lunes, febrero 14, 2011

Nada

Fragmento de fotografía de Simon Turtle de los actores del musical de West End The Lord of the Rings.

La vida no es nada sin amistad.
Marco Tulio Cicerón

Aunque el trabajo no disminuye y las entradas en este blog continúan escasas, hay ciertas fechas, comprenderán ustedes, que no puedo dejar pasar sin poner algo aquí, y una de ellas es el sagrado 14 de febrero. El día de San Valentín, ajá, el día de los enamorados; pero si ya tienen tiempo de visitarnos por acá sabrán que yo prefiero celebrar la amistad por sobre todos los cuatro amores según C.S. Lewis.

Ahora, nunca me sentí capacitada para hablar de amistad, con todo y que es un sentimiento que venero y una condición que procuro cultivar. Así que todos estos años o me pongo a acumular citas bonitas (como la que encabeza este artículo) al respecto, o, lo que más me gusta, traducir fragmentos del libro ya mencionado de C.S. Lewis. Como esta vez ya prácticamente se me acabó el capítulo pertinente y sigo tímida a hablar del “menos natural, menos necesario” de los cuatro amores, decidí cambiar un poquito las cosas y compartirles algo de humor que redacté una vez para un viejo amigo en un correo electrónico.

Lewis dijo que no hay muchas obras que traten de amistad, siquiera como tema secundario, y tenía razón. Sin embargo,  en un libro muy cercano a él, El Señor de los Anillos, la amistad no es solamente una fuerza que mueve, sino, muy posiblemente el principio de todo.

Para encontrar esa piececita de humor entre los correos que le hubiera enviado a este viejo amigo, tuve que repasar prácticamente toda la correspondencia (electrónica) que le estuve enviando. Y entonces la cosa, que se planeaba como para hacer reír, se puso seria. Muy seria. TERRIBLEMENTE seria.

La amistad es el amor más difícil y el más digno de elogio; pero miren, por más que uno quisiera idealizarla en su propio día festivo, no es algo inmutable, no es algo que permanece sin esfuerzo consciente. Y puede acabar, oh sí. Y el que acabe es una tragedia, pero es una de ésas que, como la muerte o la enfermedad, a veces ocurre, y a la que uno acaba por hacerse a la idea.

Este viejo amigo (y amigo de viejos ex-amigos) y yo nos pusimos en contacto tras un tiempo de separación, estela de un lento pero doloroso rompimiento de relaciones múltiples. El asunto se hubiera quedado tranquilo, si no fuera porque fui a enterarme de que mis ex amigos se habían comenzado a reunir para, por medio de una especie de terapia o rito extraño, exorcisarme o algo similar. Imagínense; he hecho de demonio alguna vez. La plática que este amigo y yo sostuviemos en mails hace ya bastantes años me hizo ver que oh, sí he escrito sobre la amistad, que mis ideas son políticamente incorrectas, como casi todo lo que pienso, y que soy mala para guardar los correos adecuados. 

“Mira”, le escribí al amigo, “si en El Señor de los Anillos el concepto de amistad hubiera sido el que parece ideal para ustedes (y para el mundo moderno), la cosa hubiera ido así...”

Y fue cuando redacté una especie de diálogo entre Merry y Pippin en donde se daba al traste con la historia. No recuerdo por ahora, pero conociéndome, tal vez puse ese textito también en un foro de discusión, una lista de correos o eso.

Me he tomado la libertad de mostrar en público fragmentos de esta correspondencia, estrictamente míos, nomás porque creo que son una de las poquitísimas veces que una servidora ha hablado de amistad. Espero que no se sientan muy incómodos si los leen; en ningún momento se mencionan nombres ni se dan pistas.


Sobre la especie de exorcismo:

"Corrígeme si estoy mal en lo que haya entendido del método: se trata de que tienes un problema con una persona, y entonces FINGES que alguien más o que uno de esos monos horrorosos es esa persona y FINGES que hablas con ella, y FINGES que resuelves tu problema (básicamente le niegas a la otra persona su derecho de réplica, supongo que para no complicar todo el proceso) y así te desahogas y te quedas con la esperanzada idea de que si tú estás bien con esa persona entonces la otra persona estará bien contigo(?). 

A la otra persona la puede partir un rayo, por supuesto; una cosa que no me agrada naditita [...] es esa tremenda reticencia a ponerse en los zapatos de alguien más: el YO estoy bien y TÚ tienes
que estar bien porque YO estoy bien.".

"Eso se me hace un poco irritante, y tiene que ver con lo que te dije más arriba.  Imágenes... siempre imágenes, como si la realidad ardiera tanto. 

Es también irritante porque me proporciona una clara explicación al extraño fenómeno de los desencuentros que he estado sufriendo, gracias a Dios, sólo unas pocas ocasiones en los últimos meses. Verás:  una que otra vez, cuando me he tropezado con algunos de los otros, ellos se comportan lindos conmigo y esperan que yo reaccione como cachorrito recién adoptado (es decir, que brinque de felicidad). Y, cuando no lo hago, ponen una cara de SINCERO desconcierto que no deja de sacarme de onda . 

Chicos, si aclararon sus problemas con la imagen que tenían de mí, pues felicidades... pero no esperen que la L. "de a devis" se comporte como en sus evocaciones; en lo que a mí respecta, la guerra con Irak no se terminó cuando Bush se declaró vencedor (más o menos  un año antes de los más de mil muertos que todavía faltaban entre las tropas gringas)".

"Ahora [...] mira, hay entre (grupo de amigos) gente a la que consideraría, como te puse en el correo anterior, enemigos potenciales... simple y sencillamente porque sospecho que si alguna vez nos enredáramos en una guerra cósmica o algo así, estaríamos en bandos bien distintos. Bueno, además porque hicieron mucho daño, sabes.

Aparte que me entristece sobremanera que si en algún momento dado tenían algo que decirme, se lo hayan dicho a otra persona o a un mono de madera... como si yo mordiera o algo así, o como si el mono o la otra persona fueran capaces de resolver un problema ajeno. Ya sé que nadie me lo creía, pero si hay algo que me revienta es fingir.""

Sobre el rencor y el remordimiento, que mi amigo definió como “mecanismos de supervivencia”, pero descartó por su inutilidad.

"Yo pensaba que andabas budista todo el rato, no nomás una semana... pero como yo por lo general ando católica toda la vida, veremos aquí las diferencias de postura.

No creo que las palabras adecuadas sea "mecanismos psicológicos de supervivencia" y de cualquier forma no sé lo suficiente de psicología como para estar segura de usar la palabra "ego" de la forma correcta (mi empapamiento del tema se limita a cuando estuve jugando Xenogears en mi Playstation y tuve qué chutarme la definición de cosas como "anima" e "id" nomás para escribir un artículo profundo sobre el juego. Ah, y la biografía de algunos santos, también).


Pero creo que la discrepancia aquí estaría en la parte "psicológica". El rencor y el remordimiento funcionan para cosas más allá de lo puramente psicológico; yo creo que tienen además un peso social. Uno tiende a negar lo social (sobre todo cuando anda llevando en los hombros montones de crisis personales), pero finalmente es imposible estar aislado del todo. Lo cual nos lleva al siguiente punto..."

Si tuviera una mejor ortografía, el amigo hubiera expresado sin tantos problemas que la cuestión era que qué tanto valía la pena dejarse llevar por el rencor y los remordimientos. Pero sí pude entender.

"Bueno, ahora sí que depende de una decisión personal. El rencor es, de estos dos sentimientos, el más inútil, y el que friega más sin dar una recompensa decente (ni a uno ni a la gente que lo rodea). Pero el remordimiento puede salir de uno, y a quien protege es a los demás. Si la vida gira alrededor de uno mismo, y uno es lo más importante para uno, y solamente uno cuenta, pues entonces no vale la pena y se le puede dejar atrás. Pero, como te dije, el remordimiento está ahí para los demás. Es reconocer "hice mal, y me importa". O a tu prójimo: "Reconozco que te hice daño. Sé hasta donde llegué, sé que lo que hice te dolió y tu dolor me importa tanto que lo estoy compartiendo aunque no tenga por qué hacerlo. Tú te mereces esto. "

"Si andas budista nunca vamos a ponernos de acuerdo, pero bueno, ya ves que en mi religión se aprecia el reconocimiento del pecado, y la posibilidad de expiación, penitencia y sacrificio. Y el perdón siempre y cuando vaya precedido del arrepentimiento (porque cuando es mero trámite sirve para dos cosas). Ah, y el amar "a Dios sobre todas las cosas" y "a tu prójimo como a ti mismo". (Una vez tuve una pesadilla horrenda de un Guadalajara alternativo donde la puerta del infierno estaba cerca de Avenida México cruzando con López Mateos, y se me dictaban unos mandamientos que nomás que desperté anoté en un cuadernito. No los tengo a la mano ya, pero me acuerdo clarísimo de "Amarás a Dios sobre todas las cosas. Tú eres Dios". Imagínate qué miedo). "

Mi amigo dijo que el bienestar común debe empezar por el bienestar propio. Respondí:


"Si esto pasara en la vida real estaría perfecto. Pero no siempre sucede, y el bienestar propio no siempre se puede alcanzar, y es una gachada, en todo caso, alcanzarlo a costa del resto de la humanidad. Si todos creyeran que el bienestar común debe empezar por el bienestar propio, no habría héroes... no habría historias interesantes qué contar acerca de padres e hijos devotos, acerca de amistades incondicionales. La mera verdad, qué mundo tan sebo y aburrido.

Te digo, mi religión defiende el sacrificio. No está tan peor.  Mucha gente que conozco pasa tantos años intentando estar bien ELLOS MISMOS, que se olvidan de que tienen padres, amigos, pareja, etc. Y se vuelven insoportables. Les pasa como en ese cuentito chino... no me acuerdo quién es el autor, pero es del siglo XIV o algo así, y se trata del general que quería comprar un título nobiliario y estaba ahorrando. Cuando sus amigos le pedían dinero prestado, él contestaba que no podía porque se tenía que comprar su título, y para sus adentros pensaba en todos los beneficios que iba a conseguir para sus amigos una vez que fuera noble. Finalmente se quedó solo, el güey."

Me reveló algo que ya sospechaba: que mis ex-amigos la habían pasado terrible porque su vida seguía girando en torno a mí. Y le escribí:

"Qué cosa más espantosa. ¿Me creerías que eso se siente? Alguna que otra nochecita o madrugada me despertaba con algo de presión en la cabeza y de repente me saltaban recuerdos de mis ex-amigos. Me daban ganas de decir : ¡Déjenme en paz! ¡Suéltenme de una buena vez! Por otro lado, también decía: ok, se lo ganaron. Fueron capaces de echar, así nomás por la borda, diez años de amistad, y nomás porque sí. Que sufran.

Ahora, no sé si pedirte que me corrijas si estoy mal porque no estoy muy segura de quererme enterar... si sus vidas giraban alrededor de mí, ¿me culparon por eso? Pues en ese caso mi abuelo materno, que me era antipático por diversas razones, tenía razón. Él decía de una persona: "¿Pero por qué está tan enojado conmigo? Si yo nunca le he hecho ningún favor". En otras palabras, que si le haces bien a la gente, la gente te va a querer únicamente mientras lo hagas. Y si dejas de hacerlo, no sólo van a dejar de quererte, sino que te van a odiar. Pero yo creo que esto es una pésima idea... y que mi abuelo hubiera estado muy feliz en esta época donde ser egocéntrico está de moda. Gracias a Dios tengo otros lados de dónde agarrarme. Para tumbar estos conceptos tan feos, están los amigos. Pero más de eso después.

Por otro lado, pienso que no está bien girar alrededor de nada ni de nadie, ni siquiera de uno mismo (aparte que las personas que giran alrededor de sí mismas son bastante patéticas). En la vida caminas, no giras. Y sí, te agarras de lo que puedes, pero no te quedas ahí nomás. Eso sí, cuando tienes agua, te acuerdas de la fuente. "

Mi amigo decía que podríamos volver a ser como antes, pero que la vida no garantizaba que así fuera. Mi respuesta:

No, no te preocupes... no pienso pedirte de entrada que volvamos a ser amigos como antes. [...]  Tú tienes muchas más personas con las que te la puedes pasar bien, y yo soy mejor para los malos momentos.

Has usado dos veces la palabra "garantías", y eso me tienta a pensar que tal vez quisieras que la vida te garantizara que no tuviera garantías.  ¿Y eso? No hablamos de garantías cuando tocamos esto de la vida... esperanza sí, esperanza sin garantías (aunque esto para variar no es mío... la expresión es de mi escritor favorito, a quien le debo el honor de una muy buena parte de mis convicciones). La vida no te da garantías, y los amigos, la familia, las ideas y todas esas ondas no tienen por qué pedirlas... Pero, eso sí, en algún momento estarán en todo su derecho de solicitar otra cosa: compromiso. Pero, ¿no es ésta ya una mala palabra en los tiempos que corren?"

Tiempo después, le escribí ese diálogo... que como no pude encontrar transcribo casi de memoria. En todo caso, era la respuesta humorística (irónica también) a una pregunta... ¿qué hubiera pasado en El Señor de los Anillos si el concepto de amistad fuera el mismo de los tiempos que corren, es decir, pasársela bien sin la menor intención de compromiso, o de ver primero por los demás?

Merry: Oye, ¿no te parece que Frodo ha andado muy raro en estos días?

Pippin: No... no sé... ¿por qué lo dices?

Merry: Es que pasa mucho tiempo solo, anda caminando y murmurando cosas, se ve preocupado...

Pippin: Pues sí. ¿Por qué no nos dirá nada?

Merry: Quién sabe. Pero bueno, después de todo es su problema, ¿qué no?

Pippin: Sí... y si necesitara algo ya nos hubiera dicho, ¿verdad?

Merry: Ajá. ¿Que te parece si nos vamos al Dragón Verde a tomar algo?

Pippin: Buena idea. Y si Frodo quiere, pues que vaya también.


Y así hubiera terminado todo; la gran historia épica del siglo XX hubiera quedado en nada.

8 comentarios:

Fëaluin dijo...

Lo que no me gusta nada de tu entrada es la necesidad de relacionar religión y nobleza de sentimientos no sólo como si la primera fuera condicionante de la segunda, sino además vínculante... Triste creencia popular que conlleva marginación que debemos padecer las minorías no creyentes

Aisling dijo...

Fëaluin: Bien, primero, es muy reconfortante que al sacrificio, al reconocimiento de las faltas, al remordimiento y a pedir perdón después de arrepentirse lo llames "nobleza de sentimientos". Muchas personas de las que conozco por acá lo llamarían "estupidez".

Segundo: lee de nuevo mi entrada, que me quedó demasiado larga. Con paciencia. Despacito. Es para que veas que en ningún momento se pone la religión como condicionante de nada. La nobleza de sentimientos no surge de la religión, sino del ser humano. Que algunas religiones (como por ejemplo, la mía) la tomen casi casi como requisito para ser parte del "club" es otra cosa. Y en la práctica, ¿a cuántos católicos conoces que de verdad aprecien el sacrificio, o que sufran por su conciencia, o que no busquen a toda costa evitar el sufrimiento? La verdad es que son bien poquitos.

Mi amigo quezque budista opinaba que estaba bien (porque lo beneficiaba a UNO MISMO), resolver los problemas que tenías con una persona hablándole a uno de estos espantosos muñecos http://www.pagossowelu.com.mx/imagenes/productos/modern.jpg mientras fingías que era esa persona. No creo que tenga nada que ver con el budismo pero así sucede a veces. Lo único que le dije fue "en mi religión se aprecian los sacrificios". Eso fue todo. No veo la marginación en ningún lado.

Un buen sacrificio es hablar con la persona con la que tienes un problema y arriesgarte a que ella te responda. Y te aseguro que se trata de sentido común, no de religión.

Dark Soulless dijo...

Bueno, es verdad, la amistad es importante.

Dos, la religión no tiene nada que ver, en nada.

Tres, a usted la considero mi amiga :)

Cuatro, yo no celebro el catorce de febrero, es sólo mi cumpleaños y ahora soy mayor de edad :)

vicm3 dijo...

¿Que te puedo decir?, si has recuperado los soliloquios que has puesto en twitter, tendrías una entrada mucho mejor al respecto, pero tal como dice titulo, nada, espero que como catarsis sea útil. Yo si espero que mejor recopiles varias cosas que has soltado por ahí y que son muy buenas.

Leer la narrativa epistolar, sin el contexto, no me permite apreciar lo que no dudo fue un interesante intercambio de ideas, pero es justo que tan solo publiques lo que tu escribiste y no lo del interlocutor, esta entrada es más una introspección que otra cosa, he tardado justo por ello en pensar en comentar o no.

Y digamos que espero que eso haya sido ya superado. Arriba y adelante.

Ni toco de lejos el asunto del sufrimiento como una característica judeocristiana y las implicaciones, otras interpretaciones de la misma línea tienen vertientes diferentes, pero tal cual una cosa es escribir como observador y otra como participante, en todo caso de este asunto si me gustaría platicar, pero en persona y con una bebida y un bonito lugar de por medio, abusando ¿existe aún el café donde fuimos el siglo pasado ese que tenia bonita música y rica comida? Ese donde platicamos del asunto de la satanización del ROL y otras buenas cosas (por cierto que por ahí tengo el audio y lo pienso subir de nuevo, la versión digital se perdió cuando cerro geocities)

Cheer up!

Kitsune dijo...

Ay con los "ex-amigos" :P

Ana dijo...

Laurita: Hace tiempo que no te leo (me robaron mi compu) pero bueno... Me entristece que hayas elegido el día de la amistad para recordar cosas lamentables y que redondean la idea (forjada por tu "amigo") de que tu persona fue objeto de un "exorcismo" por allá en el tiempo en que las relaciones con tus "ex-amigos" buscaban otra manera de relacionarse unos con otros.
Ahora comprendo muchas cosas.
Me asombra que si como dices, cualquiera podía buscarte y platicar contigo si hubiera querido y hacerlo de frente para aclarar las cosas, TU no lo hubieras intentado (quizás pensaste que ninguno de tus ex-amigos valían la pena a pesar de los diez años o continuaste con el sentimiento de que te habían abandonado y que si querían regresar, estarías esperando como el padre al hijo pródigo. Supongo que eso de que a amistad es un camino de dos vías no te aplica.) Tanto es así, que no quisiste aclarar con ningún otro la idea del mentado "exorcismo" que supongo que fue lo que dio al traste de una posible si no reconciliación, por lo menos una llevadera relación que fuera vista sin sospecha de manipuleo. (Creo que decidiste quedarte con el pensamiento que confirmaba tu sentimiento de abandono.) Solo para que conste se de varios de tus "ex-amigos" que te recuerdan con mucho cariño y que de verdad les da gusto verte (cuando te ven) incluyéndome.
Al leer tu escrito sobretodo dedicado a el "Día de la Amistad" todavía no me explico como todo se descompuso tan rápido lo que si se es que la falta de comunicación y el hecho de no buscar mas información y quedarte solamente con unos correos que ni siquiera fueron capaces de explicarte nada concreto y si mucho de una especie de ocus- pocus bastaran para que te alejaras completamente dando así la sensación de que no querías saber nada de nadie nunca más. En lo personal, mi idea de la amistad quizá no sea tan ideal como la tuya yo no llamaría amigo a un escritor, por ejemplo, o a un libro que no puede rebatir o perdonar errores o aguantar enojos para luego devolverte una sonrisa. Pero tengo amigos que tras años de no verlos y a la hora del reencuentro nos vemos como si el tiempo no hubiera pasado y nos ponemos al tanto de lo que nos ha sucedido en ese lapso en que la vida nos separó.Lamento mucho que de aquel tiempo solo recuerdes y te aferres a los momentos no tan buenos y prefieras olvidar los excelentes ratos que pasamos, por mi parte (ya te lo he dicho) eso es con lo que me quedo y siempre estarás en mi mente y corazón de esa manera.
Ana

Aisling dijo...

Ana: Antes que nada, lamento mucho lo de tu computadora. Espero que hayas tenido respaldos de todo lo valioso que ahí había (me he querido morir las dos veces que ha ocurrido algo con mis discos duros), y te agradezco que de todo por todo me sigas leyendo.
Veamos... lo que leíste en esta entrada lo escribí hace por lo menos siete años, y lo escarbé sólo en busca del dialoguito final entre Merry y Pippin que me compuse por pura diversión no exenta de amargura. Lo que me sorprendió fue hallarme con que sí había escrito sobre la amistad (se me traban las teclas con el tema) y que mis ideas básicas, sobre todo en cuanto a compromiso, son las mismas. Es por eso que decidí publicarlo a pesar de que fuera, de bien a bien, desagradable, y con un poquito de explicación para que mis lectores se dieran una idea. Pero a partir de ahí han cambiado muchas cosas.
Ahora, en lo que me dices hay partes en las que tienes toda la razón, y otras en las que no. Empecemos por éstas: POR SUPUESTO que me acerqué, por mi parte, a mis ex amigos, y con las mejores intenciones. Comencé con los de los problemas graves. Pero como después de cuatro o cinco de estos encuentros salí... ¿cómo diríamos?... algo más que UN POCO espinada, decidí desacelerar las cosas. Un día que tras una de esas reuniones regresé a la casa temblando y con el llanto atravesado encima del paladar, hasta G. me dijo que ya no era una buena idea seguir con ello. No, tampoco me detuve ahí. Pero más después.
No fue el mentado “exorcismo” lo que mandó todo a la fregada, sino los MESES Y MESES que mis amigos me repitieron, no con palabras sino con hechos y actitudes, que YA NO ME QUERÍAN CON ELLOS. A lo mejor los perros regresan muy lindos y moviendo la colita cuando alguien los patalea, pero no hacen lo mismo los gatos, ni tampoco algunos humanos (me cuento entre éstos). Yo no me declaro inocente de haber repartido patadas, pero lo que me asombró y entristeció fue que las dadas por mis amigos fueron, para ellos, cuestión de poca importancia, algo que pronto olvidarían, algo que jamás tuvieron CONCIENCIA para aceptar como malo (creo que andábamos, además, en la época del relativismo).
El “exorcismo” (como quiera que se llame) lo aclaró este “amigo” (sólo lo pongo entre comillas para distinguirlo; es muy probable que sea de los que ves de cuando en cuando para ponerse al día) a petición mía, ya que sólo había oído rumores al respecto y quería saber qué onda con ello. Él nunca utilizó la palabra “exorcismo” ni me dio por mi lado. (Tras los correos nos reunimos a platicar, y luego vinieron más correos entre los cuales se coló el del dialoguito, y ya).

Aisling dijo...

Nunca pensé en esperar para siempre como el padre del hijo pródigo. No esperé, de hecho, ni medio año antes de moverme. Pero como mis movimientos (encuentros) no dieron más resultado que, en el mejor de los casos, las cosas siguieran como siempre; o, en el peor, darme por enterada de que a mis ex amigos les valía queso todo, tuve que tomar una de las decisiones más tristes y difíciles que he de mi vida: primero: el reconocer en su totalidad que los amigos a quienes echaba de menos, a quienes tanto quería, se habían convertido en extraños, y nada sería como antes. Segundo: estar consciente de que, junto con la cizaña, iba a arrancar también manojos enteros de trigo bueno; es decir, que iba a lastimar a personas que jamás habían sido mala onda conmigo sólo porque estaban DEMASIADO cerca (hasta para pescar mañas) de quienes sí lo habían hecho (y que no les importaba). Y es en este punto donde tienes toda la razón: NOS FALTÓ COMUNICARNOS. Me quedé con la mandíbula caída de asombro cuando el “amigo” (de nuevo, las comillas sólo para distinguirlo) me dijo que él había creído que mi razón para alejarme era que quería dedicarle más tiempo a mi matrimonio (!). Él tampoco tenía idea de nada, pero no resistí la tentación de decirle “oye, qué poquito me conoces”.
Total, tuve mi período de duelo, normalito, y luego, pues había que levantarse. Ahora no estoy aferrada a los malos momentos; recuerdo los buenos con mucha calidez y de hecho no había vuelto a rumiar los malos sino hasta que escarbé mis correos... en busca del fragmento final del texto (que perdió toda su gracia original cuando lo “traduje” del mexicano al español estándar para que lo entendieran mis lectores de otros países). La experiencia no fue tan terrible ni movió de lugar las cosas. Me hubiera gustado tener la madurez que me cargo ahora cuando ocurrieron todos los problemas hace tanto tiempo, pero no creo que mi decisión hubiera cambiado, pues mi concepto de amistad no es tanto idealizado sino Lewisificado: puede ser mi amigo “aquel que vea las cosas como nosotros, o que al menos, le importe lo mismo que a nosotros nos importa”. Pero sigo empleando la palabra “amigo” de forma bastante liberal; tengo muchos de los que pasan años sin vernos y como si nada; tengo de los que requieren mayor frecuencia y cuidado y está bien; tiendo a sentir amistad (“¿cómo, tú también? ¡Creí que sólo a mí me pasaba!”. Otra cita de Lewis) por personas con quienes he sentido esa clase de cercanía. Lo único que tienen de peculiar esos amigos es que una de dos: o no nos hemos hecho daño, o sí lo hemos hecho pero lo hemos reconocido por ambas partes (el que lastima y el lastimado) y hemos hablado, llorado y rabiado de ello hasta deshacer el estorbo. Y luego todo bien. En varios de mis intentos de reconciliación mis ex amigos tenían de antemano su arguemento inamovible de que lo malo que hubiera entre nosotros “no tenía ninguna importancia; lo que pasa es que tú...”.
Lamento lo que no se dijo más que lo que se dijo; la pena de los tiempos de ruptura no me ha hecho más cínica, pero sí más vulnerable. Tal vez algún día me anime a acercarme, si es que me siento lo suficientemente fuerte. Mientras tanto, te agradezco la constancia, la paciencia y el cariño. :>

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