otra sino sentirse culpable por estar vivo.

jueves, abril 23, 2009

Te-a-mo-mu-cho

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"He's fictional but you can't have everything."

Cecilia, personaje intepretado por Mia Farrow en La rosa púrpura del Cairo, de Woody Allen.

Hace más de veinte años (tenía yo entonces catorce), estaba convencida de haberme encontrado al amor de mi vida, y me sentía muy, muy desdichada porque de antemano sabía que se trataba de una relación destinada al fracaso. ¿A quién se le ocurre enamorarse de alguien que no existe? En aquellos tiempos, déjenme que les diga, no era tan difícil; supongo que las muchachas no teníamos tanta prisa con los noviazgos “de verdad” y menos ganas de aproximarnos al mundo adulto, que implicaba, entre otros asuntos, compromiso. Era mucho más sencillo fantasear. Y fantasear parecía ser lo único que le quedaba a uno si era bajita y fea, con mala fama de rara en la escuela, y resignada a la soledad de por vida (claro que sin negarse a mejores compañías). Les digo, yo estaba muy chiquilla, no conocía lo suficiente de la vida y aún no soltaba las barbies ni los videojuegos... ok, ya sé, eso fue un mal ejemplo.

Como sea, yo tenía mi “noviecito” imaginario (hasta entonces no me había tocado uno de la vida real), y le escribía cartitas y eso. Va a sonar obvio, pero nunca nos vimos salvo en sueños, y de esos puedo contar apenas unos cinco o seis. El primero fue precisamente el 23 de abril de 1987, cuando cumplíamos un año de conocernos. El último, no recuerdo precisamente la fecha, pero fue por abril también, en 1989; ya para entonces tenía un primer novio de verdad, y el imaginario no pareció molestarse. Tal vez sería porque en el sueño no hubo quién se preocupara por mencionarlo.

Una aclaración: cierto fenómeno que me sucede, y que la verdad me encanta, es que muchos de mis sueños tienen continuidad; repito escenarios, veo a las mismas personas, menciono sueños anteriores como si fueran un recuerdo. Cuando andaba por los siete años, tengo todavía muy claro que mis sueños tenían episodios, algo así como capítulos de una serie (de dos, para ser exactos; una de acción y otra de comedia; llegué a “ver” una media docena de éstas) y siempre estaba ansiosa por irme a dormir para enterarme de qué más ocurriría en las historias de mi subconsciente. A partir de ahí, han pasado muchas, muchas cosas.

Bueno, el siguiente es el relato de un sueño que tuve hace varias semanas, pero me voy a tomar la libertad de platicarlo como si hubiera sucedido la víspera por puro efecto dramático: hoy cumplo veintitrés años de haber comenzado a leer El Señor de los Anillos, un libro que pondría mi mundo patas arriba, no siempre en el mal sentido de la palabra.

Me gustaría dedicarle este post, con todo mi cariño y admiración, a mi buen amigo Suldyn, que hoy parte para Canadá, porque tiene que ver con despedidas y afecto y hechos fortuitos que nos cambian la vida. Espero que sus propias despedidas, y las de todos sus seres queridos, (familia, amistad y amor) le duelan un poquito menos. Espero también que sus sueños se cumplan, y que el 23 de abril sea para él una fecha tan especial como lo es para mí.

* * *

Imaginen conmigo: uno de esos sueños en los que uno no se da cuenta de que se ha quedado dormido; me pasa muchas veces, cuando estoy en mi cuarto trabajando y paso del trabajo a las visiones oníricas como si la vida real fuera lo mismo en ambas situaciones.

Estoy en mi cuarto, sola, traduciendo en mi compu; es casi media noche y ando muy cansada. De pronto se abre la puerta, y entra él. No está en la carne de Elijah Wood (puse la foto de ilustración porque me gusta mucho), ni de James Loye o cualquier actor que lo haya representado; ni es los dibujos de Alan Lee o Ted Nasmith; es el que tuve en la cabeza mientras leía los libros, y que se parece más a cómo lo ha pintado la artista Anke Eissmann (sólo que rubio). Me llega justo debajo de la nariz. Siempre creí que formábamos una pareja fenomenal; otro rarito como yo, quien nunca me reprocharía la falta de estatura, pero que podría llegar a querer lo suficiente como para llevar a cabo esos milagros que sólo el amor consigue: convertirnos en buenas personas, buenos amigos, buenos compañeros, buenos esposos, en algún momento buenos padres.

Inmediatamente, por supuesto, me doy cuenta de que estoy soñando; bien, no he perdido la cabeza todavía, no me ha terminado de transtornar este trabajo. Significa que podemos hablar ya sabiendo que todo pasa dentro de un solo cerebro. Pero, ¿qué se le puede decir a un ex imaginario al que no se ha visto en veinte años? Lo típico: Hola, cómo estás; qué milagro, ¿por qué ya no habías venido a visitarme? No has cambiado nada. Y yo, ¿me veo gorda? Sí, me corté el pelo. ¿Te gusta? ¿Cómo te está yendo? Qué bueno que vienes. Soltero todavía, ¿verdad? Yo sí me casé. Él es como tú, un poquito. Tu padre, ¿cómo se encuentra?

¿Qué, que si me acuerdo de hace veintitrés años? Sí, sí. Casi todos los días. Tengo una copa guardada de la fiesta del 87. No sé dónde la puse, eso es todo. ¿El 2005? Estuvo emocionante, ¿verdad? Más que el 92 o que el 2001. No he dejado de leer el libro tampoco.

Pero creo que a él no le importa enterarse de todo el rollo de los años que han pasado desde que nos “conocimos”. Tiene una fecha para preguntarme: 1989. La última vez que soñé con él. El espantoso 89. El descenso del Monte del Destino. El año en el que me quise morir.

De pronto me cae la memoria como gota de mercurio: 1989. Estamos en el 2009. Hace veinte años justos. No quiero enterarme de si hay coincidencia completa; podría hacerlo si hojeo alguno de mis viejos diarios que quién sabe dónde habrán quedado. Sólo me acuerdo que mi celebración de aniversario en el 89 la pasé enfermita, en cama, rumiando mi pésima suerte.

¿No debería ser trivial todo eso, a estas alturas? Él cree que no. Oye, ya estoy grande, ¿sabes? ¿Te acuerdas de la fiesta del 89? Se suponía que era té para dos, tú y yo, y como siempre acabaron llegando todos. Fue tu culpa. Je, je, je. No, no me estoy riendo.

A ver, ¿de qué se trata? ¿Qué si me lo tomé en serio? ¿Qué, lo... uhhh... lo nuestro? Ah. Eso era.

Insiste en llevarme al tema.

En el sueño de 1989, le dije algo así como “quiero crecer contigo”, y ahora resulta que el señor piensa que ya se me olvidó. Tiene razón; no lo recordaba, y ni siquiera sé si lo registré en algún lado. ¿Por qué lo ha traído a colación? Ni modo; a confesar se ha dicho. Mira, la verdad es que no he hecho la gran cosa con mi vida... pero de todo lo demás me acuerdo. Y en serio, no he dejado de pensar en ello. Pero estoy cansada ahorita y sólo quisiera tomarme unas vacaciones.

El camino sigue y sigue y sigue... sí, ya me la sé. Por eso me caes bien. Si no nos hubiéramos conocido, quién sabe qué más NO hubiera pasado. No, no me arrepiento. Bueno, poquito. A veces, nada más. Qué esperabas; me las puso difícil, tu padre. No, hace un rato que no escribo ficción. Pero tengo algunas ideas, verás...

Él ha estado apoyándose en mi silla de campaña que uso para jugar y para leer, yo estoy sentada en mi cama con mi laptop, “JiDai”, en las rodillas. Y entonces él se acerca y me hace una última pregunta. Quiere saber si todavía lo quiero.

- Sí - le respondo, con sinceridad, y procuro acumular toda la dulzura que puedo antes de escupir: -. Te-a-mo-mu-cho

(Tanto como para andarlo publicando, debí haber añadido; pero recuerden que estaba en medio del sueño entonces).

Lo pronuncio así, sílaba por sílaba, porque quiero hacer énfasis, y demasiado tarde me doy cuenta de que suena a cantaletita ramplona. Él se sonríe nada más y me dice adiós con la mano. Pasan todavía algunos minutos antes de que me sacuda el sueño porque hay que seguir trabajando y porque un temblor en las piernas me hizo pensar que se me caía la macbook.

El sueño ha sido muy vívido, y me ha dejado un buen sabor de boca que no puedo creerme. Me siento mejor que nunca para seguir trabajando. Y de pronto, me entra un presentimiento de lo más extraño... siento, no entiendo por qué, que ésta es la última vez que veré a mi viejo amigo y viejo amor, y que la siguiente que volvamos a encontrarnos no será sino en la parroquia de Niggle, cuando todos y cada uno de quienes habitamos esta tierra nos detengamos delante de sendos árboles, completos como nunca los pudimos hacer crecer en vida; y él va a estar bajo un árbol que no es el mío, pero que igual me encantaría conocer. Espero poder ahí estrecharle la mano a su padre, a quien le debo tanto, tanto, todavía.

domingo, marzo 01, 2009

Rola la rola (meme musical)

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¡Es cierto! Estoy y he estado terriblemente, espantosamente nerviosa; pero, dirían ustedes, ¿estaré...? Bueno, la cosa es que he estado muy ocupada, con un tiempo mínimo para respirar y muy poco menos para todo lo demás, y es por ello que no he estado actualizando el blog con la frecuencia que acostumbraba. Me temo incluso que la falta de constancia me haya hecho perder a algunos de mis seguidores, ¡snif! Tampoco he visitado con la frecuencia que quisiera mis blogs favoritos. Como ya es costumbre cuando la prisa me rebasa, les pido mil disculpas a todos, y espero que lo que está por venir compense los sinsabores. En especial si, como menciona Arc, los posts últimamente han sido poco optimistas. ¡Hay que ver la vida de mejor color!

Voy a comenzar por un asunto que ya tenía atrasadillo... un meme muy interesante que me enviara Raven hace ya como 20 días. El meme fue idea de ella y sus amigos, y creo que el nombre de “Rola la rola” (en español mexicano, “comparte la melodía”) le queda bastante bien.

Van las reglas:
  1. Seleccionar diez canciones favoritas o que signifiquen algo para nuestra vida.
  2. Poner el nombre de cada canción, el cantante o autor, y una frase representativa (fascinante, arrolladora) de la letra.
  3. Escoger a diez personas para que continúen el meme, y visitarlos en sus respectivos blogs para dar aviso.

Eso es todo. Una advertencia, este meme TRAE CASTIGO. Si no lo responden en los próximos diez días a partir del aviso, tendrán que poner VEINTE canciones en lugar de diez; y así sucesivamente.

Muy bien, como buena niña regañada, a mí me tocó poner veinte rolas, por el retraso, pero la verdad es que con lo que me gusta la música, el castigo no ha tenido nada de tremendo. Le he puesto un poco de mi cosecha; además de las canciones y frase, he tenido la suerte de que todas las canciones que menciono están en youtube (menos la primera, pero igual localicé por ahí donde conseguirla), así que si alguna les pica la curiosidad, hagan click en el título y ahí podrán escucharla completa.

Aquí van las veinte rolas, no en orden de preferencia ni nada de eso... como se me fueron ocurriendo.


1. Heal this Land -Moya Brennan-
“...Honor and glory tied up in chains
Blind to the future that keeps us in pain
Let's change our armor for words of love
With His spirit as our sword
Fill our hearts with trust, my Lord.”

2. JiDai -Miyuki Nakajima -
"People who always travel
Eventually return home someday
Even if you break down tonight
You will believe and open the door
Even if today never ends
Even if the cold rain falls."

3. Ogiyodiora -Lee Sang Eun -

"Even stars are living on their own
With shining all the secrets without any lines
From one by one, we have different breath
But, now there is no yours and mine."

4. Big Yellow Taxi -Joni Mitchell-
"Don’t it always seem to go
that you don’t know what you’ve got till it’s gone?
They paved paradise;
put up a parking lot.”

5. Stepping Stone -Clannad -
"But with a change of heart

for you, it might come true.
It's like a stepping stone.
You know it's up to you."

6. Melodies of Life - Emiko Shiratori -
"If I should leave this lonely world behind, y
our voice will still remember our melody.
Now I know we`ll carry on

Melodies of Life
Come circle round and grow deep
in our hearts-as long as we remember."

7. Sueño de una noche de verano - Silvio Rodríguez -
“En mi sábana blanca vertieron hollín,
han echado basura en mi verde jardín.
Si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.
Si capturo al culpable de tanto desastre lo va a lamentar.
Lo va a lamentar".


8. Viejo mundo - Fito Páez-
“¿Cómo serás? ¿Cómo seré? ¿Cuántos seguiremos?
Los que sobrevivieron marcaron huellas.
Te abarcaré en tu extensión
y seré la tierra, el agua, el sol, el viento,
el músico, el peatón, una esperanza; seré montaña”.

9. El témpano - Juan Carlos Baglietto y Silvina Garré -
“Una rosa de fe, y aún a costa de perder
se pierde, pero se gana.
La lucha es de igual a igual contra uno mismo
y eso es ganarla.
No te pares, no te mates;
sólo es una forma más de demorarte.”


10. Jealous Heart - Christie Hennessy
“Oh lovely love, angry face,
I watch you wipe your tears away.
Your mountains high stand so proud,
and the ghost of angels rides your seas.
(Jealous heart).
I hear them calling come on home.”


11. The Sleeping Tiger - de Ron Hardiman, cantada por Paul Harrington-
"Just look how far we've come

with our true colours unfurled.
Warriors, poets and dreamers,
the envy of all the world."

12. Stars of Tears - de Yasunori Mitsuda, cantada por Joan Hogg -
“ And I ask you:
Can we ease the pain of those who lost?
(The course of life goes on).
Can we know the cause of all this sorrow?
(Tears and loneliness)
Can we catch the tears of a broken world?
"

13. Currents - de Miki Higashino... y no sé quién la canta la verdad - “I rest my wings made to soar
But can I fly anymore?
The river, it goes ever on
can heart keep pace
rushing swollen till dawn.
Now, I shake off weariness
And go to meet what I can't guess."

14. Almost Seems Too Late To Turn - Clannad -
“This lonely heart inside me says,
almost seems too late to turn.
What to do if I’m to learn?
Almost seems too late to turn to you.”


15. Ta Muid - de Iain Dunnet, cantada por Charlie
"I fear we have no time,
our hearts entwined,
our lives resigned to
desperate measures of despair."

16. Jalisco Park - Carlos Varela -
Y así tengo enemigos que me quieren descarrilar
haciéndome la guerra porque me puse a cantar
pero pongo la historia por encima de su razón
y sé con qué canciones quiero hacer revolución.
Aunque me quede sin voz,
aunque no me
vengan a escuchar,
aunque me dejen solo como a Jalisco Park”.

17. I am the Wind - de Michiru Yamane, cantada por Cynthia Harrell -
"Through thick and thin
I always win
‘cause I would fight both life and death
to save a friend."

18.
Bright Eyes - Simon and Garfunkel -
“Bright eyes... burning like fire.
Bright eyes, how can you close and fail?
How can the light that burnt so brightly
suddenly burn so pale?”


19. True to Your Dreams - de Michiru Yamane, cantada por Russel Watson
"When life is hard,
And no love enough,
The truth's still calling to be foretold
Be strong, be bold,
Your heart will unfold.
Have strength to love for yourself".

20. Bridge Over Troubled Water - Simon and Garfunkel -
"If you need a friend
I'm sailing right behind.
Like a bridge over troubled water
I will ease your mind."


Bueno, ya sabía que se iba a notar que mis gustos musicales no son la cosa más avanzada del planeta, y que tengo preferencia por la música irlandesa y la de videojuegos.

Para seguir el meme, voy a elegir a diez personas que sé que les gusta la música o que alguna vez han puesto posts relacionados con música en sus blogs. Espero que todavía no se las hayan mandado:

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La casa de Aisling by Laura Michel is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Derivadas 2.5 México License.