lunes, abril 14, 2008

El primer Meme

Muy bien... añares después, pero aquí está la respuesta a la invitación que me hiciera Pepe Saucedo en su Espacio de la Omnipresente Chela: un meme (chismógrafo bloggero, creo) que tiene como objetivo, supongo, soltar una cadena de visitas. Me agrada la idea, porque apenas hace como semana y media que entré en contacto con los meme, y los que he visto ya me han hecho visitar blogs interesantes con los que nunca hubiera dado. ¡El universo en línea es demasiado vasto!

He aquí mi cuestionario, resuelto.

1. ¿Cuánto tiempo llevas como blogger?
Me registré con el proveedor Blogger en 2005, pero la verdad es que no le moví nada de nada sino hasta finales del 2007. No tenía la menor idea de cómo hacer un blog.

2. ¿Cómo te diste cuenta de la existencia de los blogs?
Fue por G., mi esposo, alias Capitán Quasar. No sé de dónde sacaría él la idea, pero se embarcó a montar su blog con tanto entusiasmo que me despertó la curiosidad. Para entonces, yo había visitado ya algunas páginas que, no me daba cuenta, eran blogs.

3. ¿Qué es lo que más te gusta de tu blog?
Que en él puedo hacer lo que más me agrada, que es escribir, con completa libertad. No es lo mismo que publicar en un periódico o revista, pues aquí puedo escoger el tema del que quiera hablar, ponerme tan personal, exagerada o friki como quiera; no limitarme con la extensión de los textos y darle rienda suelta a mi perfeccionismo, al editar una y otra y otra vez. También me gusta mucho que lean lo que escribo.

4. Recomienda cinco blogs que visites regularmente.
Cinco son muy poquitos, pero échenle un ojo a mi lista, aquí a la derecha. Hay de todo y para todos (bueno, más o menos… mis gustos son peculiares).

5. ¿Eres lector anónimo de algún blog?
No por costumbre; prefiero dejar opiniones y hacer preguntas. Pero para curarme la bronquitis y reírme un poco de las desdichas propias y ajenas, me meto al Club de la Paja… ahí sí que no escribo porque nunca sabe uno cómo le van a responder.

6. ¿Algún Blog que te despierte especial simpatía?
El Pejeblog. Es irreverente, políticamente incorrecto hasta el cansancio y sobre todo no se toma muy en serio.

7. ¿Con qué cinco Bloggers te irías de fiesta?
No suelo ir a fiestas, pero a una reunión tranquilita me gustaría invitar a todo el universo blogger de Toluca que me he encontrado en internet, y, lástima que con mucha menos frecuencia, en la vida real. Nada mejor que pasar una tarde completa hablando de Tolkien y de los videojuegos.

8. Recomienda una herramienta de internet:
Si tienen Mac y han tenido broncas para ver videos, el VCL Media Player puede reproducir cualquier cosa. Mejor que el Quicktime.

9. Recomienda un vídeo de especial interés:
Vean la canción del gatito malo. Es un clásico instantáneo.

10. Elige entre cinco Bloggers para que contesten estas preguntas en sus blogs.
A ver… a alguien que sé que le va a pasar estas preguntas a más personas, o que se va a divertir, aunque sea tantito, respondiéndolas: Kitsune, Genma, Pei, Pere y Axel.

¡Y todo listo!

domingo, abril 13, 2008

Picnic familiar


Esta preciosa fotografía del profesor J.R.R. Tolkien, su esposa Edith y sus hijitos John, Christopher y Michael en el jardín de su casa, era lo que pensaba subir para el pasado 25 de marzo (que se ha denominado el día mundial de lectura de Tolkien). Pero ya ven las cosas... sin mi computadora “Shu II”, actualizar el blog se ha vuelto complicado (“Shu” hace lo que puede, pero por lo pronto ello se limita a ayudarme a escribir), y me he estado tardando, más de lo que quisiera.

Estoy haciendo propósito de enmienda; mi “Shu II” (y muchas gracias a todos por sus buenos deseos y consejos) ya está en franco camino de recuperación, me dijeron; todavía le falta una pieza que le han tenido que encargar (sí, los viejos hábitos de Mac México no van a cambiar en un buen, buen rato) pero si Dios quiere me la regresan la semana que entra. Estoy segura de que se va a tardar en recuperar todo su potencial (mis programas ya los estoy dando por perdidos), pero la pondremos a trabajar, y esta fotografía (que incluye dos elementos clave: niños y Tolkien) queda bien como introducción para algunos escritos que planeado aquí. Supongo que ahora que se los estoy comentando, no hay forma de echarse para atrás.

Primero, como extra, estarán las respuestas a dos meme (algo así como un chismógrafo en cadena de blogs) que me enviaron Pepe Saucedo de El espacio de la Omnipresente Chela y Fëaluin de Profundamente Azul, y, entre algunos textillos independientes, un par de especiales de esta temporada del año.

Abril es el mes del niño... bueno, es lo que nos bombardean desde los medios de comunicación. En mis tiempos había un solo día del niño, y era el último del mes. De todas formas, estoy preparando dos textos al respecto: uno sobre los niños de nuestra época, y otro sobre los niños... que son adultos.

Para una servidora, abril también es el mes de Tolkien; fue el mes donde me enteré por primera vez de la existencia de El Señor de los Anillos y en el que, siete años después, comencé a leer el libro. Para conmemorarlo, voy a subir aquí la versión corregida y levemente aumentada de un escrito en once partes llamado “Veinte años antes y después”, que estuve publicando en la lista de correos de la Sociedad Tolkiendili de México. Ahí, no llegué a terminar (culpemos a la falta de entusiasmo; mía, no de mis lectores que nunca dejaron de apoyarme), pero tengo todas las intenciones de hacerlo en el blog, los jueves a partir del 24 de abril, a pesar de que ya van a ser VEINTIDÓS años desde que empezara mi libro favorito. Será mejor, creo, y también podré añadir algunas ilustraciones bonitas o fotografías.

Muy cerca de la fecha, me están programando una conferencia sobre Tolkien para un evento cultural aquí en Jalisco; les pasaré la información completa según se acerca la fecha por si se encuentran cerca y gustan asistir.

Pronto estaremos a tono; les agradezco su paciencia y sus visitas.

miércoles, abril 02, 2008

Perra vida maquera


Escribo estas líneas desde “Shu”, mi vieja y casi, casi destartalada Ibook G3 azul, que en las últimas semanas ha desempeñado de forma brillante su papel de compañera y sustituto de su hermana menor “Shu II”, de raza Ibook G4, dejada el día de hoy en las garras de un nuevo técnico no muy amable. Escribo, decía, para honrar a la fiel “Shu”, que seguramente percibe, muy adentro de sus inanimados circuitos, que siempre me avergonzó mostrarla en público por su forma de conchita, y que pese a ello y a tener descompuesto el cd-rom (lo cual impide que se le haga funcionar cualquier programa de diagnóstico y reparación a su ya endeble sistema operativo), se aventó la tarea de estar conmigo durante toda la traducción de 253 de Geoff Ryman, las más de 500 páginas de guión de la novela gráfica que estuve sacándome de la cabeza (porque estorbaba) en el mismo período, infinidad de exámenes, cartas y escritos de desecho, y muchísimas cosas más que no tuvo problema en guardar en sus apenas tres gigas de memoria.

Y también para desahogarme un poco de la angustia que me produce no saber qué suerte correrá la hermosa “Shu II”, y para platicarle a quien se deje que su ausencia, la ciruela en un bizcocho de amarguras, me tiene muy, muy desdichada.

¿Quién me manda seguir metida con las Mac, si cuando fallan (una vez cada cinco o seis años, la verdad sea dicha) me dejan en medio de las peores lágrimas, las que se vierten a solas? ¿No sería más fácil conseguirme una PC que no comprendiera nada, pero que al menos fuera más susceptible a la piratería y a la asistencia técnica no autorizada, y tuviera suficientes antivirus para cuidarse de todas las otras susceptibilidades?

Bueno... Si me tienen un poco de paciencia, intento dar con la respuesta. Lo que sigue es una historia de amor. Y desesperación, también.

Mi primer contacto con un salón de computadoras fue en la preparatoria (algo tarde según los cánones actuales, supongo). Ahí me tocó conocer a la abuela de las Mac, la computadora Apple Lisa (fea como el demonio, por cierto), e hice mis primeros pinitos de procesador de texto en una voluminosa Apple II. Poco después, cuando mi grupo llevó clases de computación y nos obligaron a trepar a las PC para aprender programar Basic, que nunca nos sirvió para maldita la cosa, llevaron unas seis Macintosh al lugar. Nuestras clases no las tenían contempladas, así que una hora de las mañanas se gastaba en mirarlas a lo lejos, con su pantalla diminuta, su curioso sistema gráfico y esa cosa tan rara llamada mouse. En la tarde, sin embargo, las encantadoras maquinitas tenían cola para hacer las tareas. Recuerden, por favor, que estamos hablando de los tiempos donde no era común que un estudiante tuviera una compu en casa.

Tras haber probado ambas, lo tenía bien claro: odiaba a las PC, adoraba a las Mac. Aunque fuera para experimentar, me encantaba pasar el rato escribiendo en ellas, cambiando los tipos de letras de los textos, entreteniéndome con los primitivos videojuegos (aquel Dark Castle era fenomenal) y hasta dibujando. Una vez hice, a fuerza de puro mouse y en MacPaint, un dibujo de un hombre desnudo del torso para arriba, que se aferraba al mástil de un barco destrozado por la tormenta y alcanzaba a avistar, por encima de las nubes, una especie de castillo mágico. “El Vigía”, lo titulé, por una canción de Silvio Rodríguez que me daba por identificar con Tolkien ("Agua me pide el retoño que tuvo empezar amargo. Va a hacer falta un buen otoño tras un verano tan largo. El verde se está secando y el viento sur se demora; pero yo sigo esperando que lleguen, cantando, la lluvia y mi hora [...] Yo sólo soy un vigía, amigo del jardinero").

Cuando se discutió en mi casa la posibilidad de adquirir una computadora, yo sugerí una Macintosh. Mi familia en conjunto se opuso, no sé si porque presentían las dificultades, o porque un conocido era vendedor de PC y los estaba convenciendo de la única ventaja que entonces se les veía a este tipo de máquinas: que podían modificarse, según eso. La discusión duró lo suficiente para que no se adquiriera compu alguna los siguientes tres o cuatro años. Entonces fue cuando dejé mi hogar para ir a la universidad en Guadalajara, y no sentí que necesitara más que mi máquina de escribir portátil Olivetti.

Hacia mediados de la carrera, mis papás me regalaron una preciosa Macintosh Classic (fue durante muchos años la única compu propiedad de mi familia, y me tocó usarla porque yo era la universitaria y, supuestamente, quien más la iba a necesitar). Esta linda máquina, que llamé “Scotty” en memoria de una inolvidable escena de la película Star Trek IV, acogió mis primeros trabajos en equipo, tareas, y la captura de mis manuscritos.

“Scotty” no falló jamás. Tenía apenas 10 megas de memoria en disco duro, y eso era mucho, si uno toma en cuenta que las primeras Macintosh no contaban con esas facilidades, y el sistema operativo, los programas y archivos cabían totalmente en un floppy. Cuando mis papás vieron que la relación iba en serio y que el trabajo de la escuela (y otros) ameritaban la portatibilidad, me compraron una PowerBook 150, de disco floppy externo y 30 interminables megas de memoria. Ésta se llamó “Geordi”, y entre otras maravillas, traía precargado en sus tipos de letra el alfabeto fonético internacional; resultó estupenda para varios trabajos y también para mi tesina.

“Geordi” viajó en mis rodillas en mi primer cruce del Atlántico, en el 93, y se quedó allá para auxiliar a mi hermana con sus estudios de maestría. Fue el inicio de sus desgracias; regresó a mí con la batería quemada y varias fallas en la tarjeta madre; mi hermana no sabía cómo apagarla. Pero siguió trabajando conmigo en mi primer empleo permanente de traducción. Lo único lamentable es que el fallecimiento de su disco duro se llevó por lo menos dos relatos que jamás pude recuperar.

La despedida de “Scotty”, vendida y cambiada por otra compu, fue triste, pero en su lugar llegó “Scotty II”, una Performa 5200 con un detalle que jamás había visto en una computadora: pantalla a color. “Scotty II” era tan llamativa que tenía fascinada hasta a mi gatita S., que le ronroneaba y gustaba de echarse junto a ella. “Scotty II” albergó mis estudios de maestría y mis primeros archivos de clases; ayudó en algo para la edición de mi fanzine y me descubrió juegos y animaciones hechos por otros usuarios maqueros.

Entre la época de “Scotty” y “Scotty II”, mis roces con el mundo de las No-Mac se estaban comenzando a volver incómodos. Nada pedía yo más que se me dejara en paz con mis preferencias computacionales, pero rara vez ocurría. Ahí estaba el caso de un estudiante de computación que no cesaba de insultar diciendo que las Mac son para personas que no saben manejar una computadora (así es; ¿y?); después, muy pagado de sí mismo encendía una PC en modo OS 2... y se quedaba sin saber qué hacer. Como él, muchos más le reprochaban a las Mac su facilidad de uso, su comodidad y sus nulas complicaciones. Unos años más tarde, estas mismas personas que les menciono no podían vivir sin el primer Windows.

Mucho antes que aparecieran los PDF, las Mac como ya tenían su propio programa de creación de archivos parecido, FileMaker, creo que se llama. Con este programita hice mi primer libro electrónico, un recetario de sushi con diagramas y dibujitos.

Como sea, algo de lo que “Geordi” y “Scotty II” tuvieron que sufrir desde un principio fue lo que ha terminado por convertirse en la maldición de las Mac en México: servicio técnico escaso y caro, y la imposibilidad de encontrar refacciones a precios decentes. Pero de eso más adelante.

“Scotty II”, conectada a un módem externo, fue también mi primera experiencia con el internet, vía telefónica, tal vez lento pero muy agradable. No hablemos de ver videos y descargar música, porque eso todavía no estaba ampliamente difundido; pero por cuenta de “Scotty II” corrieron amistades vía carta, lectura de cuentos de otros escritores aficionados, mi primera página web y las primeras compras en línea de libros y discos.

Todo iba bien con ella, hasta que le pusieron un disco duro de mayor volumen, pero menor calidad. El estúpido disco se dañó lo suficiente para causarme una depresión leve y descenso en mi desempeño laboral. Sí, se perdieron varias cosas valiosas en el proceso. Lo que más hubo que lamentar, creo yo, fueron dibujos y escritos que me enviaron mis corresponsales de internet, y el borrador de una novela de vampiros (no, no la misma gata de toda la vida; uno de los personajes vampiro era un aferrado videojugador) que en conjunto escribíamos un amigo y yo.

Antes de que a “Scotty II” le fuera confiada la tarea, que aún no le dan oportunidad de cumplir, de enseñarle a mi mamá a no tenerle miedo a las compu, una nueva amiga llegó a reemplazar a “Geordi”; “Shu”, la Ibook G3 desde donde ahora escribo. No me quedé sin máquina de escritorio; mi hermana decidió abandonar a las Mac por la paz y me tocó heredar su vieja Performa 6200, gabinete y pantalla aparte. Esta máquina, “Scotty III”, aún sigue en mi antigua mesa de trabajo, y la verdad que se la pasa de vacaciones; trabaja sólo en los veranos y para la universidad de Arizona. También guarda íntegro el contenido de “Scotty II”. Uno de estos días estrenará una tarjeta Sonnet y nuevo sistema operativo; y lo lamento, pero habrán terminado las vacaciones.

Y así llegamos a mi tercera y última laptop, la blanquita “Shu II”, que conseguí usada y a un precio de regalo por eBay, tras una larga lucha de subastas con otra persona que también la quería. Todavía sin el nuevo procesador que les han metido a las últimos modelos de Mac (irónicamente, el Intel de una PC), es más rápida que una Hewlett más joven, y me ha sacado de más de dos o tres dificultades. Completamente compatible, puede leer sin dificultades archivos de PC, aunque las PC todavía no se molesten en leerla a ella. Ningún problema, hasta que en diciembre pasado se averió su adaptador eléctrico (y eso sólo porque alguien más hizo oídos sordos a mi “Espérate, cuida--” y se llevó el cordón, ahora sí, de corbata). Su batería usada dio guerra un rato, y después sin mayor inquietud le compré una genérica que salió muy buena y costó una cuarta parte de la que querían venderme en Mac México.

Mac México... por qué será que el nombrecito me sigue dando mal sabor de boca... tienda por internet, distribuidores exclusivos, blah blah blah. En México ha habido Macs desde hace un rato, pero hasta hace relativamente poco la compañía volvió los ojos, oficialmente, a este lado del tercer mundo. Como les insinuaba, no crean que esas son realmente buenas noticias.

Las Mac arrastran el mismo problema que la iglesia católica: ambas tienen la reputación echada a perder por culpa de algunos contados idiotas. De esos contados idiotas, y en ambos casos, a ninguno detesto más que a los que se sienten tocados por Dios, y miran al resto del universo como seres inferiores que tendrán que trabajar duro para entrar en su muy exclusivo “club”. En el caso particular de mi país (y ahora sí enfoquémonos a la cuestión de las Mac), existe la idea, muy bien justificada por actitudes idiotas (pues por cada contado idiota podemos desplegar un abanico de actitudes) de que estas computadoras son artículos de lujo y que solamente un mínimo sector de la población puede acceder a ellas.

Es idiota que los centros de servicio y de distribución de Mac sean tan pocos. Es idiota que los precios de accesorios sean tan elevados. Es idiota que el costo de una Mac en las tiendas oficiales sea el doble y a veces el triple que el de una PC. Es idiota que se piense que las Mac son sólo para diseñadores; hay algunos que jamás las usan, y otras personas, como yo, que trabajamos muy lejos de ese campo y las preferimos. Es MUY idiota que las mismas compañías que la distribuyen le hagan creer a sus clientes que cada dos o tres años deben cambiar su computadora y gastar como si el dinero no se les fuera a acabar nunca. Es MUCHO MUY idiota que se vendan las Mac como máquinas completas, que no tienen posibilidades, en algún momento dado, de modificarse o armarse al gusto. Es SOBERANAMENTE idiota que en México no haya refacciones y partes de Mac a la venta, y que si uno necesita algo, tenga que conseguirlo sobre pedido, a un precio que aumenta de intermediario a intermediario, de comisión en comisión.

Santo remedio. Bajo esos lineamientos tengo que vivir, como maquerita convencida que soy. Nunca me ha gustado nadar contra corriente; lo que sucede es que tengo una suerte con los ríos de la vida... Supongo que si me hubiera tocado vivir en la revolución cristera, a lo mejor ahorita me encontraría entre la nueva colección de mártires mexicanos, yo que no tengo vocación ni mucho menos. Antes que nada las preferencias.

Las dificultades graves con “Shu II” empezaron un par de meses después de haber resuelto el lío de su adaptador. La pantalla se congelaba cada determinado tiempo y determinadas aplicaciones. Caminé por la calle de la amargura durante tanto tiempo que mis pies deben estar en carne viva y ya no siento nada. Por instinto decidí que había que conseguir herramientas de autodiagnóstico (mi Mac usada no venía con discos de sistema) y reparación; esto solucionó las cosas, pero a medias. Para evitar males mayores, la llevé a revisión a un servicio de laptops que me recomendaron. Más o menos después de un mes (¡ufff!) de pruebas y más pruebas, me la regresaron con la noticia de que no podían arreglarla, y, para acabarla de amolar, con un ruidito en el disco duro que antes no tenía. Tuve que doblar las manos y llevarla a un centro “autorizado” por Apple. En este lugar, el departamento de servicio me recibió con las nuevas de que tal vez habría que reemplazar mi disco duro, porque, afirmó el ingeniero poco amable que me la recibió, los discos duros de Mac tienen una vida útil de sólo dos a tres años (¡vaya mentira! “Shu”, aquí presente, tiene cerca de siete años; su hermana de escritorio más de diez, y a ninguna le ha fallado el disco), y que si alguna vez planeábamos reparar el cd-rom de “Shu”, a ver cómo nos iba, porque ya no era posible conseguir refacciones para este modelo de Mac (¡otra mentira!). No de muy buena gana, pero ahí, con la promesa de un diagnóstico en dos días, dejé a la pobre, enfermita “Shu II”. En las manos de un ingeniero que inmediatamente le echó una mirada de desprecio por ser una máquina “viejita”. Vivo en México. Para las Mac, así son las cosas aquí.

Y, entonces, así está la situación. Soy usuaria de Mac y tengo dificultades. No constantes ni mucho menos, pero cuando suceden, me siento extraordinariamente sola. No tengo la mentalidad (ni el dinero) para convertirme en maquera mexicana típica con la idea de “si se descompone pues la tiro y me compro la última generación”. Me gustaría que en mi país los usuarios de Mac y de PC tuviéramos, como en otros lugares, las mismas oportunidades de reparar, aumentar, modificar, intercambiar accesorios y seguir adorando a nuestra propia máquina, sin que hubiera tan marcado racismo. Que utilizar un sistema operativo y una máquina en particular fuera cuestión de preferencias y no de alcances monetarios. Que me dejaran en paz con ello; yo nunca he fastidiado a mis amigos PCeros con que se cambien a Mac. Que los técnicos de Mac aquí fueran un poco más capaces, y más amables. De preferencia, ambas cosas a la vez.

Sobre todo, quisiera que las palabras de apoyo y consuelo que uno siempre busca en las dificultades no contuvieran, en este caso mío, ninguna variante ya sea furiosa, irritada, burlona, compasiva, sangrona, envidiosa, sarcástica, siniestra, inclusive bienintencionada, de la frase “¿por qué no te compras una PC?”. Pero, les digo, esa clase de bondad no es algo que pueda esperar aquí en la tierra. En esta tierra, pues, donde la gente arma borlote hasta por el color de los ojos y la piel de uno, o su estatura, peso o cómo se viste. Donde ser por casualidad un poquito diferente es casi una condena.

A lo mejor debería, de veras, cambiarme a las PC. Pero creo que ya estoy lejos de esa posibilidad. Tomé la fatídica decisión, supongo, hace ya mucho (unos tres años después de que Ridley Scott hiciera su famoso comercial para Macintosh basado en 1984, la novela de Orwell), cuando descubrí que, en el entreverado y muy, muy misterioso mundo de las computadoras, había una a la que podía comprender. Y que me entendía a mí.

viernes, marzo 21, 2008

El concierto de la banda

Desde hace poco más de veinte años, en Zacatecas, mi ciudad de crianza, se celebra para las fechas de semana santa un llamado festival cultural; una serie de eventos de teatro, música, literatura, pintura, cine y otras manifestaciones. Lo han comparado con el Cervantino, nomás que a menor escala, con la diferencia de que aquí la mayor parte de los eventos son gratis, y los que no, resultan accesibles hasta para una economía tan vapuleada como la de mi país. Mis mejores recuerdos del festival son los de la segunda o tercera vez, no recuerdo, cuando los eventos, quién sabe por qué razón, estaban cargados a lo fantástico... hubo, por ejemplo, una obra de títeres de sombra con un clarísimo corte tolkieniano.

Pero bueno, a lo largo de los años, me temo decir que el festival ha chafeado un poco. Algunas veces ha sido parco, otras, como ésta, muy ostentoso (pues, ¿en qué otro lugar podría uno ver a Bob Dylan gratis?), pero de todas formas, como que algo falta. Eso sí, las calles se llenan de artistas callejeros, expositores de artesanía, músicos ambulantes, dulces tradicionales tan sabrosos; hay una serie de puestos de libros de usado, con mesas de ejemplares de 10 pesos (menos de un dólar) cada uno; la ciudad tiene más turismo, y se respira más fiesta, incluso para la época. Pero mi entusiasmo por los espectáculos ha disminuído un poco... a lo mejor será por cierta tristeza al recorrer las calles que me sabía de memoria y darme cuenta de todo lo que ha cambiado desde que me fui; tiendas desaparecidas, casas a punto de caerse, monumentos cambiados de lugar, árboles talados...

Como sea, hay un sólo evento de la semana cultural que procuro no perderme: el magno concierto de la banda de música del estado, al mediodía del Jueves Santo.

El año pasado, por culpa de un estúpido incidente, no pude asistir: esta ocasión, por aquello de la melancolía, estuve a punto de no hacerlo. Qué bueno que finalmente fui.

Pero déjenme platicarles un poco de la banda del Estado de Zacatecas.

Una banda de música es la que acompaña marchas, desfiles, fiestas regionales; uno no espera que su repertorio salga de la música popular. Pero este asombroso conjunto tienen la peculiaridad de que interpretan cualquier cosa, y lo hacen tan bien, que uno se olvida de que son una banda: igual podrían tomar el lugar de una orquesta.

Mis primeros recuerdos de la banda están mezclados con asuntos no tan agradables: aquellos viejos tiempos donde mis papás intentaban inculcarme la afición taurina (soy biznieta de torero por un lado y nieta de gallero por el otro, y con mis propios cromosomas socia de Greenpeace y terca defensora de los animales, así que imaginen la mezcla familiar).

Mi primera corrida transcurrió en la parte superior de la plaza, tan lejos del ruedo que la sangre no me asustó, y las figuras de abajo me parecían irreales. Más adelante (tanto literal como figurado), mientras mucho muy cerca se estaba llevando a cabo la carnicería de costumbre, resulta que mis ojos estaban fijos en la banda del estado... fundada y entonces encabezada por el maestro Juan Pablo García, que siempre llevaba un curioso sombrerito inclinado y que dirigía los pasodobles, no con batuta, sino, ¡con castañuelas! Mis únicos abucheos prototaurinos eran para los diestros que pedían que cesara la música.

Nota aparte: Al ver el programa de la semana cultural, me di cuenta de que por primera vez se incluye una corrida de toros en los eventos, y que incluso se ha fundado un Trofeo Cultural (¿?). ¿Qué hacer? Ahora sí que retomar las viejas consignas antitaurinas: “La tortura no es cultura” (que, técnicamente, sí es... al igual que todo lo que un ser humano come, bebe y hace). Muy bien, la tortura ES cultura, pero que la quieran llamar “arte”... ahora sí que a otro crédulo con ese frasco de veneno.

La banda era parte de la ciudad; en cualquier evento municipal, ellos estaban ahí. Supe después que sus fama no era local, y que se habían presentando en conciertos no sólo nacionales, sino fuera del país. Alguna vez mis papás me sugirieron que entrara a ella; la verdad, la música y quienes la componen e interpretan siempre han sido un misterio para mí, y uno de esos que conviene respetar. Así que, en lugar de echar a perder la banda con mi escasísisimo talento, seguí escuchándolos. Fascinada.

No tengo memoria de en qué momento, entre mi renuncia definitiva a las corridas y mi partida de Zacatecas, el maestro Juan Pablo García se alejó de este mundo y dejó en su lugar a su hijo, el maestro Salvador García y Ortega. Tampoco recuerdo muy bien cuándo fue exactamente que el mediodía del Jueves Santo se convirtió en la hora del magno concierto. Creo que cuando me hice el propósito de no perdérmelo, ya había dejado Zacatecas, y esa música era parte de lo que seguía atesorando de mi antigua vida aquí.

Pero bueno... antes de platicar del concierto de ayer, déjenme les pongo una muestra de lo que esta maravillosa banda puede llegar a hacer; aquí está un video de su interpetación en diciembre pasado de un popurrí de Queen.




Prosigamos. Ayer, como les decía (arrastrando tristezas), fui al concierto de la banda, en la llamada Plaza de Armas, que se encuentra frente al Palacio de Gobierno y a un costado de la Catedral de Zacatecas (extraña combinación, ya sé). Y la verdad que estuvo fenomenal.

En esta ocasión, el programa se compuso, casi exclusivamente, de temas de películas: se abrió con el tema de la 20th Century Fox, y a continuación melodías de diferentes cintas, como Superman, Star Wars, Harry Potter (sí, John Williams fue el campeón del día), Titanic, y Piratas del Caribe, entre otras (¿para cuándo El Señor de los Anillos, maestro García?). La parte no cinematográfica fue lo que siempre remata el concierto del jueves santo: el Huapango, de Pablo Moncayo, un clásico de la banda, y la Obertura 1812, de Tchaikovsky. Esta pieza, que conmemora la fallida invasión de Napoleón a Rusia, resulta muy emocionante porque se acompaña de cañonazos de verdad, por parte de la cofradía de Bracho (un grupo que se dedica a hacer representaciones de las guerras entre moros y cristianos a las afueras de la ciudad; les debo la fecha). Aunque lo que de veras hace que la piel se ponga de gallina no son los cañones (siempre acabo cubriéndome con fuerza los oídos), sino las campanas de la Catedral, que se unen también a la sinfonía, y que parecen inundar la plaza en un tsunami de profundos sonidos.

La última melodía es, por supuesto, la Marcha Zacatecas; ajá, esa que si asistieron a alguna primaria de Guadalajara habrán aprendido a odiar, porque les marcaba el fin del recreo. Créanme que si la odian en serio, la mitad de sus oídos se está perdiendo de una de las más vibrantes y encantadoras creaciones de la música nacional, y la interpretación de la banda no hace sino añadirle brillo al asunto.

En el concierto de ayer se le pidió al público que se pusiera de pie para escucharla, como si del Himno Nacional se tratara; muy malo, porque cuando suena la Marcha, la gente se levanta espontáneamente. De hecho se ha llamado a esta pieza el segundo himno nacional; a ver si no me encarcelan por andar de librepensadora y abrir la bocota, pero a mí me gusta más que el Himno oficial, y no tendría ningún problema con que lo sustituyera. Si lo que queremos es nacionalismo, diría que por lo menos esta hermosa melodía SÍ es obra de un compositor mexicano (Genaro Codina, nativo de esta ciudad).

Es muy difícil comunicar (bien) las sensaciones que la banda puede producir, pero si quieren un poco de lo de ayer, les recomiendo que visiten zacateks.com, un blog sobre lo mucho que hay que ver, conocer y disfrutar en la ciudad. El concierto íntegro se puede descargar de esta misma página en mp3; 80 y pico de megas para dos horas de música que valen la pena. Aunque nada se compara a tener a la banda en vivo, esto puede dar una buena idea (intenten escucharlo, si fuera posible, con audífonos o a todo volumen; cuidado, que esta vez los cañonazos en la Obertura 1812 estuvieron un poquito fuera de tiempo). Le agradezco al amigo MeTz por permitirme usar uno de sus videos de la banda y por el trabajo al proporcionar este concierto para el mundo.

Ahhhhhh... antes de comenzar con las reflexiones de este día santo, un poco de fantaseo... ¿y si algún día la Banda de Zacatecas presentara arreglos de música de videojuegos? Sólo de imaginar sus versiones de los poderosos temas de Shadow of the Colossus, por ejemplo... se me hace agua la boca.

Otra nota aparte: Link a video en youtube de la orquesta australiana Eminence interpretando una pieza de este juego. Si alguna vez llegara a este blog, no estoy insinuando nada, maestro García; sólo escuche qué preciosidad. Imagínesela en Plaza de Armas.

lunes, marzo 17, 2008

La le Pádraig

Para este día de San Patricio, pensaba preparar algo realmente bonito… un escrito inspirado con fotografías y eso. Por desgracia, estoy lejos de mi casa, y lejos todavía más de mi computadora… y vaya que esa desdichada ausencia de mi fiel compañerita blanca, Shu II (de raza Ibook G4, modelo 2004), ha tenido efectos pésimos en mi desempeño laboral. Así que tendremos que conformarnos con algo menos… pero para las fiestas le he creado a mi blog otra etiqueta (hice una nada de actualizaciones) y encontré en youtube, gracias a la usuaria MJMusicgirl, mi canción favorita sobre San Patricio, The Light on the Hill, de Moya Brennan (hermana de Enya).

No es un video, sólo la canción. Aquí la tienen.





He aquí una transcripción de la letra:

Low ro ho ro
Glór na Gael
(The Irish Voice)
Low ro ho ro
Éist le glór Dé
(Listen to God’s voice)

A sea journey takes him across
Takes our hero across
With the word in his heart
Lonely he prayed on the hill
Night and day, a hundred times
A hundred times and more

And the voice he heard calling
To plant the light of life
The light on the hill

A mission of faith sounds the bell
Brought a holy man with dreams
With his dreams for this island
Letters he left to declare
This was his promised land
It's the land that was chosen

The voice and his message
Still lives a thousand years
A thousand years and more

Mi intento de traducción (ahí disculparán las evidentes fallas… además de inspiración me faltan también mis diccionarios).

La voz de los irlandeses
Escuchen la voz de Dios

A través de un viaje por mar
Llegó nuestro héroe
Con la palabra en su corazón
Solo, oró en la colina
De noche y de día, cien veces
Cien veces y más

Y oyó la voz que le decía
Que sembrara la luz de la vida
La luz en la colina

Una misión de fe suena la campana
Que trajo a un santo con sus sueños
Con sus sueños para esta isla
En las cartas que dejó ha dicho
Que esta era su tierra prometida
La tierra que fue elegida

La voz y su mensaje
Aún vive por mil años
Mil años y más.

Siendo un jovencito, a San Patricio lo secuestraron unos piratas para venderlo como esclavo en Irlanda. Tras seis años de cautiverio, escapó. La frase “La voz de los irlandeses” hace referencia a un sueño que tuvo, donde le entregaban una carta con este encabezado y escuchaba miles de voces que le pedían que regresara.

De vuelta en Irlanda, ya como un misionero hecho y derecho, San Patricio estaba decidido a convertir esta tierra al cristianismo; según una leyenda que me contó hace más de diez años la señorita E.G., guía de un tour en Dublín a la colina de Tara y el monumento de Newgrange (me dio gusto ver en mi última visita, hace casi tres años, que este tour todavía está vigente) el 26 de marzo de 433, fecha de una celebración celta donde los druidas construían una hoguera gigantesca en la colina sagrada de Tara (y estaba prohibido que cualquier otro súbdito del reino encendiera fuego), San Patricio y sus seguidores hicieron a su vez otra hoguera, pero en la colina de Slane, justo frente a Tara; de ahí viene el nombre de la canción. Cuando los druidas fueron a ver quién carambas los estaba desafiando, San Patricio se puso a enseñarles. Bueno, también se agarró a pleito con algunos de ellos.

El 17 de marzo conmemora el fallecimiento de San Patricio; en otras palabras, el inicio de su vida inmortal.

Creative Commons License
La casa de Aisling by Laura Michel is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Derivadas 2.5 México License.