viernes, marzo 07, 2008

Un gran poder...

De antemano disculpas al artista aficionado que envió a VGCats este dibujo que he utilizado sin permiso... sorry, couldn't find your name anywhere!


En la última (de varios cientos) de las revisadas que le he estado dando a mi currículum, he intentado incluír, ahora sí, todo lo que ha estado saltando, de importancia o no, en mi dichosa vida de milusos; tras la primera de las consecuentes podas, todavía no estoy segura de dejar ahí la mención de un rol que he representado unas cuantas veces: el de sinodal. El conflicto que tengo con ello es que, a menos de un año de mi último de esos trabajitos, apenas me acaba de caer el veinte de qué tan enorme era, en realidad, la responsabilidad caída sobre mis pequeñas manos.

El trabajo de un sinodal no parece demasiado complicado a simple vista: uno recibe una tesis o realiza un examen general de conocimientos, y lo que sigue a continuación es un juicio, en el que los testigos son números y el “acusado” tiene que armar su propia defensa. Al final, uno decide o no entregar un título universitario o sigue un sistema numérico que traduce a “aprobado por unanimidad”, “aprobado” o “no aprobado” (todavía no he tenido que tomar esta decisión).

Un sinodal está encargado de decirle a una persona si los años que pasó en la universidad valieron la pena, y, sobre todo, de comprobar que está lista para actuar y moverse en la vida real, donde no hay exámenes, y donde la verdadera valía está en el carácter y no en las calificaciones. ¡Gracias al cielo no tenía hacer eso sola! Tanto poder sobre la vida de alguien debería haberme hecho temblar, y nunca me sucedió, salvo cuando el trabajo ocurría durante el invierno y llenaba de notas las tesis hasta que la mano se me entumía.

He dado muchas licenciaturas, y tomado protesta de graduandos que juran conducirse con honor y decencia; a algunos, les pasé el título con la mano en la cintura, con orgullo y confianza; a otros, con la certeza de que sus esfuerzos, que conocía muy bien, cubrirían cualquier agujero que pudiera encontrarse en su prueba.

Y a otros más, Dios me perdone, los declaré aprobados basándome en la pura esperanza de que la vida terminaría mi trabajo de educadora. No, no siempre fue así.

Me doy cuenta ahora que, siempre que fui sinodal, estuve preguntando las mismas estupideces: que si la tesis no se qué, que cómo es que este dato blah blah blah, que por qué en la página tal se afirma tal cosa si esto, y lo otro... Nunca cuestioné lo que era verdaderamente importante: a ver, ¿considera usted que se merece el título? ¿Por qué rayos? ¿Qué piensa hacer ahora que podrá escribir “licenciado” delante de su nombre? ¿Qué planes tiene para TODA su vida? ¿Abusará del poder que, tarde o temprano, podrá adquirir con la educación que ha recibido? ¿Se sentirá superior a quienes tal vez sean más sabios o inteligentes que usted, pero no hayan cursado ni la primaria? ¿Considera que esto es el final de su carrera, o apenas el principio? ¿Aprenderá de sus errores, o piensa que el “mención honorífica” lo excluye de cometerlos? ¿Cuáles son sus verdaderas intenciones, a largo plazo?

Un sinodal tiene uno de los poderes más espantosos, creo yo, que le pueden tocar a cualquier personaje de novela de fantasía (mago, genio dador de deseos, lo que sea): el de conceder, a su vez, poder a alguien más, que en algún momento dado tendrá que tomar decisiones sobre cómo utilizarlo. Pero el conocimiento de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” (no sé si fue realmente el viejo tío Ben Parker quién se lo inventó o si salió de alguna mancha de sabiduría popular), por desgracia, no viene en el mismo empaque que el “licenciado”, “ingeniero”, “doctor” que un estudiante recibe a cambio de sus esfuerzos.

Estoy segura de que, al menos en una ocasión, le habré entregado ese poder a la persona equivocada. Y que esa persona, que a lo mejor no he vuelto a ver desde entonces, anda por ahí haciendo el mal gracias al pequeño atributo que yo (y mis queridos cómplices, colegas en el jurado) pusimos delante de su nombre: el “licenciado”. ¿A que suena siniestro? Y, con todo, ¡cuánto daño puede hacer una sola palabra!

Terrible, también, darse cuenta de que, ni aunque uno consiga que le pique la araña adecuada, no siempre es posible deshacer los males.

Me contaron una vez sobre un maestro que utilizaba un sistema bastante simple para calificar a sus alumnos. A los que eran capaces, les ponía el puntaje máximo; a los que no lo eran tanto, pero no parecía que fueran a hacerle daño a nadie, los pasaba con seis. Y a los que tenían como mayores cualidades ser estúpidos y/o malvados, los reprobaba; eso era todo. Bueno, si a ese maestro le funcionaba, pues qué bien, pero, Gandalf dijo, ni los más sabios conocen todos los fines, y no existe el arte, cito al desdichado rey Duncan en Macbeth, que le permita leer a uno el corazón humano. Si hubiera forma de detectar maldad futura en un corazón en cuanto éste apenas comenzara a latir, caray, yo sería pro-aborto.

Ni modo; ya sea con poderes o con superpoderes, a uno no le queda más remedio que conducirse en la vida lo mejor que sea posible. Y resignarse a que de vez en cuando, como un brillante rayo de sol, la buena fe nos puede dejar momentáneamente ciegos.

lunes, marzo 03, 2008

Cuarteto Nausicäa en concierto

Como ya les comenté hace ya algún tiempo aquí, en la pasada TNT 2008 se presentó el Cuarteto Nausicäa, de Guadalajara, con un estupendo repertorio de canciones de anime y videojuegos. Bueno, ya que algunos nos lo perdimos (sniffff), mil gracias al usuario peyrac de youtube, que tuvo a bien subir algunos videos del concierto a internet.

El que he puesto aquí es mi interpretación favorita, Bratjia, de Fullmetal Alchemist. De izquierda a derecha: Mary, Brenda y Janet; al piano, Selenie.



Todavía me saca lágrimas esta melodía. Hagan click aquí para ver más videos del cuarteto.

domingo, febrero 24, 2008

Reseña de película: Sweeney Todd

Sweeney Todd: El barbero demoníaco de la calle Fleet

Director: Tim Burton

Intérpretes: Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Sacha Baron Cohen, Laura Michelle Kelley, Jamie Campbell Bower, Jayne Wisener.

Lo bueno: La música, ya de origen; las actuaciones y la escenografía.

Lo malo: Johnny Depp, al igual que prácticamente todo el reparto, no sabe cantar. Tampoco Gerry Butler (sí, ya sé que Gerry Butler no aparece en esta película, pero, ¿y qué con eso? De todos modos no sabe cantar).

Calificación: ****

Cuando era chica, cómo pedía que los grandes musicales llegaran a la pantalla (yo creo que porque entonces no había otra forma para que alguien como yo, residente de Zacatecas, pudiera verlos representados. Me alegra haber llegado a la era del DVD en la que los espectáculos son más accesibles). En estos días que mi deseo se cumple, está ocurriendo algo medio raro: para las películas sobre musicales, se contrata no a cantantes, sino a actores, y a veces ni siquiera eso.

No hablo de experimentos que de algún modo salieron bien, como Moulin Rouge (a la única a quien le doblaron la voz para cantar ahí fue a Kylie Minogue, ¿no es extraño?), sino de un musical en forma, El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Webber y su desafortunada adaptación cinemato- gráfica en 2004. Aunque me parece muy probable que fue el trasero y no la voz de Gerry Butler lo que le ganó el papel protagónico a los ojos del director Joel Schumacher (sí, el que le puso pezones a los trajes de Batman y Robin), ahora sí no sé de dónde sacaron a su co-estrella, Emmy Possum... digo, Rossum.

Mientras que Butler se defendía como actor e intentaba hacer lo posible con su chorrito de voz, Rossum se limitó a mostrar su rostro lindo (con una expresión permanente entre narcotizada e idiota) y su inmadurez musical durante las dos horas de la película. Por mí que se hubiera hundido antes del Poseidón.

Ahora, el fantasma de este Fantasma se cierne sobre Sweeney Todd, y por las mismas razones. Los resultados son, sin embargo, muy distintos.

Yo no conocía esta obra de Stephen Sondheim (el mismo que hizo West Side Story); tampoco sabía que estaba basada en una historia de folletín que a su vez pudo haber salido de una leyenda urbana; en otras palabras, que algo pudo haber tenido de realidad. Le tengo gusto a las películas de Tim Burton y ya por eso la hubiera visto, sin importar que fuera o no musical.

La historia va más o menos así: Sweeney Todd (Johnny Depp) es el sobrenombre que adopta un barbero, encarcelado injustamente por un siniestro juez (Alan Rickman) que pretendía quedarse con su esposa. Años después, Todd regresa en busca de venganza. ¿El Conde de Montecristo con navaja y sin dinero? No, para nada; la causa justa de Todd se convierte en un descenso al infierno y a la locura, de la mano complaciente de su casera, Mrs. Lovett (Helena Bonham Carter), cuyo espíritu práctico le encuentra una salida a los crímenes del barbero en suculentos pasteles de carne... Obvio y vulgar, pero el horror está servido, fresco y calientito, condimentado con una muy buena dosis de humor negro y acompañado por un trago de una música tan buena como ya no se acostumbra.

La amargura de Todd, los sueños de Mrs. Lovett, el tierno e instantáneo romance entre el marinero Anthony Hope (Jamie Campbell Bower) y Johanna, la hija del barbero (Jayne Wisener) se van develando entre melodías absolutamente encantadoras, clásicos en sí mismos. La diferencia con el dichoso Fantasma de Schumacher es que aquí, aunque los actores tampoco cantan muy bien que digamos, no echan a perder la música y compensan las carencias vocales con actuaciones exquisitas; la mejor de todas, sin duda, la de Johnny Depp, aunque a ratos uno no está seguro si está realmente haciendo de Sweeney Todd (una figura mucho más trágica en teatro, según tengo entendido) o de Johnny Depp haciendo de un dibujito de Burton de Sweeney Todd. Si por ésta le dan el Oscar que se merecía por Ed Wood hoy en la noche, no protestaría.

Recomendaciones: Si son fans de Burton o de Depp, es de a fuerzas; si quieren pasar un rato divertido y si no les molesta la idea de un poco de gore mezclado con bella música.

Abstenerse: Si son muy sensibles en cuanto a sangre en pantalla, aquí hay de sobra; si detestan los musicales porque esto no es otra cosa... y si ya vieron Sweeney Todd en teatro (en una representación que no fuera de alguna prepa del Tec de Monterrey); eso para evitar hacer corajes.

jueves, febrero 14, 2008

¡Feliz día de San Valentín!




Para todos mis amigos, incluso aquellos que no he tenido oportunidad de ver o tocar, y para ti, mi capitán, mi vida; en este día: una selección de pensamientos sobre amor y amistad (hay uno que parece fuera de lugar; no es así)de mi viejo cuadernito de citas, en el que llevo escribiendo desde mediados de los ochenta.


“Un pensamiento amistoso es el regalo más puro que el hombre puede hacer al hombre”. Thomas Carlyle


“Cada nuevo amigo es una parte de nosotros mismos, reconquistada”. Friedrich Hebbel


“Un amigo es alguien con quien se puede no hacer nada, y disfrutar de ello”. The Optimist’s Magazine


“En el mundo hay miles y miles de formas de alegría, pero en el fondo todas son una sola: la alegría de poder amar”. Michael Ende, La Historia Interminable



“Nunca estará solo quien ocupa un lugar en otro corazón”. Alejandro Pérez Gutiérrez



“No hay amistades más prontas ni más firmes que las que se traban entre personas que aman los mismos libros”. Irving Stone



“Los amantes no miden la vida del alma por el tiempo”. Ignacio Manuel Altamirano, Clemencia


“La amistad perfecta es la que existe entre hombres buenos, iguales en virtud”. Aristóteles



“La vida no es nada sin amistad”. Cicerón


“¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o amaste la justicia?” Santiago Ramón y Cajal



“El amor está tan orgulloso de sí mismo, que se nos nota aunque tratemos de impedirlo a toda costa”. Merrit Mallory



“No hay falta de amor en el mundo, pero hay una gran carestía de lugares donde ponerlo”. Theodore Sturgeon



“No necesito amigos que cambian cuando yo cambio y asienten cuando yo asiento; mi sombra lo hace mucho mejor”. Plutarco



“Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial, ¿por qué no puede ser que cada enemigo oculte a un amigo que espera su tiempo?” Giovanni Papini



“Los grandes acontecimientos de la historia fueron obra de grandes amantes”. Dr. Agustín Basave



"Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos". Evangelio de San Juan


“La amistad nace en el momento que una persona le dice a otra: ‘¡Cómo! ¿Tú también? Pensaba que yo era el único”. C. S. Lewis


Muchas felicidades a todos.

Tengo más amigos de los que merezco (cada día me doy cuenta), así que, supongo algo debe andar mal... pero si es el plan de Dios, me encanta.

sábado, febrero 09, 2008

Tenemos SciFi Channel, yatta!!!!



Va a parecer propaganda barata, pero ya qué.

Razones por las que hace unos dos años y pico botamos nuestro viejo sistema de televisión de paga:

- Se estaba poniendo chafa y caro.
- Nos quitaron el Universal.
- Se ATREVIERON a quitarnos el Discovery.
- A los que lo pagaban en bancos y tienditas les daban más beneficios que a los que prepagábamos con tarjeta.
- Nos quedábamos semanas sin el servicio y aún así lo cobraban.
- El canal de oldies era lo único que lamentaríamos perder.

Razones por las que nos cambiamos a SKY:

- El canal Animax.
- Mi adorado Universal.
- El Animal Planet.
- Dos boletos para Cirque du Soleil en casi primera fila, gratis.

Pero ahora nos despertamos con la sorpresa... nuestros ruegos habían sido escuchados. Después de tanto tiempo de pedir, suplicar, exigir y etcétera el SciFi Channel Latino, y recibir respuestas como “Pues no, pero tenemos el canal RBD; ¿no les interesa?”, al fin tenemos lo que queríamos.

¿El servicio de SKY ha desquitado lo que vale? Ajá, ahí la lleva. ¿Atraerá a más personas? Al menos sé de una que ya va a pedir su suscripción.

Recuerdo, por allá a finales de los ochenta, cuando las televisoras estadounidenses discutían la idea de un canal dedicado absolutamente a la ciencia ficción. Las pláticas las seguía en la revista Starlog (aunque lo que más recuerdo es una caricatura de un marcianito que llevaba un letrero que decía “yo quiero mi SciFi Channel”). La pura idea me hacía agua la boca.

En la casa teníamos antena parabólica, y así fue que un día de verano (creo), apareció una nueva señal. No había nada en ella, salvo oscuridad y colores psicodélicos, como fondo de una voz ronca de hombre que repetía, una y otra vez y a intervalos de cinco minutos, el cuento “Imagina” de Fredric Brown.

No sé si ese promo tendría efecto hipnótico o qué onda, pero la verdad es que solía pasarme casi MEDIA HORA contemplando la televisión prácticamente vacía, y escuchando el cuento. “Imagina... imagina... ¡imagina...!”.

Cuando el canal “de en serio” llegó por fin, no decepcionó, aunque sus inicios fueron modestos. ¿Qué fue lo que inauguró la transmisión? Un maratón de Star Wars, con Carrie Fisher de anfitriona. Todavía conservo la grabación de aquello.

Después, llegarían las series viejitas que me encantan (Viaje a las Estrellas, La Dimensión Desconocida, Doctor Who), montones de películas de clase B y algunas series animadas que merecían espacio en la barra de la mañana (casi madrugada, para nuestro horario del centro de México). Y un programa sobre ciencia y ficción (sips, por separado) que conducía la linda Nichelle Nichols al principio, y que por ahí le hacía espacio a los personalísimos berrinches de Harlan Elison.

Para cuando el SciFi comenzó con sus producciones independientes (algunas bastante malitas, la verdad), ya hacía mucho que no teníamos la parabólica, así que nos tocó verlas en el Hallmark. Hacia finales del año pasado, el Universal comenzó a pasar anuncios absolutamente geniales de la versión latina del canal... Llegó la fecha de estreno, y nada... Y comenzaron entonces las llamadas a SKY, las peticiones por correo electrónico, el sabotaje al canal RBD, todo aquello.

Bueno, pues el día de hoy con otra serie favorita, Sliders, estamos ahora mismo estrenando el SciFi.

Gracias de nuevo, SKY.

Para terminar con este rollo, les dejo aquí, en su totalidad, el cuento de Fredric Brown que les mencionaba, lo primero que vi del SciFi original (desconozco al traductor, así que de antemano le pido disculpas).



Imagínate

Imagínate espectros, dioses y demonios.

Imagínate infiernos y cielos, ciudades flotando en el cielo y ciudades hundidas en el mar.

Unicornios y centauros. Brujas, hechiceros, genios y fantasmas.

Ángeles y arpías. Hechizos y sortilegios. Elementales, espíritus familiares, demonios.

Es fácil imaginarse todas esas cosas: la humanidad se las ha imaginado durante miles de años.

Imagínate naves espaciales y el futuro.

Es fácil imaginárselo; el futuro se aproxima realmente y habrá naves espaciales en él.

Así pues, ¿existe algo que sea difícil de imaginar?

Claro que sí.

Imagínate un trozo de materia y a ti mismo dentro de ella, consciente, pensando, y por lo tanto sabiendo que existes, capaz de mover ese trozo de materia en cuyo interior te hallas, de hacerla dormir o despertarse, amar o subir una colina.

Imagínate un universo –infinito o no, como tú desees representártelo-, con mil millones, miles, miles de millones de soles en él.

Imagínate un grumo de barro girando locamente en torno a uno de esos soles.

Imagínate a ti mismo, en pie sobre ese grumo de barro, girando por el tiempo y el espacio hacia un destino desconocido.

¡Imagínate!

Fredric Brown

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