jueves, mayo 08, 2008

Veinte años, antes y después. Parte 3


3.
Sangre y secretos

Cuando me quitaron mi precioso Señor de los Anillos, apenas había leído el prólogo, y la mera verdad es que no estaba entendiendo maldita la cosa. Lo único que realmente se me pegó fueron ciertos detalles sobre los hobbits, porque esa era una palabra que ya conocía (gracias al artículo del Selecciones). Pero, como se suponía, mi prioridad entonces debía ser el examen de admisión de la prepa que les platiqué en la parte anterior, la regla de “no-libros” siguió vigente.

Poco más de cinco semanas después, mi primer intento de hacer ese estúpido examen se frustró, y de la forma más humillante. Toda esa mañana había tenido dolor de pancita, pero ya en el examen, y apenas transcurrido un cuarto de hora, el dolor se volvió espantosamente agudo. Hice un esfuerzo por aguantarme hasta el primer receso (habría varios, cada cuarenta minutos o algo así) pero no lo logré. Me ganaron las náuseas y vomité sangre que salpicó tanto el examen como el piso a mi alrededor.

Mis compañeros de examen interpretaron el hecho como nerviosismo; en realidad lo que tenía era un quiste ovárico a punto de reventar (bueno, ¿pero quién vomita sangre por estar alterado?).Tras unos cuatro días de retorcerme e intentar convencer a todo el mundo de que NO eran mis nervios, me mandaron al quirófano. Según me dirían mucho después, por poco no la cuento. Lo peor es que ni en mi lecho de muerte potencial me permitieron leer ESDLA. Mis hermanas llegaron de Guadalajara con canastas de mis golosinas preferidas, y en mi camita no me separaba de mi Retrato de Dorian Gray y los cuentos completos de Oscar Wilde como si de la Biblia se tratara. Pero de Tolkien, nada.

Ya para cuando me curé, mi hermana había terminado Las Dos Torres y tranquilizado a mi mamá y sus malos pensamientos (a partir de entonces mi mamá, vaya, jamás volvió a meterse con mis lecturas. ¿Cómo rayos llegué a tener una copia de las Memorias de Fanny Hill en las garras apenas empezaba en la universidad? Estaba extraviado en el baño de mis hermanas). Pero aún quedaba pendiente el estúpido examen, retrasado seis semanas (mes y medio más de tortura sin lectura).

La Comunidad ya estaba en mi casa, haciéndome ojitos desde mi librero, atada por mi promesa. El día anterior al examen ya estaba harta. Pensé “oh, a la fregada”, tomé ese primer volumen de ESDLA y me puse a leerlo. Era el 23 de abril de 1986, curiosamente, también, el aniversario de mi primera confesión.

Al día siguiente, en el examen, tenía la cabeza más llena de ESDLA que de los meses y meses de estudiar el manual, y realmente no me importaba. Llegué a la escuela con cara de absoluta felicidad, con mis pensamientos puestos en cuatro nuevos amigos que habían salido de casa y corrían un peligro mortal, y sin la menor idea de que mi escenita en la ocasión anterior me había ganado fama permanente de neurasténica.

Una cosa extrañísima que me sucedió en el examen y que debió haberme preparado para lo que venía: Ya para empezar, el supervisor le entregó a todos los aspirantes, menos a una servidora, su copia del examen, y se puso a explicarles cómo llenar la hoja de identificación y respuestas. Esperé con paciencia a que me diera mi material, pero como éste no llegaba, me atreví a solicitárselo, con voz dulce y una sonrisa. El individuo miró su reloj y dijo que estaba contándome los minutos que había permanecido en la sesión pasada (?). Satisfecho al terminar el cuarto de hora, me llevó... me llevó... puaj... el MISMO examen que había utilizado en la ocasión anterior, todo manchado de sangre y vómito resecos. ¡Guácatelas! Yo no me atrevía ni a tocarlo, y estas personas lo habían tenido guardado en una bolsa por seis semanas. Se nota que en los ochenta le teníamos miedo a las armas atómicas y no a las biológicas, ¿verdad?

Bueno, con los pies en la Tierra Media y todo, ¿les presumo?, tuve la calificación más alta durante un par de generaciones (la persona que me tumbó del sitio era excelente con las matemáticas, mi punto débil). Y al terminar el examen, me fui derecho a mi casa y continué leyendo y leyendo con voracidad. Tras terminar con el capítulo 1 del libro 2, “Muchos encuentros”, me pude ir a la cama tranquilita. Al día siguiente, continuaría con la secundaria y mi vida de siempre.

Según proseguía la lectura, mi fascinación fue creciendo... pero, por alguna razón, también mi timidez al respecto. Yo que estaba tan contenta de embarrarle a la cara mi background de literatura “seria” a quien tuviera la desgracia de cruzarse en mi camino, tenía ahora una renuencia más bien extraña a platicar sobre mi, ahora (y lo presentí, siempre) libro favorito, sobre todo con adultos. Eso sí, a la salida de la secundaria, solía rodearme de un grupo de unas diez compañeras de varios salones a platicarles lo que iba leyendo. Me gustaba dejarlas en suspenso, tal y como a veces le daba por hacer a nuestro autor. Pero solamente a mi mejor amiga, I. (que ahora reside en Cuernavaca, y sigue siendo la persona más genial del universo) me atreví a confiarle mi secretito más vergonzoso...

Continuará...

7 comentarios:

Master Pei dijo...

Woooooo!!! Qué chido, Aisling! Oye, y eso de que te guardaran el examen salpicado... que no manchen (literalmente) :P

¿Sabes? Ya estás haciendo que me den ganas de contar mi historia de cómo leí ESDLA por primera vez, aunque sé bien que no le llegaría en calidad a lo que nos estás presentando, para nuestro gozo y deleite. En fin, ¿cuándo sale la siguiente entrega?

Fëaluin dijo...

Esperame tantito...

¡PUAJ!!!

Ahora si... que mal rollo te tiraron con eso del examen guacareado...

En cuanto a la timidez de compartir tus gustos... bueno... gracias a que a nuestra generación le tocó crecer con videojuegos y animes en TV ya es más permisible tener gustos "infantiles", pero aún sigues siendo bicho raro... y antes era mucho peor.

Kitsune dijo...

Me encanta leer una y otra vez tu crónica de los 20 años, pero yo ya quiero llegar a donde me quedé!!!
:P

Off topic: ya viste que, de acuerdo con el sitio de cinépolis, estrenan la película de Persépolis el 6 de junio aquí en México?

Jorus dijo...

Yo de niño pedia libros de cumpleaños y me traian juegos de NES :'(

Aisling dijo...

Pei: Como le dije a Alito, me encantaría leer muchas, muchas crónicas del primer encuentro de El Señor de los Anillos. Por fis, por fis, por fis... probablemente resulte mejor que la mía, y espero, repito, que sea laaaaaarga y en partecitas.

Qué bueno que tú y Fëaluin me creyeron eso del examen... es totalmente cierto, y no fue sino un mal principio a lo que se vendría después. Esa preparatoria a donde entré fue horrorosa, y no sé si en algún momento dado me iré de la boca y mencionaré cuál fue (o a lo mejor suelto algunas pistas en las imágenes).

Fëaluin, la verdad es que nunca entendí por qué me daba pena que supieran lo que me FASCINABA Tolkien... no estoy segura de que fuera por las mismas razones que me hacían ocultar, incluso en tiempos de la crisis antifantástica, mi obsesión por Star Wars. A lo mejor era por la idea del bicho raro. Con el tiempo he aprendido a aceptarme como soy, pero de adolescente no era tan sencillo.

Kit, la verdad es que ya no recuerdo en dónde me quedé cuando subí esta crónica a la lista Tolkiendili... pero conste que he intentado ponerla en versión corregida y aumentada (la historia del profesor de la Sep será uno de los detalles nuevos).

Pero ahora que lo mencionan, aunque se supone que cada entrega sale los jueves (y esta semana llegó tarde... todavía no es muy confiable el programador automático de entradas de blogger, creo), estoy pensando en aumentar la velocidad a dos veces por semana en lugar de sólo una. Eso me obligaría a escribir un poco más, porque no quisiera tener dos Veinte Años seguidas... nomás por complejo. Sirve de paso que no prolongamos de más los especiales... estaba viendo que si llego a sacar uno de Suikoden, como planeo, me llevaría mínimo DOCE entradas... Veinte Años tendrá once y está prácticamente terminada a excepción de afinar detalles y poner ilustraciones.

Bueno, ya veremos qué hacer. Si veo que las cosas pueden acelerarse, la próxima Veinte Años será para el lunes o el martes que entra, y el jueves tendremos la parte 5, y así sucesivamente.

Jorus: en realidad es un caso raro... muchas veces los papás le regalan a uno libros y no videojuegos, porque los libros como que se piensa que le hacen más provecho a los niños. A mí solían regalarme ropa, ya que se dieron cuenta mis papás de que los libros eran un vicio, igual que los videojuegos.

Ahora que soy bastante grande, mis papás me regalan justo lo que quiero, y estoy feliz. Si se trata de regalos, mi papá me deja escoger el libro que yo quiera, y mi mamá me pregunta qué videojuego se me antoja, y todos contentos. Yo todavía tengo problemas sobre qué regalarle a ellos, pero siempre les alegra recibir música y películas de las que les gustan.

Aisling dijo...

Uuuupppss... y se me olvidó comentarle a Kit algo: ¡Qué bueno que traen Persépolis a cine! Gracias por la noticia. Ojalá que la dejen en francés con subtítulos o que la doblen al español. Me han dicho que la versión doblada al inglés está muy malita.

Por supuesto, no hay que perderse esta película.

Suldyn dijo...

¡Quiero ver Persepolis!

Bueno, pues coincido en que aquello de que te guardaran el mismo examen no tiene. . . nombre.

En verdad que yo también recuerdo con gran gusto esos primeros capítulos de ESDLA y de cómo veía la fantasía en ese entonces.

Creative Commons License
La casa de Aisling by Laura Michel is licensed under a Creative Commons Atribución-No Comercial-Sin Derivadas 2.5 México License.