jueves, diciembre 17, 2009

Los escritores de ciencia ficción en FIL 2009

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De izquierda a derecha: Larry Niven, Gregory Benford y Kim Stanley Robinson, en la Feria del Libro de Guadalajara, 2009. Foto cortesía del Capitán.

El jueves 3 de diciembre se llevó a cabo en la Feria del Libro una de de las actividades más interesantes y placenteras a las que me tocara asistir: primero, en el Café Literario (un salón pequeñito al lado del pabellón principal de Expo Guadalajara), una mesa de escritores de ciencia ficción, donde estuvieron Larry Niven, Kim Stanley Robinson y Gregory Benford; un par de horas después, en uno de los salones de conferencias, se les unió para una conferencia Mark Z. Danielewski, un escritor que, qué vergüenza para una servidora y acompañantes, no conocíamos hasta entonces.

Yo no soy lectora de ciencia ficción; de eso, supongo, ya nos habremos dado cuenta; a pesar de que ya conocía a los escritores en el Café Literario, al único que realmente había leído era a Larry Niven, y eso hace muchísimo tiempo. Pero fue al mismo tiempo extraño y maravilloso (como cuando lo de Ray Bradbury, supongo) el darme cuenta de cualquier cosa que me hubiera imaginado de este autor por allá en los ochenta era... bueno, se sentía diferente. Larry Niven se sentía como un abuelito, amable, tranquilo, extremadamente lindo, un escritor de ciencia ficción que no desprecia el género fantástico ni los comics, porque ha andado metido en todo. Kim Stanley Robinson... bueno, me lo imaginaba como un tipo de playera punketa o algo así, y resultó ser un señor flaquito, mucho muy serio, de traje y lentes. Gregory Benford, el más académico de todos, fue tal vez el único que respondiera a mis imágenes mentales... y eso a medias. Decidí aventarme ambas conferencias sin el servicio de interpretación simultánea, pero debido a mi poco conocimiento del género y mi casi nula relación con las ciencias exactas (al menos los dos últimos autores mencionados hacen ciencia ficción dura) tuve miedo de no entender la mitad de lo que se dijera. Cosa curiosa, no ocurrió así. La conversación entre los autores fue muy amena, y me encontré de pronto tan cómoda y feliz como en las viejas, viejas pláticas que alguna vez tenía con viejos, viejos amigos enamorados de la especulación y la imaginación. Ya les había mencionado que ésta fue una feria de nostalgias.

Algo que se me hizo curioso (por parte de la presentadora más que nada) fue, tal como ocurrió en la conferencia de Bradbury, ese afán de “justificar” a la ciencia ficción como una forma de “predecir” el futuro. Pero por ahí no va la cosa, como estuvieron de acuerdo los tres autores (por ahí se mencionó la idea conocida de Bradbury de “imaginar el futuro para poder evitarlo”). La única razón por la que la ci fi le ha dado al clavo con ciertos hechos futuros es que sus autores han observado el presente tanto como para darse cuenta de a dónde va la cosa. Y no siempre sucede... ¿quién se hubiera imaginado que el señor Niven no cree que exista el calentamiento global?

Creo que la parte más divertida de la presentación ocurrió cuando el Capitán, para variar, metió una pregunta controversial al asunto... ¿qué opinaban los autores de esos escritores de mainstream que se metían de pronto a escribir ciencia ficción? Me encantó que todos expresaran el mismo sentimiento, o alguno muy parecido, al le pasó a una servidora por las tripas cuando La Carretera de Cormac McCarthy le ganó a 253 de Geoff Ryman el premio Ignotus a Mejor novela en lengua extranjera.

Vamos, dijo Robinson, vamos, ustedes saben que eso no es cierto. Luego resulta que Margaret Atwood dice que ella no escribe ciencia ficción. Y cuando varios escritores “de prestigio” intentan probar suerte con el género (porque piensan que para hacerlo basta meter algún mundo postapocalíptico y naves espaciales en el asunto) y reciben miles de alabanzas por alguna idea sobada, alguna imagen que ya en los sesenta era vieja, o cualquier simpleza a la que cubren de merengue churrigueresco para darle mayor “calidad literaria”, uno se siente defraudado. (Algo como esto fue lo que Ursula LeGuin mencionó sobre una nota publicada en el New York Times cuando falleciera J.G. Ballard. Pero de esto ya les pasaré algo mañana o pasado, si Dios quiere).

Más tarde, cuando Danielewski, un escritor mucho más joven, se unió a los veteranos, una servidora se puso un poquito nerviosa, precisamente por ignorancia. Pero Danielewski despertó el interés de toda la audiencia. Tiene una novela que se llama The House of Leaves que se pinta bastante rara... casi casi diría que se parece a 253. No estoy segura de que sea ciencia ficción o fantasía tal cual, pero de todas formas quisiera leerla. Y, no sé... ¿traducirla? ¿Alguna editorial la habrá comprado ya...? Oh, sueños, sueños, sueños...

Igual, ya les comentaré cuando la consiga (todavía me queda mucho por leer). Mark Danielewski salió corriendo a toda prisa cuanto terminó la conferencia; ni oportunidad de hacerle últimas preguntas o pedirle alguna foto.

El jueves fue uno de los mejores días de la Feria. Y uno de los que más lamenté que terminara.

miércoles, diciembre 16, 2009

Ray Bradbury en FIL 2009

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No es reciente, y le puse algo de montaje porque no tenía mucho que hacer... pero ésta sigue siendo mi foto favorita de Ray Bradbury.

El primer escritor de ciencia ficción para una servidora de ustedes fue Fredric Brown. ¿El segundo? Ray Bradbury, por supuesto. Recién llegada a la secundaria, tuve que “pagar el precio” de leer un libro que me pasó mi hermana con tal de que me soltara las Crónicas Marcianas, Ediciones Minotauro, prólogo de Jorge Luis Borges. Yo ni sabía quién era ese tal Borges. Pero igual me estaba costando trabajo imaginarme al tal Bradbury, aunque algo en el nombre de ambos me sonaba. Pero aun vendría un largo camino qué recorrer... poquito antes de que aquel gran bibliotecario ciego me diera una enorme lección de humildad cuando, por propia iniciativa y no por el programa escolar, decidí tomar por asalto “la lengua de los ásperos sajones”, ya tenía por delante Farenhet 451 y El vino del estío... y creo que fue aquí cuando comencé a sentir de cerca y amar a este señor, a este escritor.

Bien, el primero de diciembre de 2009, pude conocerlo junto con muchos otros lectores, lo más cerca probablemente que podré tenerlo alguna vez, en una pantalla gigante, transmisión vía satélite.

Bradbury tiene casi noventa años; se ve lúcido, pero frágil. Su imagen me recuerda un poco a su propia descripción de la abuelita que se despide en El vino del estío. Esto es muy triste, porque en mi salón de la universidad yo tenía una foto suya de joven, con ojotes soñadores y cabello rubio; los ojos, hasta eso, no han cambiado, pero cómo me gustaría que el señor tuviera la misma fuerza que la abuela, que no necesitara silla de ruedas.

Junto a él está Sam Weller, su biógrafo. Se nos dice que hay cámaras que nos apuntan y que el autor nos está viendo; ¿será cierto? No parece. Entonces la gente comienza a aplaudir y a gritar; el anciano escritor se mueve y esboza una media sonrisa. Y ahí desaparecen las preocupaciones.

Weller lleva la conversación, pero Bradbury habla hasta por las orejas, con un buen humor contagioso y reconfortante; se pone a platicar sobre todo anécdotas (algunas las conocíamos; otras no). Ya sabíamos que había estado en México (varias de sus historias lo dan a entender), pero no que se había hospedado en el Hotel Fénix de Guadalajara; que había escrito el guión de Moby Dick de John Huston, pero no que lo había hecho creyéndose, literalmente, Herman Melville; que había tenido contacto con bastantes escritores de ciencia ficción, pero no que hubiera adoptado a Leigh Brackett como maestra.

El que pensara que la ciencia ficción dura no tiene corazón ya nos lo olíamos, al igual que la filosofía de vida que este visionario del walkman ha seguido, y se nota, con tremenda fidelidad: hay que amar lo que uno hace, y hacer lo que uno ama.


Fue una tarde deliciosa; sigo juntando pruebas de que mi teoría según la cual una persona querida, aun a la distancia, puede entibiarle el corazón a uno. Siguió una ronda de preguntas, y aunque Bradbury no respondió con el detalle que me hubiera gustado a la mía (sobre su editor argentino, Paco Porrúa) un par de cosillas no se me van a olvidar de la última parte de la sesión: que le envió un beso al público, y que dijo algo que arrancó aplausos a los presentes: “Si alguna vez hubiera personas que no crean en ustedes y los manden a volar, díganle que Ray Bradbury dice que se vayan a volar ellos”.

Voy a tomar en cuenta el consejo, por Dios que sí.

domingo, diciembre 13, 2009

Recuento de la FIL 2009

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La gigantesca pantalla interactiva de autores y citas, y un extremo de los globos-pantalla en el stand de Los Ángeles, ciudad invitada de la Feria del Libro; de nuevo, foto cortesía del Pere; ¡gracias!

Por lo general, el fin de la Feria del Libro es, para una servidora, el principio de la depresión navideña, pero este año me las voy a arreglar para que eso no ocurra. Siempre que se acerca la Feria me pongo de nervios... que si habrá dinero suficiente, que si me voy a sentir mal para variar porque aún no cumplo mi sueño de dedicarme a escribir... y resulta que en los días que dura me siento en las nubes, flotando y colgada de una alita de frágil felicidad. Lo mismo me pasa cuando se acaba un año viejo: lamento el que acaba de terminar, sólo pienso en las pruebas por las que he pasado y me amargo sola los buenos momentos.

Como sea. No voy a repetir, para variar, que este año estuvo difícil, porque todos lo han estado desde que tengo memoria de adulta. ¿Y qué? Ya les contaré qué tengo en mente. Por el momento sólo puedo adelantarles que, según se vayan terminando los compromisos laborales, iré subiendo a la casa de ustedes montontes y montones de posts atrasados; algunas reseñillas, comentarios, una traducción por ahí; esas cosas. Pero, para que no me pase lo mismo que el año anterior (muchas crónicas de la FIL 2008 se me quedaron en el disco duro) iré alternando cuestiones más o menos antiguas con otras más recientes.

En esta FIL hubo montones --eso es; montones-- de actividades estupendas, más que las compras (mi cartera, de hecho, sufrió muchísimo menos de lo que me esperaba, a pesar de que el mérito no es todo de mi templanza, sino de mis papás, que me regalaron los libros más caros. ¡Gracias, qué geniales son!). Hubo la videoconferencia de Ray Bradbury, la mesa de escritores de ciencia ficción, la presentación de las novelitas de Shakespeare del especialista en el tema Martín Casillas, el encuentro con varios escritores jóvenes y el reencuentro con viejos amigos. De todo ello, espero, les pondré una crónica; esta vez intentaré ser puntual.


Por lo pronto, ¿quieren un adelanto de las habas que se estuvieron cociendo en la feria? He aquí algunas frases memorables:

* * *

“Se nota que otros crecen”.

Melancólico suspiro del Capitán, en la mesa de ciencia ficción en el Café Literario, con respecto a la ausencia de montones de amigos y examigos que en otro tiempo hubiera hecho multitud ahí. No es cierto, Capitán. Crecer no es lo mismo que botar las raíces.

* * *

Aisling tratando de conseguir libros de la colección de fantasía de Ediciones Berenice, en el stand de Urano:

Aisling: Disculpe, ¿libros de Berenice?
Señorita: ¿Uhhh?
Aisling: De Ediciones Berenice.
Señorita: ¿Uh? ¿Qué libro buscaba?
Aisling: Lo que tenga de Ediciones Berenice.
Señorita: ¿Uh?
Aisling: De Ediciones Berenice.
Señorita: Ah. (Después de ir hacia un exhibidor que tenía alguna cosa rara de psicología, y no precisamente de Berenice).
Tenemos éstos.
Aisling: Mmmmm... No, éstos no son de Berenice.
Señorita: ¿Como qué libro buscaba?
Aisling: Libros de Diana Wynne Jones.
Señorita: Uhhhh... no, no los manejamos.
Aisling: Los tiene Ediciones Berenice.
Señorita: ¿Uhhhh? ¿Es una editorial...?

* * *

Vuelven a la carga los muchachos vestidos de amarillo en el stand de Gandhi:

Muchacho de amarillo (tras solicitarle un título): “Pregúntele a la chica de amarillo; ella sabe”.

* * *

En una presentación del libro El Creador, de una escritora mexicana jovencita, Andrea Chapela:

Aisling: ¿Qué de atractivo podría tener tu libro para un lector de fantasía adulto?
Andrea Chapela: No sé... tendría que ser adulta...

Una respuesta inteligente, supongo. El problema es que Andrea tiene 19 años. Pero igual no creo que lea mucha fantasía.

* * *

“Nos vamos a esperar aquí sentadas. Papá no se cansa”.

Mamá resignada a su hijita, frente al pasillo de las editoriales universitarias.

* * *

Nuestro amigo G. al conocer a Larry Niven.

G: Perdón, ¿es usted Larry Niven?
Larry Niven (palpandose los brazos): Sí... creo que sí.

* * *

El promocionar un libro con la ropa o los accesorios puede ser contraproducente:

“I’m a regular bitch.”
Inscripción en la playera de una señorita de Planeta.

“Tiene derecho a permanecer callado”.
Playera de un señor de Planeta que, en el stand, respondía a las preguntas de los clientes.

“Pregúntale a Silvia”.
En el botón publicitario de una señorita en la sección de consultas de Ediciones B.

* * *

A la espera de la venta y firmas de libros del señor Casillas, y frente a un montó de gente que esperaba a Gaby Vargas:

Aisling ¿Sabe quién más va estar firmando aquí?
Señorita del stand de Santillana: Pues... creo que el autor de Romeo y Julieta, pero no sabría decirle con seguridad...


* * *


Por lo pronto, esto es todo. Esperen un poco de crónicas y actualización antes de las vacaciones.

Nota: Para ver las frases memorables del año pasado, vayan a la última parte de este post.

sábado, diciembre 05, 2009

Hallazgos y recomendaciones de FIL 2009

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Un alebrije en el stand de Artes de México, para variar el más bonito de la feria; foto cortesía del Pere, que me hizo el favor de acompañarme los primeros dos días.

Esta vez no he sido fiel y constante en cuanto a mi crónica de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. ¡Ay, lo siento muchísimo! Mi trabajo no ha cesado en todo este rato y he estado moviéndome al ritmo de compromisos (aunque, déjenme que les diga, he estado aprovechando bastante bien algunas de las actividades que la FIL ha tenido que ofrecer). Ya les iré contando poco a poco cómo estuvieron, y espero que salga alguna que otra lecturita interesante.

Por lo pronto, lo básico... con toda rapidez la presentación y los hallazgos y recomendaciones de lo que se puede encontrar; espero que puedan utilizar esto siquiera para el fin de semana que queda, y mil disculpas, también, si esta vez no soy tan meticulosa como lo he sido en años pasados con respecto al número de los stands. Pero tendré cuidado en señalar las áreas, y en la feria le dan a uno mapas para guiarse; con ellos no tendrán mayor dificultad.

  • La ciudad invitada en esta ocasión es Los Ángeles, y el pabellón principal tiene bastantes libros a precios accesibles; la mayor parte se trata de novelas, cuentos y poesía de diversos autores, pero también hay ensayos y estudios de universidades; alguno que otro de los títulos está en español. Hay un libro de antropología escrito por Theodora Kroeber, la mamá de la autora de fantasía y ciencia ficción Ursula K. LeGuin, y un estudio de la universidad de California, The Frodo Franchise, sobre la comercialización de las películas de El Señor de los Anillos y todo lo que se estuvo moviendo alrededor.
  • En Ediciones SM hay algunos libros de los géneros de autores jóvenes como Laura Gallego y Ángel Zuaré; repitieron lo que han estado trayendo en dos años, y entre otras novedades hay una mesa de diccionarios muy interesantes.
  • Editorial Océano es quien trajo esta vez libros de Factoría de Ideas; hay uno nuevo de Jonathan Carroll, Los dientes de los ángeles. Este autor me encanta, pero los precios de Océano están bastante horribles: entre 300 y 400 pesos por libro. En el mismao stand agonizan lentamente los libros de Harry Potter, que ya casi no se mueven.
  • Grupo Santillana, distribuidor de Altea, Taurus, Aguilar y Alfaguara, sigue haciendo su agosto con la porquería ésa de Crepúsculo, de Stephenie Meyer; para mostrar que los vampiros están de moda, también tienen Nocturna, de Guillermo del Toro, que las buenas lenguas (la del Capitán Quasar, para ser exactos) me han dicho que debería llamarse CSI Vampiro o algo así.
  • Ediciones Urano tiene Orgullo y Prejuicio y Zombies, la parodia de Seth Grahame-Smith sobre la novela de Jane Austen. Tiene buenas recomendaciones por parte de Amazon; cuando el dinero lo permita les contaré qué tal está. Ahí también se encuentran los libros de la jovencísima escritora mexicana Andrea Chapela, La heredera y El creador; más sobre el asunto después. Con muchísimo trabajo conseguí sacarles un libro de la colección de fantasía de Ediciones Berenice, que publica a Diana Wynne Jones, pero como era de otra escritora jovencita y desconocida a un precio descomunal, tampoco me lo quise comprar.
  • Editorial Planeta trajo las mismas ofertas que los últimos dos años, y en el mismo stand se pueden encontrar ediciones diferentes de los mismos libros a casi 300 pesos de distancia; mucho cuidado, sobre todo si quieren los libros de Terramar de Ursula K. LeGuin, que les intentarán vender a casi 800 pesos y que en el estante opuesto están como a 200 y pico. Para aprovechar la conferencia virtual de Ray Bradbury se surtieron del autor; también aguas con las diferencias de precios. Y muy tarde (a media feria; yo no entiendo qué estarán pensando) trajeron la edición bilingüe de Sigrid y Gudrun, de J.R.R. Tolkien, que, en un giro de veras impresionante a las mediocridades y metidas de pata que la editorial ha estado cometiendo en los últimos años, tiene una traducción de Rafael Marín Trechera, un escritor y traductor con experiencia de al menos veinte años. Bien por ello. Eso sí, al nada económico costo de 328 pesos, pero ése era el libro que esperaba de la feria.
  • Lo que me había contado el Pere era verdad: hay una nueva edición de Staurofila de Ediciones Éxodo; así que este libro maravilloso se ha vuelto una vez más fácil de hallar. Fantasía mexicana de calidad y a muy buen precio; consíganlo. Está en la Parroquial de Clavería, pero justo en frente, en el stand de su propia editorial cuesta 30 pesos menos. No se dejen espantar por el horrendo subtítulo que le pusieron en la portada: “novela para jóvenes católicas”. Si no son jóvenes, ni chicas, ni católicos les va a gustar de todas formas. La Parroquial vuelve a traer su colección de novelitas juveniles, muchas del género fantástico, a 7 y 10 pesos, con Doneval y Favila a la cabeza.
  • En el stand de Conaculta está el librito adaptación de Beowulf que les comenté alguna vez. Ahí también, medio escondida, está la excelente película de terror Veneno para las hadas, de Carlos Enrique Taboada; no acepten imitaciones.
  • Ediciones Azteca, en el área internacional, trae varios libros de fantasía gótica de Valdemar, recopilaciones de Corto Maltés de Hugo Pratt y de The Spirit de Will Eisner, la novela gráfica Persépolis, algunos títulos de Neil Gaiman y libros de ilustraciones; todo ello a precios PROHIBITIVOS desde los 400 a los 800 pesos. Pero tienen también varios libritos clásicos y manga en español mucho más accesibles.
  • Ahora, si quieren libros de fantasía y ciencia ficción mucho más baratos, vayan al stand de los libros de bolsillo, en el extremo izquierdo de entrada al área internacional. Desde El Señor de los Anillos hasta el primer volumen de Canción de Hielo y Fuego, a precios entre 100 y 200 pesos.

Espero que estas tardías recomendaciones les sirvan un poco. Y ahora, si me permiten, tengo que huír; compromisos de nuevo.

domingo, noviembre 29, 2009

Reseña de libro: Espejismo

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Espejismo
Louise Cooper
Editorial Timun Mas


Lo bueno: Otra buena historia de personajes.

Lo malo: Es DIFICILÍSIMA de hallar, incluso en el original.

Calificación: * * * *

La antigua Haven, una ciudad amurallada en la costa, se halla amenazada por la gente del mar y su líder, la reina bruja Calthar. El príncipe DiMag, que gobierna la ciudad, no tiene idea de lo que su esposa, la princesa Simorh, quiere hacer: ella, con su magia negra, invocará a un poderoso héroe del pasado, un gran guerrero que podrá defenderlos de sus enemigos. Ese héroe, Kyre, a quien la leyenda llama el Sabueso del Sol, consigue materializarse frente a la princesa, y DiMag acepta a regañadientes el plan de su mujer. Pero hay algo que Simorh no había considerado: Kyre ha estado muerto por demasiado tiempo, y no puede blandir ni siquiera un tenedor; la sangre le provoca náuseas y hasta sus pasos son torpes.

De nuevo sin recursos, Simorh y DiMag están por caer en la desesperación, y no tienen mejor manera de mostrarlo que con pleitos, insultos y humillaciones mutuas. Pero aunque Kyre no esté físicamente tan bien, su mente está lo bastante entera como para darse cuenta de que, en medio de los problemas, nadie parece advertir una pena privada, pero muy dolorosa: la de la princesita Gamora, que sufre al ver que sus padres se distancian cada vez más; antes que Haven, la familia real se está derrumbando. Tal vez no pueda librar a la ciudad con un solo tajo de su espada, pero todavía puede escuchar. Y consolar. Y quién sabe, hasta hacerla de terapeuta matrimonial.

Pero Calthar no se va a estar quieta: ella también ha hecho algo de invocaciones por su parte, y lo que consiguió podría derrotar a Kyre sin mover un solo dedo.

Como ya se habrán dado cuenta si han leído las reseñas anteriores de la semana, lo que hacía tan especial a las obras de Louise Cooper era que partían de un lugar común y de ahí llevaban a sus lectores a donde menos se lo esperaban. En sus historias, los clichés se rompían de una manera deliciosa. Pero su fuerza, tal y cual, residía más que nada en sus profundos, cuidadosamente desarrollados personajes, que conseguían hacer que un mundo de fantasía se sintiera real y próximo.

Recomendaciones: Paralectores de fantasía que busquen un trabajo maduro y bien hecho.

Abstenerse: Si buscan acción; nuevamente, no hay mucha por acá (la cosa se acelera casi al final de la novela). Si no les gustan las historias con personajes complejos, mejor lean a Cornelia Funke.

Y así llegamos (ya sé que todo ha sido muy apresurado) al final de la semana dedicada a la escritora de fantasía Louise Cooper. El vacío que ha dejado en el género sólo es comparable a las gran aunque discreta aportación de su obra. Espero que les haya gustado, y les haya motivado a leerla, si no la conocían, o a releerla, para que recuerden y como una servidora puedan decir algo así como “Gracias, señora Cooper. Gracias, Louise. Lo siento, lo siento muchísimo”.
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