miércoles, julio 30, 2008

Receta: Arroz al vinagre (para sushi)

©Cooking Mama, del juego homónimo de Office Create, publicado por Majesco para Nintendo DS.

Aquí tienen la receta básica del sushi: el arroz al vinagre o shari. Recuerden, no la preparen todavía. Esperen al fin de semana cuando tendremos todo lo necesario para nuestro primer rollito.


Ingredientes (para unos tres rollitos medianos o de cinco a seis bocadillos):
  • Dos tazas de arroz blanco (gohan).
  • Dos cucharadas de vinagre preparado para sushi (se consigue fácilmente en tiendas, o se puede elaborar en casa disolviendo un cuarto de cucharadita de azúcar y media cucharadita de sal en dos cucharadas de vinagre de arroz o manzana).
Herramientas:

  • Recipiente amplio de plástico o de madera sin barnizar para el arroz (jamás usen uno de metal, porque altera el sabor del vinagre).
  • Palita de madera para mezclarlo.
  • Abanico, pedazo de cartón, revista, cuaderno... cualquier cosa que sirva para echar aire.
Procedimiento:

1. Preparar el gohan como se especifica en la receta, pero, muy importante, dejarlo en remojo una media hora en el agua en la que se va a cocinar para que quede más blando y pegajoso. Si es posible, utilizar arroz de grano corto, como el calrose o el morelos.

2. Poner el arroz recién hecho en el recipiente amplio. Verter el vinagre uniformemente.


3. Con el abanico (o alguno de los sustitutos) en una mano comenzar a enfriar el arroz, al tiempo que se mueve, muy despacio y con cuidado de no aplastar los granos, con la palita de madera. Continuar hasta que el arroz deje de echar vapor.


Es todo; nuestro arroz al vinagre está listo para utilizarse en cualquier variedad de sushi que queramos.


lunes, julio 28, 2008

Semana del Sushi, I

©Cooking Mama, del juego homónimo de Office Create, publicado por Majesco para Nintendo DS.

Arrancamos hoy, según lo prometido (y con dedicatoria especial a Kitsune), con la primera Semana del Sushi... un platillo exquisito que se puede preparar fácilmente en casa. Esta será una sección que espero tener en forma más o menos regular (cada cierto periodo de tiempo, algo así). Hay varios cientos de clases y combinaciones de sushi, así que el tema nos va a dar para largo.

Para lo que cuesta el sushi en restaurantes, uno podría creer que se trata de un platillo caro y exótico... pero nada más lejos de la realidad; una porción completa puede pagarse con poco menos de un dólar norteamericano, y los ingredientes que se pueden utilizar son tan accesibles y diversos que basta abrir el refrigerador o la despensa para obtener la mayor parte. Por si fuera poco, el sushi es muy saludable (el vinagre, uno de los ingredientes principales, mejora la circulación de la sangre), bajo en calorías y delicioso.

Esta semana, por ser la primera, iremos presentando poco a poco las recetas de los componentes básicos. No se precipiten; tengan un poco de paciencia y aprovechen para ir consiguiendo los ingredientes e instrumentos que hagan falta. Para el fin de semana, estaremos listos para preparar un sencilla y popular variedad de sushi: el rollito California.

Antes de concluír la inauguración, algunas notas interesantes:

  • Lo que comúnmente llamamos “sushi”, los rollitos de arroz envueltos en alga marina, no es sino una de las muchas formas en las que podemos hallar este platillo. Su nombre correcto de hecho es maki sushi. También existen, entre otros, los bocadillos en forma de dedo (nigiri sushi), los que parecen barquitos con relleno (gunkan maki), los prensados como queso (oshizushi) y los platos de arroz cubiertos con diferentes ingredientes: la ensalada o chirazi-sushi.

  • La invención del sushi fue accidental; en el antiguo Japón, para conservar el pescado y otros alimentos, se les envolvía en una capa de arroz lleno de vinagre, que se desechaba después. Un día, a alguien se le ocurrió comérselo.

  • Si van a un restaurante de sushi y no tienen mucha pericia para utilizar los palillos, no se preocupen; es perfectamente aceptable y educado tomarlo con los dedos.

  • Los condimentos que probablemente les ofrecerán para el sushi son salsa de soya (aquí daremos una receta muy sabrosa) para mojarlo, jengibre (gari, una especie de hojitas color rosado) y wasabi (una pasta verde). El jengibre sirve para intensificar el sabor del platillo; podemos tomar una hojita antes de cada bocado (a mí la verdad me encanta comérmelo solo). El wasabi es rábano picante y se añade a la salsa de soya en muy pequeñas cantidades, hasta dar con el sabor que uno prefiera. Nunca va a faltar el chistosito que quiera hacerles la broma del “aguacate japonés” y hacerles tomar una cucharada de golpe; cuidado, porque el wasabi es muy fuerte. Dado el caso, sonrían, tomen un poco con el dedo, pónganselo en la punta de la lengua... y luego dibujen un pequeño bigote verde bajo las fosas nasales del presunto bromista.

  • Si compran sushi y no se lo terminan, lo pueden guardar en el refrigerador, pero, muy importante, primero hay que envolver las sobras en papel encerado (jamás aluminio, por favor) y después en un trapo o toalla de cocina (una servilleta de tela de las que usamos para las tortillas es ideal). Antes de comerlo, se puede calentar un poco en una plancha, comal o sartén, pero no en el microondas.

domingo, julio 27, 2008

Premios Ignotus... ¡santo cielo!


Ya sé que no acostumbro subir nada en domingo... pero me acabo de enterar de algo tan interesante que no me aguanté las ganas de compartir...

La Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror otorga, cada año, sus premios, los Ignotus; en la lista de nominados de este año para novela corta se encuentra... caray, caray, caray... estoy que no me la creo... Fluyan mis lágrimas, de mi querido Capitán Quasar. ¡Felicidades, muchísimas felicidades!

El Capitán piensa que su destino es nunca ganar un premio (qué coraje cuando el año pasado quedó finalista del Julio Verne en cuento, y que no quisieron otorgarle el primer lugar porque su historia se metía con cuestiones religiosas), pero ojalá que ahora se rompa el esquema.

Ahora... desde la oscuridad, la invisibilidad, miro a otro de los nominados y cruzo los dedos... 253, esa maravillosa novela de Geoff Ryman que tuve el inmenso honor de traducir, está en la categoría de novela extranjera. Lado a lado con Hijos de Húrin, para ponerla más difícil. Cieeeeeeelos... ¿a cuál de las dos le echaré porras...?

sábado, julio 26, 2008

Negra tienen la conciencia


Hace unos tres meses, el sitio Omnichela.net me recordó un asunto que ya tenía olvidado desde hace rato: que Frank Miller iba a llevar al cine The Spirit, de Will Eisner, una de mis historietas preferidas y que la idea de que él dirigiera no me había agradado mucho que digamos. Ya con el recordatorio, me metí a la página de producción de la película en la Internet Movie Database y efectivamente me hallé mucha más información que la última vez; eso incluía el reparto. Y fue ahí donde me detuve en seco; algo que de tan imposible jamás me hubiera pasado por la cabeza estaba sucediendo: Ebony White, uno de los personajes más importantes de la historieta, y un favorito personal, no estará en la cinta.

¿Pero qué rayos estaría sucediendo...? Les digo, mi primer sentimiento fue el de estupefacción: Ebony es el ayudante de The Spirit (un expolicía llamado Denny Colt que, tras ser declarado muerto, trabaja como vigilante nocturno enmascarado), y es un chico pobre que hace lo que puede por salir adelante. ¿Se me está pasando algo? Ah, sí; es negro.

Para el fenomenal despliegue de racismo que hizo Miller en 300, la verdad no me esperaba que por un detallito tan simple se fuera a dar golpes de pecho, pero así es. Por temor a ofender a la comunidad negra, Ebony, que aparte de ser coprotagónico es uno de los personajes más geniales y divertidos del comic a nivel mundial, será sacrificado en el altar de lo políticamente correcto.

Me recuerda aquella vez que varios estadounidenses importantes de raza negra armaron un escándalo por los sellos postales con la imagen del personaje de historieta Memín Pinguín que salieron a la venta en México. Apenas unos meses después, cuando el huracán Katrina devastó Nuevo Orleans, supongo que se dieron cuenta de que el verdadero racismo poco tiene que ver con caricaturas de negritos simpáticos; pero si es así, el reverendo Jesse Jackson no dijo media palabra. Tampoco, seguro, tuvo mucho tiempo de recapacitar en su ignorancia.

Este mes, la cadena Walmart retiró la revista de Memín de sus tiendas en Norteamérica porque varios de sus clientes reaccionaron enojadísimos ante la portada del número reimpreso con el título de "Memín Presidente". ¿Y hasta ahora se dan cuenta de que existe y que lleva vendiéndose por allá bastante tiempo? ¿O, con el panorama electoral, no será mucha casualidad?


Memín Pinguín, personaje creado en conjunto por la escritora Yolanda Vargas Dulché y el ilustrador Alberto Cabrera (don Sixto Valencia, un genial dibujante que estaba familiarizado con el personaje de Ebony, entraría al quite más adelante), está basado, le oí contar a ella en persona, en un vecinito negro que tenía y que era travieso como él sólo. Doña Yolanda lo bautizó “Memín” en honor nada más y nada menos que de su esposo, Guillermo de la Parra, y lo de Pinguín viene de “pingo”, es decir, “diablillo”, en español de México. El chico protagonizó primero la revista de historietas Almas de Niño, pero se hizo tan famoso (en México, es un ídolo, y un promotor de la igualdad y la tolerancia), que terminó dándole su nombre a la misma. Una servidora sigue sin ver dónde está el racismo en todo esto.

Ebony White, por su parte, comenzó primero como un adulto, y a lo largo de los primeros años de la historia fue rejuveneciendo misteriosamente hasta convertirse en un muchacho de unos quince, algo bajito para su edad; la imagen que conservó hasta el final y que se recuerda más. Para ganar algo de dinero extra (en el mundo de The Spirit, a diferencia del de otros justicieros, la economía ocupa un lugar preponderante), Ebony manejaba un taxi. Es ocurrente, extraordinariamente listo y muy audaz.

Sin Ebony, seguramente a The Spirit ya lo hubieran hecho talco los supervillanos a los que se enfrenta. La lealtad que el chico le profesa a su jefe no lo detiene para meterle sus buenas regañadas cuando éste comete alguna estupidez. Resultan especialmente cálidos los episodios del cómic donde ambos, en su guarida secreta (un departamentito subterráneo en el cementerio, bajo la tumba de Denny Colt) comparten la lectura de la obra de Edgar Allan Poe o de Ambrose Bierce (para The Spirit es muy importante que Ebony estudie y se haga amante de los libros, y en algún momento dado lo llega a mandar a la escuela). Ebony nunca deja de soñar con un futuro mejor, y aunque no tiene mucho es generoso con quienes son menos afortunados que él.


Pero, ¿acaso importa todo esto cuando algún estadounidense grita “racismo” y se rasga la playera? Oh, no. Tanto Ebony como Memín son víctimas de las apariencias; su aspecto caricaturizado, al parecer, es lo único que tienen de ofensivo. Will Eisner, al que también tuve la inmensa fortuna de conocer en vida, sintió la presión e intentó desaparecer paulatinamente a Ebony. Pero algo que siempre me desconcertó es que nadie se quejó jamás de sus caricaturas de blancos: por ejemplo, Sammy, el sidekick que sustituyó a Ebony cuando éste se fue a estudiar, tenía los rasgos estereotipados de un adolescente norteamericano, lleno de espinillas, con dientes grandes, y una gorra de beisbol. Ninguno de los personajes de The Spirit es realista. ¿Que si el nombre de Ebony White ("ébano blanco") es una broma? También lo son prácticamente todos los nombres de los otros personajes, como el de la espía Silk Satin ("seda satín") y la criminal redimida Sparrow Fallon ("gorrión caído", más o menos).

Por el lado de Memín y su patria, no conozco a un solo mexicano que se arroje al piso y haga berrinche al más puro estilo Noroña por la forma en que se nos representa en las películas gringas, o que haya amenazado con cortarse las venas si no se prohibía la aparición de Speedy González y sus amigos ratones en tele.


Para los Estados Unidos, el desprecio que muchas veces sufren los centro y sudamericanos, los orientales, los europeos, está en otro plano; la palabra “racismo” es sinónimo de “odio a la raza negra”, por lo visto, y muchas veces ahí se quedan. Algo de su historia de esclavitud y discriminación tendrá que ver con eso (la Guerra de Secesión, que supuestamente se hizo con el propósito de abolir la esclavitud, en realidad tenía motivos políticos y económicos ocultos; los Estados Confederados de América se estaban volviendo peligrosamente fuertes. Para aumentar sus posibilidades de victoria, el presidente Lincoln le prometió a tres estados del sur que podrían conservar a sus esclavos negros si colaboraban con él en la guerra).

La casa Disney, hasta la fecha, se ha negado a distribuír en su propio país su película de 1946 Canción del Sur, por temor a la controversia que podría desatar un héroe negro, y además un esclavo recién liberado, que, cosa inadmisible, se llevaba bien con sus amos.

Pero, si los remordimientos arden tanto y el pecado clama por penitencia, ¿por qué personajes imaginarios como Memín o Ebony tendrían que pagar el pato? Porque es mucho más fácil cerrar los ojos que enfrentar los errores del pasado. Y, definitivamente, funciona más inventarse en las películas lo que uno prefiere creer. Mejor ejemplo no hay que cuando Hollywood intentó achacarle Godzilla a los franceses (Godzilla es, prácticamente, el espíritu de las bombas arrojadas en Hiroshima y Nagasaki; una fuerza terrible y destructora contra la que nada puede hacerse. A menos que nuestros conocimientos de historia mundial estén a la par de los del presidente Bush, todos sabemos de dónde salieron).

En el 2009 veremos The Spirit en el cine; dirigirá Frank Miller, quien seguramente le impondrá su estética peculiar (aunque para el caso no sea lo más adecuado). Gabriel Macht llevará el papel protagónico. Y, estoy segura, no habrá voces en internet que coloquen a su lado a Ebony White, así como lograron sacar a Arwen del Abismo de Helm en Las Dos Torres. Nos perderemos la oportunidad de tener a un héroe negro y a un héroe blanco de la época de los treinta y cuarenta luchando mano a mano contra el mal. Para evitarse dificultades, mejor dejar fuera al negro. Perdón, pero, ¿eso NO es racismo...?

jueves, julio 24, 2008

Reseña de película: Dragonlance: Dragones del anochecer



Dragonlance: Dragones del anochecer (2007)

Director: Will Meugniot

Intérpretes: Voces de Michael Rosenbaum, Kiefer Sutherland, Lucy Lawless, Fred Tatasciore, Rino Romano, Jason Marsden, Neil Ross, Michelle Trachtenberg, Neil Ross, Marc Worden, Phil LaMarr.

Lo bueno: Algunos diseños, algunos momentos, algunos actores, algunos y algunos.

Lo malo: En especial, la animación, pero también ciertos detalles donde la adaptación del libro original está infame.

El horror: Si comen palomitas al verla, cuidado; una de las últimas escenas podría hacer que se atraganten.

Calificación: *

Sin ser la octava maravilla ni mucho menos, las primeras novelas de la serie Dragonlance, de Margaret Weis y Tracy Hickman, tuvieron en su tiempo una merecida popularidad. De que eran inequívocamente gringas, con una gringuez perceptible hasta en las yemas de los dedos al darle vuelta a la hoja, ni quien lo niegue; ochenteras como ellas solas (con su correspondiente dejo de frivolidad, glamour y clichés), también. ¿Derivativas? Por todas partes; y salidas de la prueba de un módulo nuevo de Calabozos y Dragones, eso ya es consabido.

Pero esto último es lo que, aunque mezcladas con fallas de origen, les da sus mejores cualidades: primero, una coreografía impresionante en las escenas de acción, donde se mueven veintenas de personajes en un maravilloso despliegue de verbos sin que se pierda un detalle; segundo, protagonistas con una gran personalidad, motivaciones bien distinguibles y una muy propia forma de hablar y expresarse, resultado todo ello del juego y la creación conjunta.

Quienes hayan leído al menos las dos primeras trilogías, estarán de acuerdo conmigo en que el mago Raistlin Majere (honores sean dados a su creador, Terry Phillips) es uno de los personajes más profundos e inolvidables de la fantasía de finales del siglo XX.

Pues bueno... adivinen a qué es lo primero que le dan en la torre en esta película...

Mejor comencemos con lo más obvio.

La razón por la que se haya decidido sacar esta cinta en dibujos animados se me escapa; el hecho de que se fuera directamente a video tal vez se justifique por el intento de ahorrar dinero (y a ver si a los productores no les sale el tiro por la culata). Para empezar, la calidad visual deja mucho, muchísimo que desear. En Dragonlance se hace una mezcla inmisericorde de animación por computadora con tradicional, algunas veces en el mismo cuadro (nuestros héroes hechos a mano combaten contra draconianos de pixeles); y el resultado, aparte de verse chafísima, lo deja a uno con la impresión de estar contemplando un episodio de He-Man y los Amos del Universo, pero con un tercio del presupuesto.

Si bien los diseños originales de personajes y escenarios (que se pueden ver en el sitio oficial de la película) no estaban tan mal, quién sabe qué les picó a los creadores del proyecto (el autor Hickman es uno) para que le encargaran su realización al mismo equipo que hiciera aquel horroroso programa de caricaturas, Capitán Planeta y los Planetarios. Total, que los dibujos se ven planos, torpes y hasta feos.

Todo ese sufrimiento, sin embargo, hubiera valido la pena si la historia estuviera bien adaptada; pero ni eso se consigue. El guionista George Strayton tuvo que arreglárselas para meter una trama larga y relativamente compleja en hora y media, y la mejor solución que se le ocurrió fue copiarle la fórmula a La Comunidad del Anillo (explicar transfondo - presentar gente - poner acción). Todos los personajes, incluyendo al genial Raistlin, pierden brillo, y el argumento se centra en el atribulado semielfo Tanis y su supuesta búsqueda de la fe, engordada y aumentada del original.

Algunos de los actores que prestaron sus voces al trabajo hicieron la lucha, pero es imposible saltar muy alto cuando uno está encadenado al piso. Lucy Lawless, por ejemplo, se las arregla más o menos con su papel de Goldmoon, mientras que Kiefer Sutherland se nota que nunca llegó a enterarse de cuánta era la responsabilidad de darle vida a Raistlin; a Michael Rosenbaum, Lex Luthor en Smallville, le quedó muy grande el papel de Tanis, que por otro lado es talla M. Quien logra superar las limitaciones de un guión que maltrata y desperdicia terriblemente a su personaje es Jason Marsden, que representa a Tasslehoff cuando menos decentemente.

Muchos fans de la serie de Dragonlance leyeron estas novelas cuando estaban en la secundaria o en la prepa, y al hablarse de una película, clamaban por una producción con actores a la altura de El Señor de los Anillos y tres horas de duración para cada libro. En realidad, con algo más pequeño, del corte del Hallmark o el SciFi Channel, hubiera bastado; miren lo que un grupo de estudiantes turcos pudo lograr con una nada de presupuesto en este falso corto, o este anuncio de las novelas que se transmitió en España.

Una buena adaptación del material original y actores adecuados, y a quién le hubieran importado los efectos especiales y similares.

Dragones del Anochecer tiene toda la facha de una caricatura sabatina infantil, pero hasta para clasificar su público apropiado se metería uno en líos. Los elementos más típicamente mojigatos de la animación gringa (peleas de espada sin sangre, heridas que desaparecen mágicamente) van de la manita con decapitaciones, mutilaciones y gente carbonizada, en un grado de sadismo que sí alcanza a sacarle un susto a alguien acostumbrado a la violencia del anime japonés.

En la página de reseñas de Amazon para esta cinta, el escritor Tracy Hickman intentó, débilmente, justificarla, diciendo que era el preludio para algo mejor y que la habían sacado directamente en DVD para obtener dinero. Los usuarios casi se lo comen vivo.

Una última palabra antes de las conclusiones: Si aguantan sin vomitar la imagen (¡y las implicaciones!) de una de las últimas escenas, donde la “noviecita” de Tanis, Laurana (Caroline Gelabert) se da un faje en primer plano con el ya medio mayor clérigo Elistan (Ben L. McCain), felicidades; ya tienen estómago para pedir trabajo en las alcantarillas de Nueva York.

Aquí tienen el trailer; para verlo, recuerden tener a mano algún medicamento antimareos o una botellita de alcohol.

Recomendaciones: Puede que esta película les resulte medianamente digerible si son fans de Dragonlance y traen el simple subido, o acaban de tomarse un Diazepan.

Abstenerse: Si son fans de Dragonlance y no están de humor para payasadas. Si no están familiarizados con las novelas, o no les gustan, ahora así que ni para qué perder su tiempo.
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