
Director: Andrew Adamson
Lo bueno: Los personajes, las actuaciones, las secuencias de batalla.
Lo malo: La adaptación.
La decepción personal: ¡Eliminaron mi escena favorita!
El cliché: ¿Susan y Caspian...?
Calificación: ****
En una relación, lo mínimo que uno puede esperar es fidelidad, ¿de acuerdo? Y más cuando en el pasado la pareja se ha llevado y visto más o menos bien. En este caso, puesto que los noviecitos en cuestión son Narnia y el Cine, uno se pregunta por qué el director Andrew Adamson pasó por alto esta regla elemental. Tan bien que íbamos en la primera película...
La respuesta no sería difícil: mucho de la Narnia de C.S. Lewis resulta demasiado extravagante para el cine, y más para los públicos contemporáneos y los cánones de lo políticamente correcto. Lo curioso de El príncipe Caspian es que su adaptación parece irse por una tercera vía. Intentemos ver si eso ayudó, o, por el contrario, hundió las cosas.
Primero la historia: ha pasado un año desde que los hermanos Pevensie estuvieran en Narnia, pero para esta tierra de ensueño han transcurrido más de mil. Los antiguos narnianos viven escondidos, los animales se han vuelto salvajes y la tierra está ahora en manos de una raza humana intrusa, los telmarinos. Aslan, desaparecido también, ahora no es más que tema de leyendas y supersticiones.
En su castillo, el tirano Miraz (Sergio Castellitto), soberano de Narnia por usurpación, mantiene encerrado a su sobrino Caspian (Ben Barnes), legítimo heredero del trono, sólo porque no sabe qué hacer con él; hasta que con el nacimiento de su hijo varón se convence de eliminarlo. El príncipe Caspian, que ha sido criado en las antiguas creencias y la fe en Aslan (bueno, de eso nos enteramos si hemos leído la novela), consigue escapar gracias al oportuno aviso de su tutor, el doctor Cornelius (Vincent Grass).
En su huída, se tropieza con los antiguos narnianos, y hace sonar el cuerno de
La película es muy emocionante, con buen ritmo y excelentes actuaciones... pero en cuanto al desarrollo de la trama, se siente como un elástico viejo: muy estirado en partes y en tramos hecha nudos para evitar que se suelte. Mientras que una buena parte de la historia original está comprimida hasta volverse irreconocible, el resto de las más de dos horas de duración se rellena con elementos ajenos, aunque más al gusto de las audiencias de ahora; más batallas y suspenso, intrigas políticas de la mano de Lord Sopespian (Demián Alcázar) y el general Glozelle (Pierfrancesco Favino), dos personajes que apenas tienen presencia en la novela; rivalidad entre Peter (William Moseley) y Caspian, y un forzadísimo intento de romance de éste y Susan (Anna Popplewell); pero bueno, ¿es que Hollywood no puede concebir que un chico y una chica se conozcan sin que ocurra nada más?
Entre estos estira y afloja se quedaría perdida (no hay mucho espacio para una versión del director) mi escena favorita de
En cierto momento, la comitiva pasa por una escuela donde una maestra le da clases de aritmética a un hatajo de mocosos intragables; Aslan la invita a seguirlos con la mirada, y ella se niega porque tiene mucho trabajo; de pronto, los horrendos estudiantes se convierten en cerditos, y la maestra puede unirse al grupo del buen león. Ah, esta escena me pareció deliciosa... y espero que mis alumnos no se sientan aludidos; muchachos, ya saben que los quiero.
Ya haciendo a un lado la adaptación y sus males, la cinta tiene muchos puntos rescatables y francamente buenos; lo suficiente como para que a esta película le otorguemos cuatro estrellitas: Las escenas de batalla a gran escala están excelentes, pero no le ganan a una climática: el combate singular entre Peter y Miraz. La música de Harry Gregson-Williams es otro plus. Pero sin duda son las actuaciones y las caracterizaciones, como en la primera; los personajes, aun con diálogos añadidos y escenas extra, conservan el espíritu de la novela original de la cabeza a los pies. Con el papel protagónico lleva










