domingo, noviembre 29, 2009

Reseña de libro: Espejismo

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Espejismo
Louise Cooper
Editorial Timun Mas


Lo bueno: Otra buena historia de personajes.

Lo malo: Es DIFICILÍSIMA de hallar, incluso en el original.

Calificación: * * * *

La antigua Haven, una ciudad amurallada en la costa, se halla amenazada por la gente del mar y su líder, la reina bruja Calthar. El príncipe DiMag, que gobierna la ciudad, no tiene idea de lo que su esposa, la princesa Simorh, quiere hacer: ella, con su magia negra, invocará a un poderoso héroe del pasado, un gran guerrero que podrá defenderlos de sus enemigos. Ese héroe, Kyre, a quien la leyenda llama el Sabueso del Sol, consigue materializarse frente a la princesa, y DiMag acepta a regañadientes el plan de su mujer. Pero hay algo que Simorh no había considerado: Kyre ha estado muerto por demasiado tiempo, y no puede blandir ni siquiera un tenedor; la sangre le provoca náuseas y hasta sus pasos son torpes.

De nuevo sin recursos, Simorh y DiMag están por caer en la desesperación, y no tienen mejor manera de mostrarlo que con pleitos, insultos y humillaciones mutuas. Pero aunque Kyre no esté físicamente tan bien, su mente está lo bastante entera como para darse cuenta de que, en medio de los problemas, nadie parece advertir una pena privada, pero muy dolorosa: la de la princesita Gamora, que sufre al ver que sus padres se distancian cada vez más; antes que Haven, la familia real se está derrumbando. Tal vez no pueda librar a la ciudad con un solo tajo de su espada, pero todavía puede escuchar. Y consolar. Y quién sabe, hasta hacerla de terapeuta matrimonial.

Pero Calthar no se va a estar quieta: ella también ha hecho algo de invocaciones por su parte, y lo que consiguió podría derrotar a Kyre sin mover un solo dedo.

Como ya se habrán dado cuenta si han leído las reseñas anteriores de la semana, lo que hacía tan especial a las obras de Louise Cooper era que partían de un lugar común y de ahí llevaban a sus lectores a donde menos se lo esperaban. En sus historias, los clichés se rompían de una manera deliciosa. Pero su fuerza, tal y cual, residía más que nada en sus profundos, cuidadosamente desarrollados personajes, que conseguían hacer que un mundo de fantasía se sintiera real y próximo.

Recomendaciones: Paralectores de fantasía que busquen un trabajo maduro y bien hecho.

Abstenerse: Si buscan acción; nuevamente, no hay mucha por acá (la cosa se acelera casi al final de la novela). Si no les gustan las historias con personajes complejos, mejor lean a Cornelia Funke.

Y así llegamos (ya sé que todo ha sido muy apresurado) al final de la semana dedicada a la escritora de fantasía Louise Cooper. El vacío que ha dejado en el género sólo es comparable a las gran aunque discreta aportación de su obra. Espero que les haya gustado, y les haya motivado a leerla, si no la conocían, o a releerla, para que recuerden y como una servidora puedan decir algo así como “Gracias, señora Cooper. Gracias, Louise. Lo siento, lo siento muchísimo”.

viernes, noviembre 27, 2009

Reseña de libros: Serie de Índigo

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Como estas novelas son más bien independientes (si bien forman parte de una misma historia), voy a ponerle a cada una su calificación:

I. Némesis * * * *
II. Infierno * * * * *
III. Infanta * * * * *
IV. Nocturno * * *
V. Troika * * * *
VI. Avatar * * *
VII. Espectros * * * *
VIII. Anghara (Aisling) * * *

Louise Cooper
Editorial Timun Mas

Lo bueno: Es una larga historia de personajes, sentimientos, aventura y amistad. Las descripciones son tan vívidas que parece que uno está viendo una película, más que leyendo.

Lo malo: A medida que uno va conociendo a la autora, sus giros se hacen menos inesperados.

Tal parece que la princesa Anghara lo tiene todo: una familia amorosa (papá comprensivo, mamá prudente y hermanito divertidísimo incluídos), un hermoso lugar donde vivir, talento musical, cualquier libro que pudiera desear, y Fenran, un hombre que la ama, y con el que pronto se casará. Pero lo que tiene en bienes le sobra también en arrogancia; la arrogancia de quien se sabe inteligente y que piensa que se puede comer al mundo.

Al sur de su castillo, Cairn Caille, existe una misteriosa torre donde, según se cuenta, están encerrados siete demonios que alguna vez asolaron el mundo. Nadie se ha atrevido a cuestionar esa leyenda, pero Anghara necesita ver para creer, y su curiosidad puede más que cualquier consejo: encuentra en la torre algo que parece ser una caja de Pandora, la abre... y ahora sí que el infierno se desata. Los siete demonios caen primero sobre Cairn Caille y no dejan a nadie con vida; después se marchan en distintas direcciones a sembrar el mal.

A Anghara se le revela que, a pesar de que ha perdido todo lo que amaba, todavía tiene que responder por su pecado. Tendrá que viajar por todo el mundo para buscar y destruír a los demonios que liberó, y para ello no le bastará una vida; por consiguiente no podrá morir sino hasta que termine su labor. No estará sola, por suerte; en el camino se le une Grimya, una loba que puede hacerse entender por los humanos (y por eso ha sido rechazada por su propia familia) y que comparte con ella el don de la inmortalidad. Pero, por otro lado, su arrogancia ha creado a un octavo demonio, su Némesis, y éste también estará siguiéndole los pasos para evitar que cumpla su propósito.

Anghara se cambia el nombre a Índigo (en su cultura, el color que simboliza el luto) y parte, sin rumbo fijo, a su peregrinar de casi un siglo. La única esperanza que tiene vino también de su revelación: su amado Fenran está vivo o algo así; se encuentra a medias entre el mundo de los demonios y el real. Si Índigo consigue expiar su culpa, tal vez, sólo tal vez, podría volver a estar con él.

Índigo y Grimya pasan por muchas aventuras emocionantes, pero si uno presta atención, las historias que cuentan las novelas no son las suyas, sino las de las personas con las que se encuentran (y que de hecho son las verdaderas víctimas del pecado de Índigo). Pueblos al borde de la destrucción, familias llenas de intriga, una especie de culto siniestro y conspiraciones políticas; todo ello se mueve frente al telón de fondo de algunos de los paisajes más exóticos y bellos vistos en la literatura fantástica. De entre todo ello surgen los demonios que busca Índigo, pero ninguno se manifiesta igual que otro, y cada descubrimiento es una sorpresa que, sin embargo, no deja de ser verosímil.

Ahora, el único problemilla con la serie de Índigo es cuando uno se vuelve perro viejo con montones de trucos aprendidos: uno aprende a deducir, y la técnica impecable de la autora ya no sorprende tanto. Total, eso ya le pasó a una servidora con el director M. Night Shyamalan. Pero si uno no busca giros, sino historias de personajes (y ya con eso espero que tengamos claro que esto no es ningún thriller), la serie sigue siendo una lectura reconfortante. Por si las dudas, preparen pañuelos desechables para cada libro.

Recomendaciones: Para amantes de la literatura fantástica más o menos curtidos a quienes les haya gustado la serie de Terramar y similares; si les encantan las introspecciones y filosofar un poco sobre la vida, estos libros son más que perfectos para una buena reflexión.

Abstenerse: Si prefieren novelas con más acción, porque aquí las cosas pasan MUY despacio. Si prefieren algún librito más movido que se pueda leer con el cerebro apagado sin temor a perderse de nada, mejor elijan El Código Da Vinci.

jueves, noviembre 26, 2009

Reseña de libros: Trilogía El Señor del Tiempo

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Trilogía El Señor del Tiempo:
Vol. I: El iniciado
Vol: II: El proscrito
Vol. III: El orden y el caos

Louise Cooper
Editorial Timun Mas



Lo bueno: Los giros de la historia, el cuidado de los detalles, los personajes.

Lo malo: Es relativamente difícil de hallar.

El comentario gratuito: Si George Lucas hubiera leído estos libros (si le gustara leer, primero que nada) antes de hacer sus porquerías de Episodio I, II y III, otra cosa hubieran sido esas películas. Otra cosa.

Calificación: * * * * *

La típica batalla entre el Orden y el Caos ha terminado; y, de manera también típica, las fuerzas del Orden han salido victoriosas y ocupado la antigua fortaleza del Caos en un increíble desplante de imprudencia.

Pasan algunos años, y el mundo dominado por el Orden (y sus representantes, el Círculo, una especie de orden monástica cuyos miembros se dedican a aprender alta hechicería) parece estar en paz, hasta que la naturaleza comienza a perturbarse de maneras cada vez más siniestras. Una de ellas es el misterioso nacimiento de un niño, Tarod, que aparentemente guarda un poder inmenso en sus manos.

Después de que una tragedia lo aparta de su hogar, Tarod va a parar al Círculo; el líder de los hechiceros lo acepta con reservas. Ahí crece como adepto de la orden, y de adulto es ya un hechicero de grado máximo. Entonces, comienza a tener visiones de un ser, una especie de demonio físicamente muy parecido a él, que revela que Tarod es el avatar de uno de los ocho dioses del Caos, y que su trabajo es conseguir que éste vuelva a entrar en el mundo.

Tarod, sin embargo, tiene ahora sus propias convicciones, y está más que dispuesto a luchar por el bando que lo ha acogido. Pero su confianza se hace pedazos cuando el que consideraba su mejor amigo lo traiciona por el motivo más bajo y estúpido que puede desbaratar una relación: por una vieja...

Convertido en un proscrito, Tarod tendrá que enfrentarse solo al demonio que lo atormenta, a ex compañeros que han puesto precio a su cabeza y a sus propios y confusos sentimientos. La tierra en la que vive, mientras tanto, comienza a caer en las garras del miedo, y como resultado se desata una verdadera epidemia de intolerancia, maltratos y persecuciones; el Caos no necesita la ayuda de nadie para apoderarse del mundo. Queda una pregunta: ¿cómo detenerlo?

Pocas historias sobre el poder, sus excesos y sus consecuencias, son tan inteligentes, profundas y al mismo tiempo entretenidas y dinámicas. Louise Cooper, desde su mundo fantástico perfectamente construído, examina una realidad que tal vez no esté muy lejana de la nuestra, y lo mejor de todo es que lo hace a nivel de personajes. Todos, desde Tarod con sus dudas existenciales; Shaska, la bellísima y manipuladora joven a la que ama; Cyllan, una muchacha poco agraciada pero ferozmente leal que lo ama a él; Keridil, el inseguro heredero del poder del Orden; Themila, una señora del Círculo que es incondicional a Tarod; y Drachea, un endeble aliado que sólo quiere sacar provecho de toda la situación; absolutamente todos tienen algo que decir al respecto, y lo mínimo que logran es que los prejuicios de uno como lector se tambaleen como en terremoto de 6.5 grados. Es soprendente cómo los pequeños detalles llegan a formar temas tan grandes.

Recomendaciones: Para quienes le hayan perdido la fe al género fantástico, o ya se hayan hartado de toda la basura que éste ha producido en los últimos años. Para quienes simplemente quieran disfrutar de una novela fenomenal. Si quieren enterarse de por qué los episodios I, II y III de Star Wars salieron tan malos, y hacer berrinche por lo buenos que pudieron haber sido, lean estos libros: ya se darán cuenta por qué.

Abstenerse: Si los episodios I, II y III son sus películas favoritas, porque entonces probablemente no le entenderían. Si no les gusta leer para pensar. Si piensan que Harry Potter es lo máximo en literatura fantástica; van a salir desilusionados. Si son fans más moderados de Harry Potter y no se han enterado de la homosexualidad de Dumbledore, significa que no están en edad de consumir esto (o lo que es lo mismo: menores de 15 años, aléjense).

miércoles, noviembre 25, 2009

(A media) Semana de Louise Cooper

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"Ya estoy lo suficientemente vieja
como para preocuparme por parecer infantil".

Louise Cooper

Se acerca la Feria del Libro de Guadalajara, y como siempre, mis visitantes podrán esperar un rápido vistazo de lo que hay de aprovechable ahí, alguna pequeña crónica de lo que ocurra y fotografías. Así que estoy dándome prisa, puesto que después de la Feria todo será caos, vacaciones, lucha por la supervivencia y la deprimente época navideña, que una servidora sólo puede tolerar con el consuelo de Nuestro Señor.

No quiero que se me vaya a acabar el año sin cumplir con lo que había propuesto: dedicar una semana del blog a una de mis escritoras favoritas, Louise Cooper, que falleciera el pasado 21 de octubre; otra pérdida más de este año. Así que aquí estamos: bienvenidos a la semana de Louise Cooper. Lo que haremos será esto: hoy les comentaré un poco de la autora, y seguirán tres días más, con sendas reseñas de sus libros. Hace tiempo me encontré algunos de ellos en la Librería Gandhi, a precio de saldo; si de casualidad se pueden hallar en la feria, con gusto les avisaré.


Pues verán, Louise Cooper era inglesa, de Hertfordshire, y escribía historias desde chica. Estuvo trabajando como secretaria, y más adelante se encargó de hacer los resúmenes para las portadas de novelas en una editorial. Publicó su primer libro a los veinte años, pero realmente la suerte no le sonrió sino a los treinta y dos, cuando su agente la convenció de reescribir su segundo libro, Lord of No Time, y convertirlo en trilogía, según la moda de la época. Esa trilogía, que en español se llama El Señor del Tiempo, fue un exitazo, y a partir de ahí la señora Cooper se puso a escribir como loca más novelas, series, cuentos, etc. Hasta poco antes de fallecer, estaba trabajando en su novela número ochenta.

Louise Cooper nunca fue muy famosa que digamos, supongo que porque su obra distaba mucho de ser comercial. Pero tenía un grupito muy fiel de lectores, mujeres en su mayoría. Era experta en crear personajes, y usaba una prosa muy sencilla pero profunda.

En sus ratos libres, le gustaba tocar la guitarra y cantar, cocinar, pasar tiempo con su esposo Cas Sandal, con quien vivía en Cornualles, y con su gatito Simba; se encargaba personalmente de responder preguntas de su fans en su sitio web y, por supuesto, continuaba escribiendo. Fue una persona muy linda; por lo perfeccionista que se sentía su escritura, la verdad es que una servidora se imaginaba lo contrario (cuando conocí a la autora era muy joven, y creía, ingenua y equívocamente, que todos los grandes escritores eran unos pesados de mierda). Este homenaje, muy a la prisa y muy improvisado, de seguro no le hará justicia, pero espero que sirva para que quienes la conocieron a ella o a su obra la recuerden con cariño, y quienes no, se interesen un poco en sus libros.

viernes, noviembre 20, 2009

Sueños guajiros

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Fotografía de Carlos Briseño Torres con filtro;
el original es de Arturo Campos Cedillo, La Jornada Jalisco.


Ayer, 19 de noviembre, el ex rector de la Universidad de Guadalajara, Carlos Briseño Torres, se suicidó. Es la noticia oficial, al menos; no tengo ninguna razón para dudar, así que el propósito de esto no es montar alguna teoría de la conspiración ni especular acerca del estado mental del señor; para ello tendría que haberlo tratado personalmente, y nunca se dio el caso. Briseño fungió como rector de la Universidad por un año más o menos, pero ya había estado trabajando ahí por como 20 años. Lo destituyó el consejo universitario en agosto de 2008.

No tengo la menor simpatía por las universidades públicas; creo que la educación superior, en mi país, está al mismo tiempo sobrevalorada (no es verdad que un título universitario garantiza inteligencia, ganas de trabajar, o al menos sentido común) y subvaluada (por llamarse “superior” no debería ser gratuita ni barata, a menos que hubiera becas bien merecidas involucradas); mi entrometimiento con ellas se debe al instinto natural del cliente que quiere recibir algo a cambio de lo que paga (muchos estudiantes y hasta graduados de universidades de gobierno no tienen la menor idea de que su educación baratérrima sale del bolsillo y el trabajo de sus compatriotas), y estoy consciente de que, por desgracia, una parte del presupuesto educativo en México se destina a mantener zánganos y a financiar luchas por el poder. No creo que la cosa sea tan distinta en la de Guadalajara, pero asuntos agradables y postivos han salido de ahí: el fondo editorial, la Feria del Libro, eventos culturales, radio, televisión... Me convertiría con gusto en burócrata con tal de trabajar en alguna de estas dependencias, y procuraría en serio ganarme el pan de cada día; total, ya estoy acostumbrada. Pero no es fácil entrar a la UdG. Bueno, se preguntarán, ¿por qué ando poniendo esto? Porque, verán, el fallecimiento de Briseño me trajo a la mente una experiencia que quisiera compartirles.

El año pasado, unos dos meses antes de su destitución, Briseño habló sobre las ventajas de las clases bilingües. Cito al periódico local Público:

El rector general de la UdeG, Carlos Briseño Torres, prometió ayer que la Universidad dará incentivos a los profesores que impartan sus cursos en inglés y en español, como parte de una estrategia orientada a que los alumnos dominen esa segunda lengua.

Y ahora a Briseño:

“El año próximo pediremos apoyo a la Federación y al gobierno del estado para la contratación de profesores que dominen el inglés. También hay muchos profesores de la UdeG que lo hablan. Vamos a aprovechar esa experiencia e incentivar a los académicos para que impulsen esta labor”.

El Capitán me mostró la noticia, y me miró en silencio dos segundos. Eso de dar clases bilingües es una de las pocas habilidades con las que cuenta una servidora; eran cosa de todos los días en mi perdida cátedra de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Qué bien, le dije; voy a llevar mis papeles a la UdG para que cuando se abra ese programa me consideren como maestra. Puedo empezar así. Y después, quién sabe... ¿el Fondo Editorial...? ¿Proyectos nuevos...?

Hice una llamada telefónica a Recursos Humanos, expuse mis dudas y me dijeron dónde había que acudir. El siguiente día libre me presenté, carpeta en mano, en el edificio a donde me habían dirigido (la Universidad no tiene un ünico campus, sino que está dividida por toda la ciudad). Me dijeron que fuera primero a un piso, donde no entendieron de qué les estaba hablando; y luego a otro, donde se preguntaron quién había sido la persona que me había mandado para allá. Les mencioné el comunicado del rector, pero no sabían nada al respecto. ¿Clases bilingües? Me dijeron que me presentara en la rectoría; eso hice. Nada. De la rectoría me enviaron al primer edificio, pero a otras oficinas. Eso sí; todas las personas con las que traté fueron extremadamente amables y se nota que trataron de ayudar. Lo malo es que no lo lograron.

En las nuevas oficinas, me dieron otra dirección donde había que ir; era una dependencia que quedaba tan cerca de mi punto de partida, que no pude sino pensar que lo único logrado con la vuelta en círculos fue mermar mi presupuesto para transporte. Pero la dependencia nueva, vaya, se veía esperanzadora. La persona a cargo de la dirección platicó conmigo, y me dijo que si me interesaba dar clases de inglés.

- No de inglés - respondí, porque eso no me gusta y no me sale bien -; en inglés - y le comenté lo que había dicho el rector.

La persona sonrió con mucha dulzura (la amabilidad seguía a todo lo que daba), levantó la mirada al cielo y respondió:

- Ah, eso... Ésos son sueños guajiros del rector; la mayoría de nuestros alumnos ni siquiera sabe pegar una palabra con otra en inglés, ¿cómo espera que puedan llevar una clase completa...?

En español mexicano, un “sueño guajiro” es como un “fat chance” en inglés; la expresión se refiere a algo demasiado difícil, imposible, irrealizable.

Salí de las oficinas con mi carpeta cubierta de sudor, y el corazón envuelto en una tristeza profundísima, pesada, intolerable, de ésas que hacen que a uno le den ganas de morirse. Morirse de tristeza, creo yo, es más común que morirse por conspiraciones, pero la primera clase (que a veces es, incluso, espiritual) no vende tantos periódicos. A ver qué dicen del caso de Briseño.
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